¡Yo vengo de los bancos!

Y me puse a pensar de dónde coño llegué, con tantos tanos y gallegos en el árbol familiar, algún francés, un turco y sangre mestiza por todos lados por aquello de los pecados de la carne de mis queridos antepasados.

Gracias, presidente, por animarnos la tarde, ya aburre mucho aquello de los médicos y las cuarentenas, hospitales, muertos y vacunas.

Justo venía de estar con Carlos, que enterró a la hermana el viernes, su hijo zafó del bicho y me decía que "en el hospital es otra cosa que en la tele, esto es una guerra y mueren como moscas, entran ambulancias, salen cadáveres, no podés ver a los tuyos".

Menos mal que dejamos en los columpios de la plaza a la pandemia news y nos pudimos fugar al pasado, lo que cabe cuando los cambios prometen o fulminan, como advirtió Víctor Hugo en el Prefacio a Cromwell.

Lindo ejercicio para la heráldica orgullosa, eso de preguntarse por los "abuelos caras de sepia". Como nacido y criado en Cuyo, antes del tren teníamos más que ver con Chile. Por ahí nos entró la espada y el jamón ibérico. Tenemos más raíces viejas en el Oeste que en el blondo puerto. Por eso, las fotos de las élites decimonónicas del interior ruta 40 brillan por su morochez, por decirlo de alguna manera que no ofenda al Inadi. Después, hablando de la gente que uno más trata, la cosa se aclaró con la llegada de más rubios y castaños a esta parte de la América tostada.

(Aclaración: Este párrafo, y toda la nota, admite la libre traducción al lenguaje inclusivo).

No se olvide de que los 40, esto le gustará al lector peronista, les devolvimos atenciones en el trasvase y la Reina del Plata se pobló de "cabecitas negras", con el "aluvión zoológico" que denostaban los pitucos.

Gracias Alberto por traernos a Octavio Paz y a Lito Nebbia y por devolver a la Argentina a las tapas de los diarios con el sencillo recurso de un puñado de palabras.

No se preocupe Su Excelentísimo: la ciencia le da la razón, somos un país europeo, de indianos dirían en Cuba. Fernández es el cuarto apellido más frecuente de estas pampas (uno de cada 116 argentinos), en cambio Quispe lo es en el Perú -tan noticia esta semana- y Mamaní en Bolivia. "Pues que lleva usted muchísima razón", le habrá dicho Pedro Sánchez sin barbijo.

Y, por favor, ­réstele importancia a los eternos celos latinoamericanos! Ellos nunca nos quisieron. Con sólo respirar se dan cuenta de que somos argentinos. Están los que todavía nos envidian; por ahí no escucharon que estamos en el horno o porque en esta inmensidad continental vamos de las guatemalas a las guatepeores.

­Viva la Europa que corre por nuestras venas y el protector 50 que protege nuestras pecas!

"¿Tú también vienes de los barcos?", me pregunta divertido mi amigo Christian, desde Santiago.

- Yo ahorita de los bancos, le digo. De tapar agujeros para llegar a fin de mes, de atajar penales y tiritos a quemarropa con o sin barreras, como hace décadas en la Argentina ubérrima.

Gracias mil, de nuevo. La pucha, con tanto presente me estaba olvidando nuestros gloriosos pasados pluscuamperfectos. Genial estuvo Presi, lo felicito.

 

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