Santos Vergara lanzó un libro autobiográfico

Un nuevo libro se suma al repertorio literario de Santos Vergara: "Descolgadas del muro - Crónicas de la vida y otras cuestiones" es la primera obra que recoge pasajes de la vida personal del autor oranense.

Es un volumen de 330 páginas, ilustrado con fotografías del propio autor, con prólogo de Carlos Müller, escritor salteño, y Susana Quiroga, escritora y periodista jujeña.

Según escribe Vergara, "se entrecruzan en este libro dos líneas temáticas. Por un lado, el relato emocionado de los momentos clave en la trayectoria del escritor oranense y, por el otro, una serie de interesantes testimonios sobre el movimiento cultural del norte argentino. Son crónicas breves, ricas en referencias, publicadas inicialmente por su autor en el Facebook y que ahora, reunidas en rigurosa selección, alcanzan su primera edición de papel".

El flamante libro ya se encuentra en librerías de la ciudad de Orán y son numerosos los lectores que fueron a buscar su ejemplar.

Una historia de superación

El profesor Santos Vergara (65), el maestro de las letras, a lo largo de su trayectoria le dedicó cientos de versos a Orán, pasó de ser un joven sin estudios, a convertirse en un especialista en el arte literario. Considerado uno de los más trascendentes impulsores culturales de la ciudad del trópico.

Vivió una particular historia, aprendió a leer y a escribir a los 15 años, "éramos muy pobres, en la miseria", describe con crudeza.

En ese contexto se desarrolló, vendiendo en la calle, para colaborar con los gastos de la casa. "Vivía con mi padrastro (don Jaime) porque mi mamá (Emiteria Tejerina) había fallecido cuando yo tenía 5 años".

Con todas esas dificultades fue creciendo, con momentos en los que pretendía ser feliz y otros momentos en los que pasaban hambre. De pequeño ya era curioso, inquieto, le gustaba dibujar historietas y hacer esculturas. "Yo creo que se nace artista, aunque se debe trabajar para desarrollar la creatividad, pero la sensibilidad tiene que estar", sostiene Santos.

Vendió diarios, empanadas, humitas, lustró botas, hasta que un día se escapó de Orán, en busca de un futuro en la capital salteña.

Fue toda una experiencia: a veces dormía bajo un puente, y a veces donde lo albergaban. Así fue cuando a los 14 años sintió que su vida debía cambiar, se dio cuenta de su vulnerabilidad "quería leer".

A los 15 años ya tenía su propio rancho, como lo describe él: "Me hice un ranchito, humilde y vivía mucho tiempo en la calle". No saber leer ni escribir, hizo que se proponga nuevos desafíos. Cuando conoció a Silvia Salinas, una maestra que le habló del sistema de educación para adultos, empezó a descubrir el arte de la palabra, eso cambió su vida para siempre.

 

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