Clientelismo o democracia

El deterioro de la República Argentina es una verdad incontrastable. Abarca lo institucional, social, gubernamental y, en general, la calidad de vida.

No se trata de un proceso nuevo ni una tendencia reciente. Viene de un discurso contradictorio y faccioso instalado en las dos primeras décadas del siglo XXI.

El sometimiento de todos los poderes al Ejecutivo, "inducirlos a alinearse", solo sirve para una mayor acumulación de poder en manos de un grupo que apunta a ejercerlo de forma concentrada y autoritaria, eso no es una república democrática.

Los avances sobre el Poder Legislativo son evidentes, algunos, y otros más elaborados o solapados disfrazados con una legitimidad aparente.

Es conocido por todos que las provincias, normalmente, se encuentran en apuros financieros ya sea por decisiones propias (exceso en los gastos) o males nacionales (inflación, creación de impuestos no coparticipables). De ese modo están vulnerables a las presiones de la administración central que condiciona la asistencia a fin de que sus representantes legislativos "acompañen" con su voto leyes que a la larga incrementan las dificultades en las provincias y, por supuesto, aumentan la dependencia del Gobierno central. El Gobierno provincial hace lo mismo con los intendentes para "persuadir" a los legisladores de los distintos departamentos.

Con la justicia pasa lo mismo. Una etapa (nacional) empezó con la separación de la corte de "mayoría automática" para instalar jueces en el alto tribunal con una clara inclinación hacia el alineamiento con el Ejecutivo. A esto se sumó la designación de gran cantidad de jueces inferiores integrados a lo que llaman "justicia legítima", que de legítima tiene poco y de militante mucho.

Esa manera de gobernar, para concentrar el poder, no redunda en ningún beneficio para los argentinos, todo lo contrario, se va formando un sistema en el cual nuestras libertades empiezan a ser objeto de recortes que rozan lo irracional.

El 14 de julio recordamos un aniversario más de la toma de la Bastilla, en 1789, un hito importantísimo del proceso que se denomina Revolución Francesa.

Bajo la divisa "libertad, igualdad y fraternidad", es una piedra angular de el concepto de república democrática moderna, vigente en la mayoría de las naciones occidentales. De hecho, la República Argentina ha adoptado esta forma de gobierno que hoy se ve amenazada por las ansias de poder del régimen actual.

Sin libertad no hay república y necesitamos la república para defender nuestras libertades. Las formas modernas de limitar o actuar sobre nuestras libertades adquieren diversas formas, la mayoría vienen enmascaradas como "mejoras" en el funcionamiento institucional, pero terminan ocasionando efectos totalmente contrarios a lo que se pregona.

Un ejemplo es el uso de la ayuda alimentaria como medio para cautivar el voto del electorado que se encuentra bajo la línea de pobreza. Es verdad y lo podemos ver a diario en esta etapa de campaña electoral que vivimos.

Ya sea que un candidato haga un tour solidario por comedores o barrios carenciados o que autoridades del área de acción social lo hagan bajo el lema "gobierno presente", la ayuda alimentaria llega a los necesitados no como una obligación estatal de atender la necesidad real y presente de más del 40% de la población en la actualidad, llega disfrazado de ayuda fruto de la "sensibilidad" o "solidaridad" de esas personas que le dejan el mensaje "esto es gracias a mi generosidad y por ello votarme significará que pueda seguir ayudando" o que si votas contra el gobierno ya no tendrás la ayuda del ministerio.

 

El clientelismo es una forma explícita de degradación política y moral. Es una estrategia ruin para limitar la libertad de elegir bajo la amenaza velada de que la ayuda alimentaria puede desaparecer.

­­Acabemos ya con esta farsa!!

La ayuda alimentaria es un derecho de la población en problemas y el estado provincial y nacional tiene a cargo hacerlo efectivo, por ello se destinan cuantiosas sumas de dinero del presupuesto a atender la necesidad de los más pobres, el proceso de ayuda estatal debe estar desprovisto de signos partidarios.

Otro mecanismo conocido que limita el ejercicio pleno de la libertad ciudadana son las acciones de desinformación desde el poder. Es una herramienta utilizada con intensidad por los gobiernos para abortar ideas y neutralizar las críticas. Este modus operandi legitimado por instrumentos legislativos, en algunas de sus modalidades, constituye una practica conocida y generalizada en los gobiernos débiles en ideas y realizaciones que quieren inclinar la balanza electoral a su favor usando recursos del estado. La discrecionalidad en la asignación de la publicidad oficial es una de las formas y constituye un elemento de presión sobre muchos medios, no todos.

Por suerte existen empresas propietarias de medios de comunicación que no ceden ante este tipo de acciones de presión, mantienen su dignidad en defensa del derecho a ser informados por parte de los contribuyentes.

Por otro lado, a las personas que reclamamos y denunciamos estos atropellos nos llaman peyorativamente "denunciadores seriales", las denuncias las hacemos para lograr la interrupción, investigación, juzgamiento y condena de los responsables de la violación de la ley. A ellos les digo que si no quieren denuncias, ­prueben con no robar!

Y para finalizar algo de antología sucede en esta Argentina devastada por la pandemia y los gobiernos de ineptos. Mientras hay problemas por falta de vacunas, falta de inversión en el área de salud para atender la demanda creciente de la población vulnerable, falta de infraestructura para el desarrollo y otras carencias importantes, el gobierno ha decidido comprar "penes de madera"…. Inexplicable

El cambio es posible y está al alcance de nosotros comenzar a realizarlo, juntos tenemos una oportunidad para llevarlo adelante en las próximas elecciones. No depende de los políticos, sino de la ciudadanía.

 

 

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