Con el retorno del tren urbano, la zona de la estación genera añoranza

La ciudad de Salta cuenta con rincones impregnados de historia. Uno de ellos es la zona de la estación de trenes. Una fotografía de la esquina de Balcarce y Ameghino, tomada a fines de la década de 1970 seguramente removerá en la memoria de muchos lectores innumerables recuerdos. Con el retorno del tren urbano, que une General Güemes con la ciudad de Salta y Campo Quijano, renacen las añoranzas.
Las nuevas generaciones tal vez crean que el movimiento en el lugar data de los últimos años; sin embargo resulta importante resaltar que desde fines del siglo XIX, la zona de la Balcarce se caracterizó por una intensa actividad comercial generada, entre otras cosas, por el ferrocarril Central Norte primero y por el General Belgrano después de 1947. 

Cocheros, tiendas, hoteles, vendedores ambulantes, comedores, cafés, revisterías, casas de fotografía, peluquerías, cine, panaderías, farmacias y ferreterías, entre otros negocios poblaban el lugar. La zona comercial se extendía hasta Balcarce y Entre Ríos. De acuerdo a los testimonios de vecinos memoriosos, en la Balcarce y Rivadavia se encontraba el edificio del frigorífico Balcarce y también el del Molino Lahite.
Se registró luego un paréntesis con el decrecimiento de la actividad ferroviaria, que comenzó a gestarse a mediados de los 60 y que alcanzó su pico en los 90, cuando el movimiento en el lugar fue progresivamente desapareciendo. 

Solo quedaron locales vacíos, casas desocupadas y el recuerdo de lo que fue alguna vez el ese bulliciosos rincón de la ciudad, cercano a la estación. 
Pero con la fama alcanzada por el Tren a las Nubes y la llegada del nuevo milenio renació la ‘vida’ en la Balcarce, esta vez de la mano de peñas folclóricas, a las que luego se sumaron la gastronomía regional, las artesanías y finalmente boliches bailables hasta hace poco tiempo, en que fueron erradicados. La pandemia también significó un parate. Pero poco a poco se va poniendo nuevamante en movimiento junto a la actividad ferroviaria.

Negocios emblemáticos

En la década de 1970 aún mantenían sus puertas abiertas el hotel Colón, de don Manuel Cruz; el residencial Palermo, la tiendas San Jorge y Tel Aviv y Buenos Aires, la zapatillería El Trencito, la agencia El Chaqueño, el Bar Madrid, de Ramsy Cafrune; en este reducto se vivió a pleno el folclore, consagrados conjuntos se fundaron bajo esta cuatro paredes, como Los Cantores del Alba, Las Voces del Huayra, entre otros. Allí, también es escucharon los primeros acordes del recordado Jorge Cafrune.
Un poco más hacia el centro en la esquina de Balcarce y Entre Ríos, el kiosquito de Madera enclavado en la vereda de la escuela normal, parada obligada de los chicos que concurrían a ese establecimiento y a otros cercanos, como el Belgrano y la Jacoba Saravia

En ese misma cuadra, pero en Balcarce esquina Alsina, se encontraba la pinturería Martel y algunos metros antes, una distribuidora de máquinas Sthil y un residencial. En diagonal, el Sindicato Unido de Trabajadores de la Industria de Aguas Gaseosas y Afines (SUTIAGA) tenía su sede. Allí se realizaban actividades recreativas y deportivas, como patín artístico. En dirección a la estación, sobre la misma mano estaba el Cine Balcarce que luego de su esplendor, cayó en el olvido y el abandono. 

Por Balcarce y Ameghino circulaban por aquellos años los “viboreros” y los ómnibus de las empresas El Cóndor COTAS; y a la vuelta, en Ameghino y Mitre, estaba la panadería La Unión, por entonces la más grande del norte argentino. Hasta la segunda mitad de los años 70 circuló el tren de pasajeros procedente de Campo Quijano y General Güemes. También hasta la misma época se ofreció el servicio a Jujuy y Tucumán. El tren a Alemanía dejó de funcionar en 1969. En los últimos días, el gobernador Gustavo Sáenz anunció que se trabajará para intentar refuncionalizarlo. A la Estación, también llegaban formaciones desde Retiro, Buenos Aires, hasta la década menemista.

 

Comercios e instituciones memorables

Un histórico vecino de la zona, el peluquero Ramón Romero recordó tiempo atrás: “Antes de Martel, en ese edificio estaba la Tienda el Chaqueño, más adelante la librería Cebrián y la farmacia San Carlos, en Necochea y Balcarce. También, la memorable revistaría Fuelle y la peluquería de Mancuso”.
Romero detalló además: “En la década del 50, antes que se construyera la escuela San Martín estaba allí una cancha de fútbol a la que íbamos a jugar todos los chicos de la zona. Era también una zona de molinos harineros. Otro local importante en la zona de la estación era el famoso “Luna Park Salteño”, donde todos los viernes había boxeo. Estaba en 20 de Febrero a mano derecha, fue antes de que surgiera el Salta Club. Grandes campeones pasaron por el mencionado cuadrilátero, era una cita obligada del viernes para los amantes de los puños. Varios títulos se cristalizaron en ese lugar deportivo.

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