Ángel: el recuerdo de la familia más prolífica de los inmigrantes sirios

 La foto no hace más que evocar el Tartagal de aquellas primeras décadas del Siglo XX, cuando esta comunidad del norte salteño era solo un manojo de familias de criollos y de inmigrantes que habían llegado con la firme convicción de poblarla y dedicarse a la explotación de las riquezas naturales de aquel entonces, que no eran precisamente el gas o el petróleo como lo fue décadas más tarde , sino la riqueza forestal y el comercio de frontera.
Visto desde ahora el Tartagal de aquellos años debió ser casi una postal; las calles de tierra, árboles por todos lados, el agua solo provista por una acequia que bajaba del río Tartagal y recorría sus primeras calles, las casas en su gran mayoría de maderas o de adobe y algunos almacenes de ramos generales donde se encontraba desde alimentos, artículos de limpieza y prendas de vestir, hasta herramientas para trabajar la tierra. Todo ese modesto caserío rodeado por un monte frondoso, difícil de dominar. 
Claro que la realidad era bastante dura y el día a día difícil de sobrellevar. La zona no contaba con un hospital, tampoco con una ruta en condiciones que conectara el norte con el resto de la provincia y hasta cruzar el río Bermejo -a unos 100 kilómetros al sur- era toda una odisea porque todavía no existía el actual el puente carretero. La energía eléctrica era un bien demasiado escaso y seguramente las enfermedades se llevaban muchas vidas.
 
La familia más prolífica

Entre esas familias de inmigrantes llegaron a la zona los Ángel, provenientes del Medio Oriente y nacidos en la provincia de Hamas, quienes seguramente tendrían otro apellido pero que al llegar al puerto de Buenos Aires, la principal entrada al país en aquellos tiempos, fueron “rebautizados” por los encargados de migraciones, vaya a saber por qué motivos.
Lo cierto es que el primero en llegar fue Rafael Ángel -posiblemente en los últimos años del Siglo XIX- a tierras argentinas. Alrededor del año 1900 le siguió su hermano Simón. Pero al parecer Simón no se decidió a quedarse en la Argentina, llegó solo hasta Córdoba y emprendió el regreso a su tierra natal.
Unas 14 años más tarde Simón reemprendió el viaje hacia Sudamérica pero esta vez no lo hizo solo, vino con su esposa Emilia Am y dos hijas, Juana y Cecilia, que tampoco vinieron con sus padres solamente, sino también con sus esposos.
A este grupo se sumaron algunos de los hermanos de Simón. Por qué habrán tomado esa decisión de emigrar prácticamente todos al nuevo destino es un misterio, pero quizas Simón, en aquel primer viaje, vio que estaban todas las condiciones dadas para la prolífica familia, que él integraba junto a sus hermanos Rosa, Abdo, Sajde. La única que no vino fue Faride, otra de sus hermanas; no obstante con los años los hijos de ella llegaron a la Argentina para quedarse.
Mientras los dos matrimonios jóvenes de sus hijas permanecieron en Santiago del Estero, Simón y Emilia emprendían su viaje hacia el norte de Salta. En el año 1930 Simón se instaló definitivamente con su esposa en Tartagal, luego de residir tanto en Jujuy como en Santiago del Estero, dos provincias con una importante cantidad de inmigrantes sirios.
En esos destinos Simón se dedicaba al transporte, claro que no de remises ni taxis, sino de mateos, el principal medio de movilidad que se utilizaba en aquellos tiempos. De hecho los inmigrantes hicieron de todo para sobrevivir.
Pero sin duda su mayor riqueza fueron la gran cantidad de niños que junto a su esposa trajeron a este mundo, sin contar con las dos mayores con las que ya venían desde Medio Oriente. A ellas dos le siguieron Miguel, Ramona, Ignacia, Badío, Oscar, Adib, Simona, Juan, Ricardo, Olga y Eduardo, el menor de todos. Al llegar para instalarse definitivamente en Tartagal, Simón se dedicó al comercio e instaló una gran despensa en las calles 20 de Febrero y Paraguay, cuya local primero alquiló pero con los años pudo comprar. 
 

Tres sobrinos llegaron luego desde Hamas

Por tanto Faride, la joven que se quedó en Hamas, nunca conoció Argentina, tuvo tres hijos que se sumaron a la familia de Simón, ya que llegaron a nuestro país cuando su madre había fallecido. Ellos fueron Majase, Farid y Lidia.
Lógicamente, los hijos y los sobrinos de Rafael y Simón conformaron desde su llegada a tierras argentinas la familia más prolífica de Tartagal -sino de todo el norte-, sin contar con lo que sucedió después con los descendientes de ellos dos, que se siguieron multiplicando -casados con criollos, españoles, italianos, sirios o libaneses- y que hoy son poco menos que incontables.
La foto que ilustra esta crónica es de algunas de las chicas Ángel reunidas con amigas de la época en que Tartagal -como la familia Ángel- era ese puñado de hombres y mujeres dispuestos a todo para superar la adversidad y mirar más las bondades que las dificultades que este alejado lugar les ofrecía.
Todo muy distinto a la realidad actual.
 

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