La conversión de Gamarra

Enseña la historia que don Agustín Gamarra Messía nació en el Cuzco, la antigua capital incaica, un 27 de agosto de 1785, el mismo año del natalicio de Martín Miguel de Güemes. Era hijo de un escribiente español, Fernando Gamarra, y de una originaria cuzqueña llamada Josefa Petronila Messía. Estudió en el Colegio de San Buenaventura y luego cursó Cánones en el Real Colegio de Caciques San Francisco de Borja, que fue una institución educativa del Cuzco colonial, especializada en la educación de la nobleza inca. El Colegio estaba destinado a la educación de los hijos mayores de los caciques desde temprana edad con el fin de alejarlos de la supuesta “idolatría” de sus padres, integrarlos a la religión católica y a la vida hispana, para que dejaran de lado sus costumbres, ritos y mitos. Es decir, era un centro de adoctrinamiento español.
Sin embargo, Gamarra abandonó la profesión de fe religiosa y optó por la carrera militar, enrolándose en las filas realistas en 1809. Fue así que participó en diferentes campañas en el Alto Perú (actual Bolivia) a las órdenes de José Manuel de Goyeneche, Joaquín de la Pezuela, José de la Serna y finalmente de Juan Ramírez Orozco. Actuó también en la represión de los hermanos Angulo y del cacique Mateo Pumacahua, y contra las guerrillas altoperuanas de la Republiqueta de Larecaja, que dirigía el fraile tucumano Ildefonso de las Muñecas. 
Sin embargo, en ocasión de la Cuarta Invasión realista a Salta, encabezada por los generales Juan Ramírez Orozco y José de Canterac, Gamarra entró en contacto con el caudillo salteño Martín Miguel de Güemes, forjándose una amistad entre ellos, dado que Güemes lo convenció del error que significaba ser americano y combatir bajo la bandera española. Pronto la personalidad de Gamarra dio un brusco viraje, impresionado por la firmeza de las convicciones del héroe gaucho y su proyecto geopolítico confederativo. A la par que Güemes había apostado su suerte al éxito de la empresa sanmartiniana, por cuanto estaba convencido de que el Libertador liberaría definitivamente al Perú y lo integraría a los nuevos países libres de Sudamérica. Por ese entonces, Agustín Gamarra ya era teniente coronel del Ejército Real del Perú. Sin duda la descripción de Güemes sobre la personalidad de San Martín debe haber impactado fuertemente en su nuevo aliado.


Como tantos episodios extraños de la Guerra de la Independencia, alguien alertó a los jefes de Gamarra de la conspiración que este había comenzado a organizar, consistente en la deserción de al menos dos batallones completos y que se plegaran de inmediato a las huestes gauchas. El putsch había sido prolijamente diseñado y estuvo a punto de concretarse de no haber mediado esa infausta delación. El grupo de mujeres que oficiaba de informantes de Güemes, otra vez tuvo un papel relevante, por cuanto para llevar adelante la sublevación que planeaba junto a Gamarra, no había margen para cometer el más mínimo error. 
El adoctrinamiento libertario del caudillo salteño no había caído en saco roto, pues Gamarra se persuadió de que debía encolumnarse bajo el mando del general San Martín y así fue que se sumó a la causa de la independencia. El Libertador lo recibió con sumo agrado en sus filas, no sin una sentida emoción ante el reconocimiento que le profesaba Martín Güemes, que le fuera transmitido y relatado por su amigo Gamarra. Fue así que participó de dos de las expediciones del Ejército de los Andes a la Sierra Central del Perú y posteriormente en la Campaña de Ica en 1822. 
Durante la llamada Campaña de Intermedios, en 1823, fue el lugarteniente del mariscal Andrés de Santa Cruz. Con la llegada de Bolívar y el ejército colombiano fue designado jefe del Estado Mayor y tuvo una destacadísima actuación en la Batalla de Ayacucho, que puso fin a la dominación española en América del Sur. A continuación fue nombrado prefecto del Cuzco -cargo equivalente a gobernador- y jefe del Ejército del Sur. En 1828 invadió Bolivia, firmó allí el Tratado de Piquiza y fue nombrado mariscal. Bajo la presidencia del general peruano José de la Mar participó en la guerra contra la Gran Colombia, como se la denominaba en ese entonces, con el grado de comandante general del Ejército Peruano. No obstante, como era un hombre ambicioso y codiciaba el poder, derrocó a de la Mar en plena guerra. 
Asumió entonces la presidencia del Perú y acto seguido firmó la paz con la Gran Colombia, suscribiendo el Tratado de Larrea - Gual. Su primer gobierno duró de 1829 a 1833. Tuvo por objetivo principal reunificar Bolivia y Perú, anexándola a la primera. Al dejar el poder conspiró en contra del presidente electo Luis de Obregoso y debió exiliarse en Chile. Y cuando Obregoso y el mariscal Santa Cruz pactaron la realización de la Confederación Peruano Bolivana se enfrentó a ellos y fue derrotado en la Batalla de Yanacocha, en 1835. Desde su exilio chileno conspiró activamente contra la Confederación e integró junto al general chileno Manuel Bulnes la Segunda Expedición Restauradora, que triunfó en la batalla de Yungay, lo que provocó la huida de Santa Cruz y la disolución de la Confederación. Corría el año de 1839, cuando ejercía provisionalmente la presidencia del Perú, hasta que el Congreso Peruano reunido en Huancayo lo ratificó en su segundo mandato, que esta vez duró dos años. Cuando intentaba anexar Bolivia, fue derrotado y muerto en la Batalla de Ingavi, el 18 de noviembre de 1841. Hasta su último suspiro guardó un gran afecto y admiración por Martín Güemes, a quien evocaba cuando arengaba a sus tropas, recordando su valor. E íntimamente llevaba consigo la prédica americanista del líder salteño que, sin duda, fue la que lo hizo torcer su destino y llegar a sitiales que nunca hubiera imaginado.
 

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