La verdad del tomate

El tomate es uno de los alimentos más consumidos en nuestro país, por su diversidad y versatilidad. Hay muchos tipos de tomate y pueden producirse en distintas zonas climáticas gracias a las tecnologías disponibles. Esto permite que tengamos tomate durante todo el año. De acuerdo con la zona de producción, varían en tipo, sabor y hasta colores. Pero la diversidad de características ha generado dudas y preocupaciones respecto a su calidad. Por eso, quiero contar “La verdad del tomate”.

Escuchamos muchas veces que la aplicación de fitosanitarios modifica el sabor y consistencia del tomate, pero esto no es cierto. Hace años como Ing. agrónoma aprendí que el sabor depende de 5 factores: El principal es el tiempo de maduración en la planta. Es decir, cuanto más madura el tomate en la planta, más azúcares y sabor concentra. Luego le siguen la variedad o híbrido y la cantidad de exposición al sol, por ejemplo, un tomate producido en invernadero y uno producido a campo, son distintos entre sí. Los últimos dos elementos que determinan el sabor son: la fertilidad del suelo y una buena polinización del cultivo.

En lo que respecta a la consistencia interior, para que el tomate sea carnoso, tiene que estar bien polinizado. Además, cuanto mejor fertilización y riego, más carnoso será. Esto también puede cambiar según el tipo tomate. Hay más de una forma de producir el tomate. Entre ellas se encuentran: la convencional, la orgánica y la agroecológica. Cada una de ellas tiene distintas características, pero son todas complementarias. En todas se usan productos fitosanitarios, que son sustancias que protegen a los tomates de enfermedades y plagas, permiten producirlos a gran escala. La producción comercial del tomate puede ser a campo o en invernadero; y es prácticamente inviable sin fitosanitarios ni fertilizantes. Solo es posible a escala pequeña, a nivel familiar, porque no alcanza los rendimientos potenciales del cultivo.

La sanidad y seguridad de los alimentos se determina por las prácticas con las que se trabaja y no por el tipo de producción utilizado.

Esta es la verdad del tomate. La que viví en la huerta de mis padres, la que aprendí como estudiante e ingeniera agrónoma, y la que me apasionó tanto que hoy también la comparto en mis horas como docente en horticultura en la Universidad Nacional del Nordeste. Y ahora la transmito a todos ustedes para que comprendamos más sobre este alimento tan noble y cambiemos mitos por conocimiento.

Elegí el tomate que más te guste, pero que siempre sea con buenas prácticas agrícolas. Producir responsablemente genera alimentos sanos y ricos.

Sistemas productivos

Existen tres sistemas productivos: el convencional, el orgánico y el agroecológico. Cada uno de ellos tiene diversas características y potencialidades, pero son todos complementarios. En todos los tipos de producción se utilizan productos fitosanitarios que permiten producir frutas y verduras a gran escala y cuidan a los alimentos de enfermedades que puedan afectarlos.

La sanidad y seguridad de los alimentos se determina por las prácticas con las que se trabaja y no por el tipo de producción utilizado. Esto está regulado y controlado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, que aprueba los productos que se utilizan, y los organismos de bromatología que controlan el alimento en el mercado. Además, de los controles privados de las grandes cadenas de comercialización como supermercados.

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