La paciencia se agota

No fue por los porotos pero la paliza vale. Los argentinos no inventaron el dulce de leche pero sí estas primarias obligatorias urdidas por la corporación política para excluir minorías molestas. El test sirvió para decirle al Frente de Todos que se deje de embromar con su escudo de la pandemia y su filípicas anti-Macri. Con eso no alcanza para administrar esta decadencia y realizar felicidades.

Si Juntos por el Cambio, o como se llame, cree que el soberano le ha dado bula papal y amnistía por sus desaguisados 2016-2019, también se equivoca de medio a medio. Muchos de los que lo votaron, lo han hecho con el pragmatismo de quien va a la heladera escuálida y agarra lo que hay. Cristina ha hecho mutis pero de acá al 14/11 se viene lo mejor: la aplanadora peronista pondrá todo su aparato, carne al asador y mucho más dinero en la calle para apagar estos fuegos.

El diabólico culebrón que guionó la OMS para el mundo, entregó otro capítulo al Netflix criollo. Desde el recordado 20/03/2020 en el que nos mataron de miedo y encerraron a todos, el cuesta abajo ha sido demencial. Fabiola lo hizo: su happy birthday fue el revival de tantas prohibiciones y llantos que ahora pasan factura. La pornografía política no tiene límites ni horario de protección al menor. Son ellos y nosotros. Cuando te dicen "el Estado te cuida", en realidad te está devolviendo migajas de lo que te quita. Tanto te invalida que el domingo ha sido sorpresa la rebelión de los encuestados a la fuerza.

Hay dos cochinadas manifiestas, una es el no ocultarse el bienestar de la plutocracia política. Mientras cartoneros, motochorros, narcos y chatarreros te rodean la manzana. Otra chanchada es vaciarte la cabeza con mensajes banales, mientras el país y tu vida se descascaran. La Argentina que habló tímidamente el domingo (porque el voto en blanco fue suculento y superó al de la izquierda indignada y porque hay un tercio del padrón que se quedó mateando) le está diciendo a sus dirigentes que no los sienten como suyo, que no la tomen por boluda, con perdón de la palabra. A la AFIP, cuyo mensaje existencial es que de este mundo te vas con lo puesto, a menos que seas amiguete y se te perdone todo, pero todo, y a los burócratas online, entretenidos con la inclusión del LGTBIQ + y con vender y venderse una transición energética maníaca e irresponsable, entre otras chapuzas. El mensaje es sencillo e instintivo: hace falta trabajo y patriotismo, pero no el del eslogan berreta, sino las virtudes de antes que hicieron grande a este país y prósperos y cultos a sus hijos.

La Argentina paralizada y sometida a los novedosos controles digitales de múltiples app, que debutaron el año pasado, es la misma que genera una violencia moral en los no invitados a la fiesta. El voto de las PASO tiene múltiples destinatarios. Entre ellos, las burguesías miserables que buscan sombra en el alero de un nuevo país bajo el ardid de que en este modelo, imaginado por funcionarios millennials que tienen menos pavimento que muchas zonas del Conurbano. "Nosotros nos salvaremos y haremos buenos dineros", dicen, tanto para mandar a nuestros hijos al exterior.

También están los acólitos y románticos de este neokeynesianismo rumboso, cool y proclima que bendijo la Cepal con su renta básica universal y que imaginan una justicia distributiva y de bajos ingresos para todos, excepto para los que mandan y recaudan. Esto fue solo una encuesta, pero pedazo de sondeo.

El bagaje paupérrimo de la política argentina no da para buenos augurios, pero el domingo hubo un aviso y sería bueno que alguien lo registre más allá de las vendettas y de echarle la culpa al enemigo de turno. La paciencia es un recurso no renova ble.

 

 

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