Una fiesta del Milagro con esperanzas puestas en el fin de la pandemia

La celebración del Milagro tuvo ayer una jornada histórica por la excepcionalidad que impone la pandemia de la COVID-19 en todas las actividades que se realizan desde hace un año y medio. A diferencia del año pasado, cuando la mayor fiesta religiosa de la provincia tuvo que realizarse únicamente dentro de la Catedral, esta vez las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro fueron llevadas hasta el monumento 20 de Febrero para concretar el "pacto de fidelidad de Salta" con sus patronos tutelares, pero bajo protocolos que limitaron el acceso de los fieles a la procesión.

El operativo que se montó para el desarrollo de la liturgia principal que arrancó a las 15 salió a la perfección, fue puntual y no se registraron incidentes. No se puede decir lo mismo de lo que ocurrió durante la mañana de ayer, cuando hubo forcejeos y amontonamientos en los alrededores de la plaza 9 de Julio entre personas que querían llegar a la Catedral y eran retenidas por policías que debían hacer cumplir los cupos de ingreso al templo.

Por la tarde los temores por nuevos desbordes se disiparon, ya que los salteños y visitantes que participaron de la festividad no se envalentonaron hacia el centro capitalino y tampoco avanzaron (a no ser por pequeñas excepciones) fuera de los límites de capacidad de espectadores dispuestos por cada cuadra por donde iba la procesión.

Así, la Cruz Mayor, la Virgen de las Lágrimas, la Virgen y el Señor del Milagro fueron trasladados desde la explanada de la Catedral Basílica hacia el monumento solo escoltados por miembros de la Iglesia Católica, fuerzas de seguridad y un equipo de emergencia médica. Ayer no hubo la grandiosa fotografía de las cuatro imágenes del Milagro, o sea de una estela de cientos de miles de personas.

Los fieles acompañaron con barbijos, ondeando sus pañuelos y banderines desde las veredas donde podían ingresar 75 por cada lado de las cuadras.

En la plaza 9 de Julio había unas 500 personas por la tarde, que son las que les permitieron el paso en los vallados policiales instalados en distintos puntos del microcentro. De todas maneras, como no sucedió a la mañana, no fue mucha la gente que se jugó a pasar hacia el espacio verde y la mayoría que llegó a un retén no tuvo inconvenientes para atravesarlo.

El trayecto de vuelta del Señor y la Virgen del Milagro a la Catedral fue más rápido que el de ida hacia el monumento, incluso hubo menos gente que siguió por las veredas el regreso. La última parte de la ceremonia, con los claveles cayendo desde los campanarios, el repiqueteo de las campanas, el sonido de la sirena de El Tribuno y los pañuelos flameando, se pareció bastante a uno de los pedidos más repetidos por los fieles durante estos últimos días: al del fin de la pandemia.

 

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