“Lo que los demás consideraban que era maravilloso, para mí no lo era. Yo estaba pasando un infierno. Era muy infeliz y no podía hablarlo con nadie”, confesó Leonor Benedetto en la noche del sábado en PH: Podemos Hablar (Telefe), hablando de la contrariedad que le provocó haberse convertido en famosa tras su protagónico en la histórica telenovela Rosa... de lejos.

“La fama es una impostura que te pone en una prueba moral, prácticamente”, reflexionó sobre ese momento de alta exposición, en el que incluso llegó a vivir con guardaespaldas durante un año. “Es lo peor que he pasado en mi vida”, subrayó.

Pero más adelante en la noche, y a propósito de la consigna “los que conocieron el amor” en el ya célebre “punto de encuentro” que propone ciclo, Leonor retomó aquellos años para contar cual fue el escape a tanta locura.

“Con el único marido legal que tuve, tuvimos dos hijos. En ese pico enloquecedor de fama, que yo no sabía que hacer, estaba completamente convencida de que pasaban otras cosas en la vida. Y no quería vivir como una idiota, con un gordo que me protegiera. Entonces me fui a trabajar como voluntaria en Casa Cuna. Tuve que hablar con el director para establecer un límite. Y le dije: Si un día yo llego a ver un fotógrafo acá, yo me voy”, comenzó a contar la actriz.

“Un día, apareció un enanito de dos años, que había sido abandonado allí. Eso fue amor. Yo tengo esa experiencia. Cuando todo se pone así (hizo un gesto para graficar cómo se llenó su alma). Eso le pasó esencialmente a él”, recordó Leonor.

“Muy poco tiempo después, habrán sido tres semanas, porque creo que no llegamos al mes, un día le dije: ‘Me tengo que ir’. Se abrazó a la altura de mis rodillas, llorando. Y me dijo: ‘Llevame con vos’. Y yo me fui de ahí con el convencimiento de que tenía que hacer algo con ese pedido. Que no era una cosa banal. No me podía hacer la tonta”, contó ante la sorpresa del resto de los invitados: Julieta Ortega, Reynaldo Sietecase, Coki Ramírez y El Turco Naim.

“Esto fue un domingo. Al día siguiente, el lunes, me presenté ante un juez. Y le dije: ‘Ocurre esto. No me mande a la cola de adopción, porque yo no estoy buscando un niño para adoptar. Yo tengo hijos biológicos, no cumplo ninguno de los requisitos que ustedes piden. Soy actriz, o sea, no tengo un sueldo fijo. En este momento, estoy sola, estoy divorciada. Todo mal. Pero ocurre esto’”, recapituló quien volverá al teatro con Perdida Mente, obra que José María Muscari estrena esta semana.

“Y fue todo muy rápido, muy fácil. Yo a ese hombre le estaré agradecida de por vida. Fue cuando decidí irme a España. Me volví a presentar con él y me firmó que podía sacar al chico del país. En un momento difícil, porque ya sabemos lo que ocurrió con los niños robados y apropiados”, selló Leonor sobre el comienzo de la historia feliz de Marcos Benedetto, su hijo menor, que hoy tiene 36 años. “Eso es amor”, sintetizó la actriz.

“Los dos más grandes a veces se enojan, pero la verdad es que Marcos es el que más devuelve, el que tiene menos peros”, dijo Leonor y se permitió ilustrar la reconfiguración familiar con una simpática anécdota que involucra a sus otros dos hijos, María Antonieta y Nicolás Tuozzo

“Un día estábamos comiendo los cuatro. Entonces Marcos, que era muy chico, me pregunta: ‘Mamá, cuando tuviste a María Antonieta, ¿te dolió?’. ‘Sí’, le contesté. ‘Y cuando tuviste a Nicolás, ¿también te dolió?’, me volvió a preguntar. ‘Sí, también’, dije. Entonces los mira a ellos y le dice: ‘¿Vieron? Yo no la hice sufrir’”, recordó Benedetto entre risas.

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