El cuento chino del federalismo

Todos sabemos, y lo hemos escuchado hasta el cansancio, que en Argentina tenemos un régimen representativo, republicano y federal.
Y sabemos que no funciona como federal. Somos en los aspectos prácticos tanto, o más, unitarios que Chile, que se declara unitario y lo es.
En China, en Persia, Centroamérica y en los Andes a cuyos pies nos encontramos, florecieron distintas versiones de “imperio”. Y a pesar de las épocas y las distancias, compartían características similares.
En China, el cielo o la divinidad elegían a una persona o familia, que gobernaba a todo lo que estaba debajo del cielo, supuestamente para el beneficio de todos los habitantes, visión benévola del dominio imperial. En consecuencia, una autoridad así legitimada era también universal. Si el gobernante carece del mandato divino, no tiene legitimidad para gobernar ni siquiera una ciudad.

No existía la posibilidad de que exista más de un candidato con el mandato divino, y tampoco puede existir más de un estado legítimo. Y en los cuatro puntos cardinales, “todo” le pertenece al Emperador.

 Mientras tanto en Europa, de donde salían los barcos que nos poblaron (ya saben de quien viene la frase), se separaron varias naciones políticamente fragmentadas. Por supuesto esto es mucho más difícil de manejar.

Argentina está sufriendo esta reunificación, borrando los localismos o regionalismos bajo el mando de una idea política que no acepta disensos. ¿Qué podemos esperar de los legisladores del partido, que deben defender la provincia, si serán vaciados de legitimidad con el primer NO que expresen a la familia que posee el mandato divino?

No hay una autoridad presidencial, no hay una representatividad de las provincias que constituyen la Nación No hay un bienestar de una región que pueda anteponerse a la necesidad de conquistar los votos, que aquí y ahora, constituyen la legitimidad que en el imperio chino, venía del cielo. Aquí no deriva de una divinidad del cielo, sino de los intendentes del conurbano.

Estamos viviendo una reversión del mandato imperial al estilo Chino, donde todo habitante es un súbdito sometido a lo decidido por la autoridad máxima.

Por lo que vemos, el federalismo pasó de moda, podremos seguir vistiendo el poncho rojo con los listones de luto por nuestro héroe gaucho, pero sin disentir ni pretender compensar los factores que nos mantienen como una de las provincias más pobres de país, con menos de la mitad del ingreso per cápita del promedio de la Argentina.

 

 
 

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