Kazajistán, una revolución sin revolucionarios

Kazajistán, una ex república soviética de Asia Central casi desconocida por el público occidental, protagoniza un terremoto político que concita la atención internacional.

Un aumento del precio de los combustibles desencadenó una oleada de protestas multitudinarias, carente de liderazgos reconocidos, acompañadas por una escalada de actos de violencia. Para restablecer el orden, el presidente Kassim Tokáiev tuvo que aceptar la renuncia de su gabinete y recurrir a la intervención militar de Rusia, con un saldo de decenas de muertos, cientos de heridos y miles de detenidos.

La ira popular excedió el motivo originario para convertirse en una revuelta anónima contra el régimen imperante, corporizado en la figura de Nursultán Nazarbáyev, de 81 años, cuyas estatuas eran derribadas al grito de "­Viejo, vete!".

Acorralado, Tokáiev prometió abandonar el legado del viejo líder, que fue su mentor político, y diseñar un plan de reformas económicas y políticas.

Nostalgias de la URSS

Nazarbáyev asumió el poder en Kazajistán en 1984, cuando el territorio aún era parte de la Unión Soviética y permaneció en el gobierno durante 35 años. Desaparecida la URSS, ganó las elecciones presidenciales de 1991, en la que fue candidato único, luego extendió su mandato a través de un referéndum desde 1995 a 2000 y, con sucesivos cambios constitucionales, fue reelecto en 2005, 2011 y 2015, siempre con más del 80% de los votos.

En 2019 cedió la presidencia a Tokáiev, pero retuvo la jefatura del Nur Otan, el partido oficialista, y la titularidad del Consejo de Seguridad Nacional. El nuevo gobierno se estrenó obsequiándole el título de "líder de la Nación" y rebautizó a Astaná, la ciudad capital, que pasó a llamarse Nur Sultán, el nombre de pila de Narzabáyev.

La creación de Astaná, próxima a la frontera rusa, fue una de las innovaciones de Narzarbáyev, quien en 1998 refundó la pequeña ciudad de Akmola, adonde trasladó la sede gubernamental, y le impuso esa nueva denominación, que en idioma kazajo significa "ciudad capital", aunque Almaty, la antigua capital, más cercana geográficamente a China, siguió siendo el principal centro demográfico y económico.

La flamante urbe se pobló con edificios exóticos, amplias avenidas y edificios con coloridas cúpulas. Pero esa creatividad del líder no se agotó con esa transformación: en 2006 cambió la letra del himno nacional por otra de su propia autoría, y en 2018 resolvió abandonar el alfabeto cirílico y comenzar la transición hacia el latino. El culto a la personalidad se reflejó en la multitud de estatuas erigidas en su honor. En julio pasado, el director estadounidense Oliver Stone, quien ya había entrevistado entre otros a Fidel Castro y Hugo Chávez, estrenó "Qazaq, la historia del hombre dorado", una película documental de ocho horas de duración.

Con Nazarbáyev, Kazajistán pasó del socialismo a un capitalismo de Estado de tinte prebendario. El núcleo de la nueva élite económica fue la familia presidencial. Dariga Nazarbáyeva, hija mayor del líder y titular del Senado hasta 2020, tiene una de las mayores fortunas del país. Dinara Nazarbáyeva, segunda hija, tiene un patrimonio de 1.300 millones de dólares. Su marido, cuya fortuna asciende a 3.000 millones de dólares, es Timur Kulibáiev, directivo de la empresa energética rusa Gazprom y presidente de la Asociación de Organizaciones del Sector de Petróleo, Gas y Energía de Kazajistán. La hija menor, Aliya Nazarbáyeva, es productora cinematográfica, mientras que su esposo, Dimash Dosanov, es director de la mayor empresa de oleoductos de Kazajistán.

Tiempo de cambios

En términos territoriales, Kazajistán es el noveno país del mundo, con una extensión superior a la de la Unión Europea y apenas inferior a la superficie continental argentina y una población de apenas veinte millones de habitantes. Tiene las segundas reservas de petróleo de la región, detrás de Rusia y es uno de los diez mayores productores mundiales.

Posee enormes reservas de uranio, carbón, sal y también de las llamadas "tierras raras" que se utilizan en la industria informática. El giro capitalista impuesto por Nazarbáyev tras la disolución de la URSS impulsó un rápido crecimiento económico, que posibilitó que su ingreso por habitante sea hoy de 11.000 dólares. Las inversiones de las firmas petroleras occidentales, entre ellas Chevron, Shell, Exxon y Agip, fueron la locomotora de ese despegue.

Pero en los últimos tiempos Kazajistán añadió un motivo adicional de atracción internacional. Decenas de compañías chinas de Internet establecieron "granjas mineras" de criptomonedas en territorio kazajo. El 18% de esas "granjas " están en Kazajistán, el segundo país del mundo en la materia, detrás de Estados Unidos, que tiene un 35%.

Esta actividad consume un 8% del total de la energía kazaja y es una fuente adicional de divisas. La crisis política golpeó la cotización del bitcoin y sus alcances llegan hasta Centroamérica: Bitfinex Securities, la firma que está detrás de la adopción del bitcoin como medio de pago en El Salvador y la financiación de las inversiones para la construcción del "Bitcoin City" en el país centroamericano, tiene asiento en Kazajistán.

Con un territorio enclavado entre Rusia y China, Nazarbáyev mantuvo una política de cooperación con sus vecinos, pero sin dejar de tejer lazos económicos con Estados Unidos y Europa Occidental. Una de las razones para trasladar la capital fue la intención de alejarse del gigante chino y, a la vez, "colonizar" con kazajos la región septentrional del país, que, al igual que las otras repúblicas soviéticas, José Stalin había ocupado con rusos para romper la homogeneidad étnica de sus poblaciones. Pero históricamente los kazajos tienen un vínculo estructural con Moscú. La mayoría de su población es islámica y recela de China por su persecución a la minoría musulmana de la provincia de Xinjiang.

Kazajistán integra la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), liderada por Rusia e integrada por otros cinco ex estados soviéticos. Vladimir Putin considera a este vecino asiático como parte de su “esfera de influencia” y Tokaiév buscará su respaldo para liberarse de la tutela de su predecesor y promover una progresiva liberalización política.

En sus últimas declaraciones públicas, Tokaiév cuestionó el sistema construido por su antecesor. Afirmó que “las grandes empresas disfrutan de privilegios especiales, eliminan la competencia y obstaculizan la implementación de reformas”. A modo de ejemplo, señaló que el Banco de Desarrollo, “se ha convertido en un banco personal para un círculo selecto de personas que representan a grupos financieros, industriales y de la construcción”. 

Para fundamentar estas sorpresivas ínfulas reformistas expresó que “ha llegado el momento de la transformación de las relaciones entre el Estado y la sociedad. Necesitamos un nuevo formato de contrato social”.

En un escenario en que la oposición tradicional, implacablemente perseguida por Nazarbáyev, carece virtualmente de presencia pública y los grupos fundamentalistas islámicos son desarticulados por las fuerzas de seguridad, Kazajistán atraviesa la paradoja de una revolución sin revolucionarios. 

Para bien o para mal, el diseño y la implementación de las reformas estarán a cargo del propio Tokaiév. La reivindicación popular más concreta surgida de la rebelión es la elección popular de las autoridades locales, hasta ahora monopolizada por el poder central. Esa demanda emerge hoy como la única alternativa aperturista viable en una nación que jamás en toda su larga historia vivió algo parecido a una democracia.

 * Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

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