Es la política, muchachos

El prestigioso economista estadounidense Jeffrey Sachs, conocido por su trabajo sobre desarrollo sustentable y su lucha contra la pobreza, en su carácter de director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, analizó el escenario financiero internacional pronosticando un período de estanflación (inflación con recesión), definiéndola como la peor situación desde la Segunda Guerra Mundial, y habló de la situación de Argentina con un duro comentario, en una de las Jornadas Monetarias y Bancarias que cada año organiza el Banco Central.

"Nadie confía en Argentina", fueron sus primeras palabras, para aclarar que la Argentina no tiene pésimos fundamentos, pero le falta la confianza de los mercados financieros; el problema del país es la reputación que supo forjarse, no su realidad, aclarando que si se comparasen los balances fiscales de Argentina y los Estados Unidos, preferiría tener el de Argentina, con menores deudas y déficits más bajos, pero el hecho es que nadie confía en el país: si de los balances se sacara el nombre Argentina, nadie, ningún inversor estaría muy preocupado.

El país tiene mala reputación y no puede recibir un préstamo, entonces se desprestigia aún más, porque no puede refinanciar sistemáticamente sus deudas. Eso es una crisis financiera autocumplida.

Haciendo referencia a la situación internacional, explicó que el sistema financiero internacional tiene que afrontar un fracaso profundo del mercado, y no es normal, porque nuestras instituciones no abordan este tipo de pánico financiero, calificando de "cuestionable" el rol de los Estados Unidos, entre otros países desarrollados, para sostener la salud de la macroeconomía internacional

Ya cerrando su exposición dijo: "La crisis es severa y posiblemente empeore en el corto plazo, y la razón es que estamos enfrentando un conjunto de disrupciones que el sistema financiero internacional debería abordar, y es necesaria la cooperación de todos los países centrales para resolver estos problemas globales".

Temas que no dejan de ser de actualidad y por supuesto cuando escuchamos que la inflación no solo es un fenómeno de Argentina sino que puede transformarse en mundial, es que se deberán plantear estos problemas en el marco de reuniones con países como el G20 y otros organismos internacionales.

Ante este diagnóstico, y volviendo a la lucha contra la inflación en nuestro país, observamos que con el endurecimiento de las políticas fiscal y monetaria, la caída de los salarios reales en varios sectores relevantes, se está logrando estabilizar la economía y con estas recetas la actividad se va enfriando de a poco, disminuyendo el crecimiento estimado para este año, ya que las correcciones en la macroeconomía para evitar una devaluación mucho más alta que la actual y la falta de dólares se verán reflejadas por los cepos y entre otros ajustes en la reducción de importaciones de insumos para la producción, cuyas consecuencias son disminución de ventas y recaudación impositiva (recesión), mayor desocupación y pobreza, con un alto costo político y social.

Recordemos que el Presupuesto 2023 estima una inflación para todo el año del 60%, cifra que el ministro Sergio Massa defiende, estimando que para el próximo otoño bajaría hasta llegar a un promedio del 3% mensual.

Según estimaciones de varios economistas, estas proyecciones no son tan optimistas; sin ir más lejos para este año en noviembre la inflación será del 6,3% y diciembre 6,5%, con estos dos números estimados el índice de precios cerrara con una suba del 100% y el arrastre se verá reflejado durante el próximo año.

Para el 2023 con la inflación nos irá igual que este año. Existen razones que explican esta afirmación: la devaluación del dólar oficial se hará a un ritmo del 6,5% mensual (si es que no hay una política de shock), la recomposición salarial que contempla aumentos el próximo año siguiendo a la inflación, el ajuste y el sinceramiento de tarifas, especialmente a la energía y el transporte público, y un déficit fiscal alto por las elecciones presidenciales, no encontramos razones para creer que la inflación disminuya con respecto a este año.

Diciembre y enero son meses que mostrarán un aumento significativo de precios por la fuerte suba por las vacaciones de verano, acompañado del incremento de las tarifas de hoteles y restaurantes, y en marzo observaremos la suba por los gastos en educación y colegios.

Para alcanzar una inflación del 60% durante el próximo año Massa tiene la certeza de que habrá que bajar los precios en la economía y, para eso, coordinar las cuentas del Estado, proponerse acumular reservas en el BCRA, alinear las tasas de interés y recorrer un planteo de acuerdo y buen uso de los instrumentos económicos para mejores ofertas para el consumidor.

Intentos como el acuerdo de precios, la política fiscal y las tasas de interés consideradas las más relevantes y, a su vez, las que están más flojas en esta lucha contra la inflación, podrían lograr que la inflación baje en algún mes, pero consolidar una baja en forma sostenida será muy difícil.

Más allá de que estas recetas sirvan en sí mismas para bajar y controlar la inflación, el escenario nos demuestra que la política no acompañará estas propuestas, y mucho menos en un año electoral.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...