Cayó una joven de la banda de estafadores

Una joven de 26 años del barrio Aráoz quedó detenida en un operativo que realizaron los investigadores del CIF.

En el marco de una investigación que lleva adelante la fiscal de la Unidad de Delitos Económicos Complejos, Ana Inés Salinas Odorisio, por estafas con materiales de construcción en Salta, cayó una implicada.

Con el procedimiento los tres miembros de la organización delictiva ya se encuentran apresados.

El viernes pasado, personal del CIF realizó cuatro allanamientos en la provincia de Mendoza, uno en una celda en la unidad carcelaria Alma Fuerte III y los otros tres en domicilios particulares, logrando la detención de dos hombres y secuestrando elementos de interés para la causa.

Hoy, una comisión del Cuerpo de Investigadores del CIF viajará a Mendoza para trasladar a uno de los detenidos a Salta. Se espera que el Servicio Penitenciario de esa provincia haga lo mismo con el hombre que actuaba desde la celda del penal Alma Fuerte III, a fin de que sean imputados.

La causa

La intervención de la UDEC se inició el 18 de enero de 2022, cuando un hombre radicó una denuncia por estafas con materiales de construcción a través de redes sociales.

Los investigadores del CIF pudieron establecer que la estafa se realizó bajo la modalidad Vishing -término que combina las palabras en inglés "voice" y "phishing"-, que es un fraude basado en la ingeniería social y en la suplantación de identidad que se realiza a través de llamadas telefónicas, donde el atacante suplanta la identidad de una empresa, organización o incluso de una persona de confianza, con el fin de obtener información personal de sus víctimas.

En este caso, un recluso de la cárcel de Mendoza había suplantado la identidad de un corralón en el site Marketplace de Facebook. Desde el falso perfil, ofrecía materiales de construcción a menor precio.

Las víctimas le pasaban el listado de materiales que necesitaban para su obra. Previo a la entrega, el hombre les ofrecía un descuento del 40% si pagaban vía transferencia bancaria, a lo que los compradores accedían.

En paralelo, el suplantador de identidad se comunicaba con un corralón verdadero y realizaba el pedido de la víctima, indicando el lugar y fecha de entrega de los materiales. Al llegar el pedido a la obra y previo a la descarga de los elementos, el corralón solicitaba el pago, a lo que la víctima respondía que ya había abonado por transferencia bancaria.

 

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