Histórico momento se vivió en el Predio del Martirio

En la jornada de ayer el cardenal Macello Semeraro llegó a la localidad de Pichanal puntualmente para recorrer el predio del martirio, también conocido por el predio de los Mártires del Zenta.

En el lugar fue recibido al ritmo del pim pim por cientos de niños y por la comunidad que no perdió la oportunidad de compartir un momento histórico e inolvidable junto al enviado del Papa. Posteriormente el intendente de Pichanal, Dr. Sebastián Domínguez, le entregó una placa nombrándolo Ciudadano Ilustre.

 

 

 

 

Cerca del mediodía, en la Casa del Bicentenario en la ciudad de Orán, el intendente Pablo González lo nombró Visitante Ilustre de la ciudad norteña.

"Estoy conmovido y emocionado de recibir al cardenal Marcello en nuestra ciudad, es un hecho histórico y de fe, somos privilegiados", expresó González.

En la oportunidad, vecinos de la comunidad colla Tinkunaku aprovecharon la oportunidad para entregarle presentes de la zona.

El cardenal Semeraro se expresó en italiano, mientras el obispo de la diócesis, Luis Scozzina, la gratitud por la acogida, por la calidez que recibió, tanto en Orán como en el predio de los Mártires en Pichanal.

"La sangre de los mártires es semilla de cristianos y, ustedes pueblo de Orán, son hijos de estas semillas. Ojalá ellos nos ayuden a crecer en identidad humana, cristiana de este pueblo y comunidad", dijo.

Para finalizar, recordó un proverbio latino que resulta aleccionador: "La historia es maestra de la vida".

Beatificación de los mártires

El presbítero salteño Javier María Llorente explicó qué es un mártir: "La palabra mártir proviene del griego y significa testigo. El Catecismo de la Iglesia enseña que "el deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cfr. Mt 18, 16)".

El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte.

En esta época la Iglesia y el mundo necesitan muchos testigos que con su ejemplo y con sus palabras muestren a Jesucristo. La beatificación de los Mártires del Zenta nos recuerda que la necesidad del testimonio cristiano sigue siendo de enorme actualidad.

No debemos pensar que es mártir exclusivamente quien recibe la muerte por la fe, de mano de los enemigos de Dios, sino también el que sabe morir a sus pasiones y egoísmos sirviendo a la Iglesia y a las almas, y envejece sonriendo, y pasa inadvertido... un martirio sin espectáculo que quizá es más heroico y es el que podemos y debemos vivir los cristianos cada día. (Cfr. San Josemaría E, Vía Crucis VII,4).

Pero, ¿quiénes son los Mártires del Zenta? Fue un grupo de cristianos asesinados en su afán de acercar a la fe a los nativos del Valle del Zenta.

De estos solo se conocen los nombres del sacerdote jujeño Pedro Ortiz de Zárate y del jesuita de Cerdeña, Juan Antonio Solina. Del resto solo se sabe que había un cacique llamado Jacinto, 2 españoles, un negro, un mulato, una mujer indígena, 2 niñas y 16 indios".

La historia del martirio

El presbítero Llorente destaca que “en su deseo de llevar el Evangelio a los nativos de los valles orientales, don Pedro y el padre Juan Antonio Solinas solicitaron la colaboración de otro misionero jesuita y sin demora se dirigieron a esta región. 
En octubre de 1683, los dos sacerdotes y algunos acompañantes: dos españoles, un mulato, un negro, una mujer indígena, dos niñas y dieciséis indios, estaban en su capillita en medio de una pradera rodeada de bosques, en las cercanías del río Bermejo y del río Santa María, esperando una caravana que traía provisiones desde Salta. Entonces se presentaron 500 indios o más con armas y pinturas. Unos 150 eran Tobas, el resto eran guerreros motovíes con 5 caciques. No había entre ellos niños ni mujeres. Durante unos días les rodearon. La mañana del 27 de octubre de 1683 los sacerdotes oraron y celebraron misa. Por la tarde, los indios, al parecer azuzados por hechiceros, arremetieron con flechas, lanzas, garrotes y macanas, contra los misioneros y todos sus acompañantes. Los mataron, los desnudaron y les clavaron una flecha a cada uno, ya muertos, y les cortaron a todos la cabeza     para llevárselas”. 

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