El ala kirchnerista presionó con fuertes cuestionamientos

Los cuestionamientos del kirchnerismo al saliente ministro de Economía, Martín Guzmán, comenzaron a gestarse en el tramo final de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se acentuaron luego de la firma del acuerdo cuando el ahora exfuncionario puso en práctica una serie de medidas para cumplir las metas firmadas.

Los términos del programa de Facilidades Extendidas suscripto y las condicionalidades que imponía en materia de déficit fiscal y de manejo de la política monetaria y cambiaria nunca fueron digeridos por el sector que responde a la vicepresidenta Cristina Kirchner, quien desde el primer instante lanzó críticas impiadosas.

Los primeros enfrentamientos salieron a la luz cuando en enero Guzmán convocó a la Casa de Gobierno a los gobernadores para explicarles por qué se demoraba la firma del convenio. Luego de las explicaciones de Guzmán, que fueron respaldadas por el presidente Alberto Fernández, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, lo cruzó al pedir revisar la estrategia de negociación: "Un crédito excepcional, fallido y fracasado, una bomba atómica, necesita soluciones excepcionales", dijo, cacheteando la exposición del ministro.

Las tarifas y Basualdo

El sendero de reducción del desequilibrio fiscal imponía una corrección de las tarifas energéticas y allí surgió el cruce con el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo. Guzmán pretendía un esquema más horizontal y de segmentación por ingresos, mientras que Basualdo lanzó una iniciativa con foco en la geolocalización.

Durante las audiencias públicas que definieron los nuevos cuadros tarifarios que comenzaron a regir a partir de este viernes funcionarios que exponían por parte de la Secretaría de Energía fustigaban la visión del ahora exministro.

Otra polémica fuerte fue con Roberto Feletti, cuando este estaba al frente de la Secretaría de Comercio. Feletti le reclamó a Guzmán un aumento de las retenciones al agro como método para "desenganchar" el aumento de precios de las materias primas a nivel internacional de las locales.

Esa batalla terminó a favor de Guzmán ya que a las pocas semanas Feletti renunció y Economía absorbió la Secretaría de Comercio que quedó en manos de Guillermo Hang.

Uno de los últimos embates lo protagonizó la vicepresidenta, Cristina Fernández, quien habló de un "festival de importaciones" que debilitaban las reservas del Banco Central.

Guzmán tuvo "un alivio" momentáneo cuando el Indec difundió el resultado de la balanza comercial donde se demostró que la demanda de dólares estaba vinculado a los gastos energéticos.

Junto a Miguel Pesce desde el lunes de la semana pasada endureció el cepo, no entregó divisas durante tres días y pudo cumplir con la meta impuesta por el FMI de US$ 3.800 millones al 30 de junio de acumulación de reservas.

Durante ese proceso apareció nuevamente Larroque y lanzó: "La fase moderada está agotada". Cuarenta y ocho después se fue Guzmán.

Un alto costo

Más allá del cimbronazo político que significa la renuncia de Guzmán para el gobierno de Alberto Fernández, la salida del ahora exministro de Economía de la Nación tiene un costado mucho más técnico y, si se quiere, más costoso; Guzmán era el garantista de todos los acuerdos que Argentina venía logrando con el Fondo Monetario Internacional y en el entorno de negociación dentro del Club de París. La imagen internacional de Guzmán como economista tenía su propio peso y hasta estaba apalancada por el Premio Nobel, Joseph Stiglitz, quien hace poco comentó: “Guzmán es un experto mundial y tiene cero ambición personal”.
 

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