Encrucijada de Italia entre Europa y Putin

Italia afronta una encrucijada que tiene en vilo a la Unión Europea y también a la Casa Blanca. Las encuestas sobre las elecciones legislativas del 25 de septiembre consignan una ventaja para la coalición de centroderecha, encabezada por Giorgia Meloni y formada por su partido, Hermanos de Italia, por la Liga Nacional de Matteo Salvini y por Forza Italia de Sergio Berlusconi, sobre la alianza de centroizquierda, integrada por el Partido Democrático de Enrico Letta y el Movimiento Acción de Carlo Calenda. Esos sondeos otorgan a la centroderecha un 45 - 47% de los votos, con un 24 - 25% para Hermanos de Italia, el 13,5% de la Liga Nacional y el 8,8% de Forza Italia, mientras que la centroizquierda estaría debajo del 30%, con un 23,8% del Partido Democrático y un 6% para el Movimiento Acción.

El trío Meloni -Salvini -Berlusconi está a la ofensiva desde que el voto de sus parlamentarios provocó la caída del gobierno de Mario Draghi, un economista independiente de prestigio internacional que fue presidente del Banco Central Europea, resultó ungido primer ministro al frente de un gabinete técnico sostenido por una precaria mayoría legislativa y llevó adelante una etapa difícil, signada por las consecuencias económicas y sociales de la pandemia.

Esa entente tripartita elabora un programa de gobierno que incluye una ley constitucional que significaría la abolición del régimen parlamentario, imperante en Italia desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, y su sustitución por un sistema presidencialista que constituiría una rareza en Europa Occidental, donde el único antecedente de ese tipo es la Francia de la Quinta República, establecida en 1958 con el advenimiento de Charles De Gaulle.

La iniciativa otorga poderes especiales al presidente de la República, que no sería elegido por el Parlamento, como sucede actualmente, sino ungido por el voto popular directo, separadamente de los comicios legislativos, que tendrían lugar recién dos semanas después. Este procedimiento de priorizar la elección presidencial por sobre la parlamentaria está concebido para facilitar el establecimiento de un "gobierno fuerte", que esté por encima de los partidos, una idea atractiva en un país que en los últimos 77 años vio desfilar 66 gabinetes.

Meloni, una estrella en ascenso

Pero el acontecimiento sobresaliente del escenario electoral es la irrupción de Giorgia Meloni, una experiodista que logró pasar del 4% de los votos en las elecciones legislativas de 2018 a más del 20%, porcentaje que en una sociedad fragmentada la habilita para aspirar a un liderazgo cuyo perfil confrontativo, definido por sus adversarios como "populista autoritario" y hasta como "neofascista" genera temor en el espectro político que va desde el centro hacia la izquierda.

Meloni tiene una vasta trayectoria política. A los quince años ingresó al Frente de la Juventud, el ala juvenil del Movimiento Social Italiano (MSI), creado en 1946 por Giorgio Almirante. Luego lideró Acción Estudiantil, vinculada a la Alianza Nacional que sucedió al MSI.

En 1998, fue elegida diputada provincial en Roma y en 2006 resultó electa diputada nacional. Fue también ministra de la Juventud con Berlusconi. En 2014 asumió la conducción de Hermanos de Italia y desde 2020 ejerce la presidencia del Partido Conservador y Reformista Europeo.

La imagen de Meloni está contaminada por el debate sobre el fascismo y la figura de Benito Mussolini, a quien describe como una "personalidad multifacética" y se niega a condenar, con el argumento de que "somos hijos de la historia, de toda nuestra historia. El camino que recorrimos es complejo, mucho más complicado que lo que muchos quieren contar". Suele quejarse de que "en cada dos de cada tres debates por televisión, termino hablando de historia y no de política actual".

La plataforma de Hermanos de Italia incluye el incremento de las prestaciones familiares, el rechazo al aborto y al matrimonio igualitario, la rebaja de impuestos, el freno a la inmigración, la renegociación de los tratados de la Unión Europea y la reducción de la burocracia comunitaria de Bruselas. La alianza de centroizquierda tiene una propuesta menos ambiciosa, que rescata los lineamientos del gobierno de Draghi en materia de economía y política exterior y enfatiza la ampliación de los derechos civiles y la protección a las minorías. La paradoja es que el programa de la centroizquierda es más bien conservador y el de la derecha tiene tintes revolucionarios.

La conexión rusa

Un sector del "establishment" económico, que promovió el encumbramiento de Draghi y apoyó su gestión, no oculta su aprehensión ante las implicancias geopolíticas del ascenso de una coalición "soberanista", cuya prédica nacionalista confronta con el "globalismo". Como elocuente demostración de ese recelo, el matutino "La Stampa" de Turín, propiedad del grupo Fiat, el conglomerado empresario emblemático de Italia, publicó escabrosas revelaciones acerca de los vínculos de Salvini y Berlusconi con Vladimir Putin.

En el caso de Salvini, el diario rescata su frase de "cambio un Putin por dos Mattarellas", en alusión al presidente italiano Sergio Mattarella. Consigna también documentos de inteligencia que indican que un funcionario de la embajada rusa en Roma, Oleg Kosyukov, preguntó a un emisario de Salvini, quien gestionaba un viaje de su jefe a Moscú, si los ministros de su partido "tienen la intención de renunciar al gobierno de Draghi". La nota subraya que, semanas después de ese diálogo, los ministros de la Liga Nacional y Forza Italia abandonaron el gabinete y apresuraron la caída de Draghi.

 Berlusconi, que al principio había criticado la invasión rusa a Ucrania, cambió su postura: “Creo que Europa debe hacer una común propuesta de paz buscando que los ucranianos acepten las demandas de Putin”. Según La Stampa, “floreció nuevamente un amor nunca apagado”. 
A modo de ejemplo, recuerda que en 2005, el gobierno de Berlusconi firmó un convenio que permitía a Gazpron Export revender gas ruso directamente a los consumidores italianos. Tres años después, la Comisión Europea intervino y el contrato fue cancelado. 
El diario puntualiza también que Angelo Condignoni, un hombre clave de Berlusconi en sus empresas de medios, instruyó a Yuri Kovalchuck, principal accionista del Banco Rossi ya, apodado “el banquero del Kremlin”, sobre cómo crear un imperio televisivo en Rusia. Condignoni apareció como el beneficiario de una serie de transferencias millonarias de dinero desde Rusia a tres sociedades off shore con sede en Montecarlo.
Las relaciones entre Berlusconi y Putin fueron francamente amistosas. En 2002 Katya y Masha Putin, hijas del mandatario ruso, pasaron sus vacaciones en la mansión de Berlusconi en Porto Rotondo, acompañadas por Bárbara Berlusconi, hija del millonario. En 2003 Putin fue de vacaciones a otra mansión de Berlusconi en Villa Certosa. 
La Stampa comenta que “eran los años en que la Costa Esmeralda se convirtió en un paraíso para los oligarcas rusos. Uno de ellos quería comprarle a Berlusconi la sociedad futbolística Milán, una de las más importantes de Italia. Era Alisher Usmánov, que compró siete fantásticas villas, secuestradas -tras la invasión de Ucrania - por el gobierno Draghi”.
Consciente de la peligrosidad de esas acusaciones que pesan sobre sus aliados, Meloni afirma que su política exterior no será demasiado diferente a la de Draghi y que continuará con el apoyo de Italia a Ucrania. Sin embargo, sus declaraciones no terminan de disipar las sospechas. El manifiesto fundacional de la alianza de centroizquierda señala que la contienda de septiembre es “una elección entre una Italia parte de Europa o una Italia aliada con Putin”.

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.
 

 

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