Llegó al país tras la guerra, eligió Salta para quedarse y festeja sus 100 años

María Asunción Citera cumple 100 años y ya está programada para mañana una gran fiesta con más de 60 invitados que llegan, en su gran mayoría, desde Buenos Aires, para festejar el siglo de vida de esta mujer que tiene (muchos) secretos que develar.

Con un abundante desayuno, Asunción recibió ayer a El Tribuno en su casa del centro de Salta. "Uno de los secretos es tomar leche siempre, todos lo días", dijo la abuela, a quien sus nietos denominan como "abuela de generación ciber".

La pandemia hizo que Asunción aprenda a comunicarse por vía remota. Las salas on line fueron y son las vías que utiliza para hablar con sus nietos y con su hija, que está en Buenos Aires.

"Antes de que comience a contar todo, quiero decir que mi primer amor es Dios, luego mi familia y luego el Taladro", dijo levantando un índice.

Asunción no es de Salta. Se puede decir que no es argentina, pues proviene de Italia y fue parte de la ola de inmigrantes que vino tras la I Guerra Mundial.

Es del "Taladro" porque ella vivió casi toda su vida en Banfield y el club con los colores verde y blanco forma parte de su pasión. Aprieta el puño cuando habla de "La banda del sur", pero sus orígenes son más remotos en tiempo y espacio.

Asunción nació el 15 de agosto de 1922 en un pueblo italiano de Sanza, una urbanización pequeña de gente dedicada a la agricultura y la ganadería. Allí sus padres, Gerardo Migue Arcángel y Cristina Cursio, tuvieron a 5 hijos que sobrevivieron a la alta mortalidad infantil.

"Antes no había vacunas ni medicamentos. Murieron dos hermanitos míos y quedamos 5. Mi papá peleó en dos guerras. Una en el norte de África y luego, en la I Guerra Mundial. Por eso estuvo ausente de casa por unos 7 años en total. Tras la I Guerra, había mucha pobreza en Italia. Yo recuerdo mi casa de la infancia, en un campo con una puerta de entrada doble con postigo, una sala grande, un hogar en ella y sillones para sentarse cuando hacía frío. Siento aún los olores de las sopas con fideos pequeños y olor del campo con los olivos y las nueces, pero también con vacas. Desde siempre tomé leche", dijo la mujer rodeada de nietas que la escuchan.

La I Guerra finalizó en 1918 y dejó a Europa devastada. Gerardo, padre de Asunción, se vino luego de unos años a Argentina y, cuando tuvo unos ahorros, trajo a toda la familia. Asunción y su madre y hermanos llegaron a Buenos Aires en 1927.

"Nos fuimos al puerto de Nápoles, en donde nos separaba el Principesa Mafalda, pero la falta de papeles de migración hizo que no pudiéramos embarcar. Ese barco luego naufragó frente en Brasil. Luego de un mes embarcamos y tardamos otro mes en llegar a Buenos Aires. Yo tenía 5 años y tuve que ir a la escuela y aprender como sea el castellano", contó.

En tierras porteñas, Gerardo había conseguido una casita en Banfield y allí se instalaron para toda la vida. El papá de Asunción trabajó "de todo". Con los años comenzó a repartir lácteos y fiambres en negocios de la zona y en ese recorrido se hizo amigo de Domingo Marchetta, un reconocido comerciante del sur.

Domingo tenía un hijo que se llamaba Luis, que luego conoció a Asunción y el enamoramiento fue casi instantáneo. "No hubo arreglo, nos enamoramos y nos casamos. Yo tenía 27 años, él era más grande y ambos sabíamos bien lo que hacíamos", dijo.

Con Luis tuvieron 2 hijas (Cristina y Nora), 8 nietos (4 de cada una) y 8 bisnietos. Ella quedó viuda a los 55 años, con las hijas grandes y siguió adelante sola. "Yo luego tuve muchos pretendientes", dijo ante los gritos con ojos abiertos de su hija Nora y de sus nietas. "Pero yo ya había elegido a Luis como mi esposo. Por eso cuando murió, no tenía necesidad de estar con nadie más", compartió.

Nora se casó con un salteño y se vino a estas tierras a vivir. Asunción viajaba para visitarla varias veces al año y la pasaba bien. En 2019, antes de la pandemia, vino a Salta y no se fue más. Se quedó clavada en este suelo y, con la ayuda de internet, se comunica con toda su familia. "No hay muchos secretos. Creo que tomar leche y un vaso de vino tinto en las comidas es lo mejor que se puede hacer. Me gusta estar rodeada de juventud porque eso te alegra el espíritu", concluyó.

Docente y directora

 Asunción hizo la primaria en la escuela pública y la secundaria, en la Escuela Normal, donde obtuvo el título de Magisterio. Cursó un año del Profesorado en Matemáticas, pero no pudo continuar porque en Capital Federa el transporte era imposible. Siempre trabajó de docente y llegó al cargo de directora, con 30 maestros a cargo. “Trabajé en la escuela N° 10 de Banfield, donde estudió Julio Cortázar y luego le pusieron su nombre. Fue un honor”, dijo.

 
 

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