Muchas cuestiones inciden en el desempeño y la trayectoria escolar de nuestros chicos y adolescentes, el cierre prolongado de las escuelas y la falta de acceso a una enseñanza de calidad durante la pandemia, generó una preocupación social por el estado de la educación y puso al descubierto una crisis ya existente, demostrando la carencia de aprendizajes y competencias en lectoescritura y matemática que tienen muchos chicos.

Los aprendizajes de los alumnos están determinados por su origen sociocultural, aprenden en consonancia con el fragmento de la sociedad del cual provienen. La realidad de una sociedad fragmentada no es ajena a las escuelas, atravesadas por su entorno sociocultural, son el espacio destinado a adaptar a los individuos para vivir y actuar en sociedad. Las distancias entre las posibilidades de los alumnos de bajos recursos y de los que tienen mejor acceso aún es enorme. Si bien hay que atender a la diversidad de chicos que están en el aula y sus ritmos de aprendizaje, lo que no se puede poner en discusión es el punto de llegada. Pero el daño emocional del alumno que no aprende es enorme. ¿Cómo se siente ese chico? ¿Cómo construye su autoestima? ¿Cuánto potencial está desperdiciando?

La escuela no está siendo capaz de transformar la realidad con la que vienen muchos alumnos. La educación ha puesto en primer plano la acreditación como estrategia para que la escuela siga abierta y para sostener las trayectorias, y como está diseñada para no excluir, para contener, muchos chicos siguen en la escuela trayectorias educativas casi nulas.

Durante décadas hablamos de heterogeneidad, de que los chicos aprenden distinto y de que el nivel cultural de las familias tiene un impacto enorme en la forma en que aprenden, sin embargo, nosotros seguimos utilizando una metodología uniforme para la enseñanza. Los alumnos necesitan otra intervención docente, docentes preparados para enfrentar la diversidad sociocultural de sus estudiantes, con una formación centrada en la pluralidad de metodologías, con material e instrumental metodológico a su disposición, con una formación más orientada a la práctica, que empiecen a trabajar por proyectos para después poder aplicarlos, porque, al fin y al cabo, uno enseña como le enseñaron.

Las políticas educativas, en este punto, juegan el papel principal si queremos revertir esos resultados para, a partir de ello, realizar los cambios que tan necesarios son para superar los años de decadencia que sufre la educación.

Una hora más de clase por día en las escuelas primarias de gestión estatal es el programa impulsado por el Ministerio de Educación y aprobado por unanimidad por todas las provincias en el Consejo Federal de Educación. Más horas en la escuela pueden ayudar, si van acompañadas de un plan y una propuesta que garantice los resultados que se desean alcanzar para superar la crisis educativa.

Más tiempo ¿produce mejoras? Lo que produce mejoras es más tiempo, pero mejor utilizado y con los instrumentos adecuados. A ese continente de horas, hay que brindarle contenido y sentido, buenas prácticas de enseñanza. Rediseñar que y como enseñar.

Los estudiantes no aprenden más y mejor por estar mayor cantidad de horas en clase, sino más bien, por lo significativo de una propuesta de aprendizaje que les genere motivación, curiosidad, desafíos y nuevas preguntas. Si recorremos el mismo camino todos los días, si hacemos lo mismo, se naturaliza el recorrido, se apaga la curiosidad, la capacidad de sorpresa y se pierde la posibilidad de ver, desde otra perspectiva, el mundo.

Necesitamos, entonces, encontrar caminos. La trayectoria de nuestro sistema educativo será la trayectoria de nuestro futuro.

 

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