Kafka, Cristina y la subversión de todo

Kafka, en la recopilación "El silencio de las sirenas", nos regala esta maravillosa subversión del relato de Cervantes. "Sancho Panza, quien por cierto nunca se jactó de ello, logró con el paso de los años, aprovechando las tardes y las noches, apartar de sí a su demonio -al que más tarde dio el nombre de Don Quijote- por el método de proporcionarle una gran cantidad de libros de caballerías y novelas de bandoleros, hasta el punto que aquel, desatado, dio en llevar a cabo los actos más demenciales, aunque sin causar perjuicio a nadie, debido precisamente a la ausencia de su objeto predeterminado, que debería haber sido Sancho Panza. A pesar de que era un hombre libre, Sancho Panza decidió, quizá a causa de cierto sentido de la responsabilidad, seguir tranquilamente a Don Quijote en sus correrías, y disfrutó así hasta el fin de su vida de un provechoso entretenimiento".

Por supuesto que se trata de dos personajes inofensivos; uno quijotesco y caballeresco, el otro práctico -y según Kafka, movido por su sentido de la responsabilidad-; uno que cree saber lo que dice y que no tiene la menor idea de lo que hace, el otro alguien "de muy poca sal en la mollera". A uno lo mueve la sed de justicia y de aventura, además de la promesa romántica de encontrar a su dama en apuros: Dulcinea; el otro tras la siempre demorada promesa de ir a gobernar la ínsula Barataria. Dos personajes entrañables y queribles como pocos. Dos personajes fruto de la más maravillosa literatura. Y la subversión de Kafka; una joya que resulta inofensiva. Divertida. El práctico Sancho Panza, inventando a Don Quijote y luego siguiéndole por responsabilidad y diversión antes que por ambición, sumisión y poca inteligencia.

Podría hacerse un paralelismo entre esta subversión divertida propuesta por la mente siempre afiebrada y brillante de Kafka y nuestra realidad lacerante. Solo que, en la Argentina de hoy, los relatos que subvierten la realidad nunca lo hacen de manera inofensiva. Nunca son inocuos; todo lo contrario.

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner publicó en Twitter: "La mafia mediática-judicial, la impunidad y el absurdo jurídico a cielo abierto. Es hora de despabilarse y advertir que están conduciendo a las instituciones hacia un callejón sin salida". La vicepresidenta en ejercicio, haciendo una subversión fantástica de la realidad -fantástica en el sentido literal de la palabra y no en su acepción de adjetivo calificativo- denuncia la destrucción de las instituciones argentinas mientras aplica el golpe letal a esas mismas instituciones que denuncia bajo asedio y peligro de golpe. Nos advierte con la mano izquierda lo que hace con su mano derecha. ¿O hay que pensar que el ultrakirchnerista Horacio Pietragalla y el embajador Villegas Beltrán actuaron por iniciativa propia cuando presentaron en la ONU un documento por el cual el Estado argentino denuncia a sus propias instituciones democráticas?

Es insólito, pero a través de esta denuncia el propio Estado argentino desprestigia a las instituciones de la Argentina y a los poderes de la democracia que no le son afines. Así, el Gobierno eleva al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas su embestida contra la Corte Suprema; a cuyos integrantes busca destituir mediante un juicio político. Entre otras acusaciones, el informe denuncia a los medios de comunicación independientes, a la oposición política y a "sectores concentrados del poder económico y mediático". Incluso llega a explicitar que todos estos actores buscan "proscribir" a figuras centrales del escenario político.

Se hace necesario recordar que la señora vicepresidenta de la Nación fue condenada por hechos de corrupción que fueron probados en un tribunal de Justicia que la halló culpable del delito del cual se la acusaba. No está proscrita. De hecho, si así lo quisiera podría presentarse en las próximas elecciones al cargo que ella quiera. O que el partido le permita. Eso no es proscripción. Es un hecho jurídico ante actos de corrupción que esperan una ratificación en firme o una rectificación en instancias superiores. Y la embestida contra la Corte, parte de esas instancias superiores, es una movida antidemocrática y de muy alto peligro institucional si se llegara a concretar.

En una actitud no democrática, nada republicana y exhibiendo una conducta de convivencia cívica nada razonable, el kirchnerismo elige atacar a la Justicia que le es adversa; no acatar los fallos que se oponen a sus líneas de acción y de pensamiento; y, si pudiera, tampoco cumplir con las condenas que se apliquen. Ese es el espíritu democrático de quien hoy ostenta el segundo lugar en la cadena de mando presidencial de la Argentina; mientras el que ostenta el primer lugar se parece mucho más a ese otro personaje "con muy poca sal en la mollera" que sigue buscando solo quedar a cargo de la gobernación de Barataria.

¿En verdad el Estado argentino denuncia en la ONU a sus propias instituciones? Parece un acto salido de una locura propia de Alonso Quijano luego de haber enloquecido y de haberse convertido en el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Pero no. No es la literatura mágica y hechizante de Cervantes. Tampoco la maravillosa subversión de Kafka. Es la subversión de Kristina, en un torpe intento por remedar a Kafka y quizás, ya metida de lleno en la locura de una disfórica Alonsa Quijano.

 

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