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Aldo Parfeniuk: "Alberto Burnichon es un paradigma de editor que ennoblece la profesión"

Este viernes, a las 19, presentan "Alberto Burnichon: el delito de editar", de Aldo Parfeniuk, en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en la CABA. Un hecho cultural de gran trascendencia para los salteños y la Argentina toda, puesto que el editor fue el gran impulsor de la obra de poetas y escritores imprescindibles.
Viernes, 17 de noviembre de 2023 11:50

Este viernes presentan "Alberto Burnichon: el delito de editar", compilación y estudio crítico de Aldo Parfeniuk. El poeta y escritor lo hará junto a Ramiro Iraola (editor) e Iván Burnichon, nieto de Alberto, en la sala Augusto Raúl Cortazar de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en la CABA. Un hecho cultural de gran trascendencia para los salteños y la Argentina toda, puesto que el editor nacido en Tigre, provincia de Buenos Aires, en 1917 y afincado en Córdoba fue el gran impulsor de la obra de poetas y escritores imprescindibles del continente, Daniel Moyano, Manuel José Castilla, Jacobo Regen, Miguel Ángel Pérez, Roberto Fontanarrosa, entre ellos, y de plásticos y dibujantes de la talla de Carlos Alonso y Hermenegildo Sábat.

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Este viernes presentan "Alberto Burnichon: el delito de editar", compilación y estudio crítico de Aldo Parfeniuk. El poeta y escritor lo hará junto a Ramiro Iraola (editor) e Iván Burnichon, nieto de Alberto, en la sala Augusto Raúl Cortazar de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en la CABA. Un hecho cultural de gran trascendencia para los salteños y la Argentina toda, puesto que el editor nacido en Tigre, provincia de Buenos Aires, en 1917 y afincado en Córdoba fue el gran impulsor de la obra de poetas y escritores imprescindibles del continente, Daniel Moyano, Manuel José Castilla, Jacobo Regen, Miguel Ángel Pérez, Roberto Fontanarrosa, entre ellos, y de plásticos y dibujantes de la talla de Carlos Alonso y Hermenegildo Sábat.

El Tribuno se contactó con Aldo Parfeniuk, poeta, filosofo y docente cordobés muy querido en Salta, para que dimensionara la experiencia vital del editor que visitaba con su Citroën los pueblos y pueblitos del norte del país. "Mi interés por la vida y la obra de Alberto Burnichon se origina cuando tendría 18, 20 años; soy nativo de Carlos Paz, a 30 km de Córdoba, un lugar turístico en el que, por aquella época -los años 60, 60 y pico-, no había demasiados hechos culturales; entonces había que ir a buscarlos a la ciudad capital, que era efervescente en cuanto a cultura, arte y contenidos para un jovencito hambriento de conocimientos", comenzó diciendo en una muy rica charla. 

"En Carlos Paz, paralelamente, aparece un salteño que tiene mucho que ver con la cultura del norte y la cultura popular, Jaime Dávalos, que solía frecuentar Cosquín... y se instala con su carpa y convocaba a artistas salteños, y yo me voy haciendo amigo de Jaime y él me va permitiendo conocer a poetas y cantores", dice a propósito de su temprana relación con el espacio creativo de Salta. "Además, en Carlos Paz, vivía un salteño de apellido ilustre, Martín Figueroa Güemes. Era profesor de Historia en un colegio, y a pesar de que yo no era su alumno conversaba con él sobre Güemes y la cultura salteña... Juan Carlos Dávalos, Joaquín Castellanos... Y a fines de la temporada turística de Carlos Paz, yo juntaba unos pesos y en marzo, con algún amigo nos largábamos a conocer una parte del país para nosotros inexistente y que solo conocíamos por el folclore, por la carpa de Jaime Dávalos o por la revista que publicaba Atahualpa Yupanqui, 'El canto del viento', con artículos que nombraban poblaciones que sonaban extrañísimas... Londres de Catamarca, Huillapina, pueblos en la provincia de Jujuy... Era como otro país que queríamos conocer. Y, curiosamente, para leer en el viaje yo conseguía en Córdoba, en la calle Obispo Trejo, en librerías que ya no existen, libros de Manuel J. Castilla, editados por Alberto Burnichon. Allí también conocí el primer libro de Miguel Ángel Pérez, de Jacobo Regen y, además, también a poetas salteños que se encuadran en la generación del 40 y 50; en la ciudad universitaria de Córdoba eran invitados, y así poco a poco fui entrando en la cultura del interior, de nuestro norte, de la mano de los libros de Alberto Burnichon", dice Parfeniuk.

"Era como otro país que queríamos conocer. Y, curiosamente, para leer en el viaje yo conseguía en Córdoba, en la calle Obispo Trejo, en librerías que ya no existen, libros de Manuel J. Castilla, editados por Alberto Burnichon".

Alberto Burnichon

¿Qué valor tenían editores como Burnichon?

Un editor por aquellos tiempos era clave y, sobre todo un editor del interior era clave para conocernos en nuestras manifestaciones artísticas y culturales. Las pocas editoriales existentes en el país eran de difícil acceso para aquellos que en el interior tenían inquietudes y querían publicar. Entonces, eran importantes editores como Alberto Burnichon y no muchos más -quizás después Torres Agüero y también por supuesto Ortiz-. Y como antecedente lo que Burnichon había encarado con el grupo inicial de La Carpa en Tucumán. Él nace en Tigre, en la provincia de Buenos Aires, pero de joven llega a Tucumán, a él le gustaban mucho los títeres y se convierte en un militante cultural -diríamos hoy- clave en aquella época para vincular a personalidades de ese interior, sobre todo del norte, a los que Buenos Aires, la capital, el centralismo, les daba la espalda. Él los vinculaba más bien al resto de Latinoamérica. Por allí digo que nuestras provincias tienen quizás más que ver con Chile, Bolivia, Ecuador o Perú que con Capital Federal. En Córdoba tal vez, por allí donde empiezan a ondularse la llanura y a convertirse en selva y montaña, ya comienza otra Argentina más latinoamericana. En aquellos años 50, 60 -creo que el primer libro de Burnichon aparece en 1957, debe ser "Exhortaciones", de Ezequiel Martínez Estrada con un dibujo de Carlos Alonso-, su labor es conjuntiva, está entre alguien que se quiere expresar y que tiene talento y condiciones -para lo cual él tenía un olfato infalible, basta consultar el catálogo que no es muy extenso pero que está poblado por nombres que luego tienen un lugar en la historia grande de la literatura y la cultura argentina, latinoamericana y mundial, como Daniel Moyano, Manuel J. Castilla, Julio Ardiles Gray, Jacobo Regen y tantos otros-. La labor de Burnichon es vinculante y solidaria; no solo rescata a escritores sino también a dibujantes y pintores, como el mencionado Carlos Alonso. Alberto era un vendedor de libros itinerante, con su Citroën visitaba a los libreros de las provincias, y esas eran las postas en las cuales él entregaba algún material que a veces editaba con dinero propio, en "ejemplares fuera de comercio", como los llamaba, y hacía conocer gente talentosa que vivía en Salta, Tucumán, en Mendoza, San Juan, Córdoba, en La Rioja o en Misiones o en el Chaco. Además, fue un hombre de teatro, de teatro de títeres... y un buceador de todas las formas culturales incluyendo la música y la fotografía, que ejercitaba de manera no profesional, pero con gran pasión. 

"La labor de Burnichon es vinculante y solidaria; no solo rescata a escritores sino también a dibujantes y pintores. Alberto era un vendedor de libros itinerante, con su Citroën visitaba a los libreros de las provincias...".

¿Por qué lo llama editor-titiritero en el libro? 

Cuando llega a Tucumán y comienza su actividad cultural fuerte en la naciente universidad pública y con el grupo ya en gestación de La Carpa, él comienza organizando una compañía teatral universitaria y haciendo títeres, inclusive con Enrique Wernicke forman pareja y llegan a muchas ciudades del país en giras y relacionando tititerismo con literatura, arte y cultura. En aquellas épocas, el teatro de títeres era realmente una forma cultural portátil y muy eficaz, porque en las pequeñas poblaciones no existían muchos lugares en los cuales, sobre todo, a los niños entretenerlos y ofrecerles cultura y entretenimiento al mismo tiempo. Eso ha pasado al olvido, pero permanece en los actuales titiriteros una ética que hace que sustraigan su imagen y su voz, y dejen hablar al otro, ofrezcan su voz para que esa voz sea la voz del otro. Y eso me parece que está muy presente en la manera de editar y de trabajar de Burnichon: hay una ética en cuanto a la edición fáctica de los libros que solamente yo la encuentro, de alguna manera, repetida en las ediciones también de Francisco Colombo en Buenos Aires y también de Torres Agüero en el interior del país y no muchos libreros-editores más...

"Permanece en los actuales titiriteros una ética que hace que sustraigan su imagen y su voz, y dejen hablar al otro, ofrezcan su voz para que esa voz sea la voz del otro. Y eso me parece que está muy presente en la manera de editar y de trabajar de Burnichon".

Háblenos del título.

"Alberto Burnichon: el delito de editar" es un ejemplo y una expresión de lo que los militares y la gente comprometida en el proceso que comienza a 1976 consideraban que estaba haciendo Burnichon, respecto de lo peligroso que era la cultura, y la cultura popular y la cultura circulando entre muchas personas que no estaban con el sistema, como eran los escritores y artistas plásticos del interior del país. Y Burnichon era una suerte de nexo que conectaba a escritores y artistas importantes que tenían un posicionamiento ideológico de vanguardia en aquella época, y socialmente comprometidos sobre todo en ese rescate de la propia cultura de cada lugar y de los contenidos culturales latinoamericanistas que comienzan a circular y que vienen acompañados y secundados por un movimiento político-ideológico que incluso tenía representaciones en grupos armados, como sabemos cuando recordamos los 60, 70... en Uruguay, en Chile, en Perú con Sendero Luminoso, Tupamaros, los ejércitos de liberación nacional de los distintos países, como Montoneros y el ERP aquí, en Argentina. Esa suerte de emancipación revolucionaria latinoamericanista tenía su correlato en posicionamientos ideológicos-culturales como los que también defendía Alberto Burnichon. Córdoba, lo sabemos muy bien, era un bastión cultural y la represión se ensañó con esta provincia porque aquí, en aquellos momentos, se dio la situación de que coincidieran dos componentes esenciales: una clase obrera que provenía de una industria creciente que había sentado bases en la provincia, sobre todo una industria metal-mecánica y, por el otro lado, un fervoroso movimiento estudiantil universitario que no solamente comprometía a estudiantes sino a profesores, a docentes e intelectuales y con una generación de un movimiento artístico y cultural muy fuerte en todos los aspectos, en lo teatral, en lo cinematográfico, en lo plástico, en lo musical, en lo literario. Córdoba realmente era un hervidero cultural incomparable y el Cordobazo es un resultado de esta efervescencia y una de las primeras manifestaciones de la represión. Burnichon tenía su casa aquí, y fue dinamitada en las primeras horas del golpe de Estado de 1976, el 24 de marzo. A él lo secuestran, secuestran a la familia, liberan a parte de ella, y a él lo llevan al Campo de la Ribera primero, y a La Perla después. Y en la mañana -calculamos del 25 de marzo de 1976- lo asesinan de 7 a 9 tiros y lo arrojan a un aljibe en la localidad de Mendiolaza. 

El hecho de haber sido la primera víctima de la dictadura en el interior intelectual y artístico de nuestro país es elocuente del mensaje que se quería dar en aquellos momentos, y fue de una eficacia absoluta porque, inmediatamente, todos los amigos, los artistas -o la mayoría, los que podían porque había gente que no podía- se tuvieron que ir del país, exiliarse y el resto de la historia me parece que es bastante conocida, porque estamos celebrando, justamente, 40 años del retorno a la democracia. Alberto Burnichon elige Córdoba no solamente porque es un centro geográfico que reparte distancias con el resto de las provincias y del país creativamente, sino que es un punto de convergencia de movimientos culturales y una frontera artístico-cultural que divide el centralismo del resto de provincias que son latinoamericanistas más bien.

"Córdoba realmente era un hervidero cultural incomparable y el Cordobazo es un resultado de esta efervescencia y una de las primeras manifestaciones de la represión. Burnichon tenía su casa aquí, y fue dinamitada en las primeras horas del golpe de Estado de 1976, el 24 de marzo. A él lo secuestran...".

Es la segunda edición...

Para esta segunda edición de esta obra colectiva, solamente he tratado de unificar, invitar a colaboradores e ir ampliándola con nuevas voces y en la cual solo aparezco en esta función de compilación de voces con un estudio crítico que intenta ser un marco general y unificador. Esta es una edición hecha por dos editores que, a mi juicio, son herederos de la ética de Alberto Burnichon, Ramiro Iraola de Ediciones Babel de Córdoba y Raúl Camargo que, además de ser el encargado de una sede de la Biblioteca Nacional en Córdoba -la sede Juan Filloy inaugurada no hace mucho tiempo y que ojalá Salta pueda tener otra sede de la Biblioteca Nacional porque esta es una manera de federalizar-, ellos dos, Raúl Camargo tiene una editorial virtual... ellos dos se pusieron de acuerdo con la familia Burnichon y conmigo como para generar esta edición que quiere ser también "fuera de comercio", fuera del circuito comercial en todo caso. Se ha hecho una tirada de ejemplares que se van a vender para recuperar los costos de papel y mano de obra y hay otra porción de esta tirada destinada a organismos de derechos humanos y, a partir de un par de meses, va a circular gratuitamente por internet en la editorial A Capela virtual, de Camargo. 

¿Cuándo lo presentan?

Ya presentamos el libro en Córdoba, y es presentado este viernes 17, en la Biblioteca Nacional, el lugar donde debe estar el nombre de Burnichon y todos sus libros y trabajos, porque es un paradigma de editor que ennoblece la profesión no solamente de nuestro país sino también en el mundo. Y debería ser presentado también en Salta, porque Salta era una suerte de segunda patria para Burnichon. Allí contaba con innumerables amigos y, periódicamente, aparecía sin que nadie lo esperara con nuevos libros, con nuevas publicaciones que iba dejando en las librerías amigas, en aquella época en la Librería Salta y en la librería de manos Valdés. Y en Salta se ha logrado también -mediante gestiones que hemos hecho con Silvana Yrigoyen- que el 25 de marzo de cada año sea -como lo es en Córdoba- el Día del Editor de Libros. La publicación que hacemos sobre Alberto Burnichon es un homenaje a los editores en general, porque son los que permiten que la cultura llegue debidamente a sus verdaderos destinatarios, los lectores.

 

“Un pregonero, un chasqui, un editor golondrina”

“Es importante para nosotros darle visibilización a la figura de Alberto Burnichon y tenerla presente. Es una convicción y una lucha permanente por los derechos humanos y por la memoria”, dice Aldo Parfeniuk en un tramo de la charla.

En Tucumán Burnichon conoce a quien será su esposa, una figura muy importante de la intelectualidad y la educación en el país, María Saleme. “Ella vivía en Yerba Buena, era estudiante y se conocen allí, hacen pareja y por razones de trabajo de María se vienen a vivir a Córdoba cuando ya tienen hijos”, cuenta el poeta.

Saleme trabajaba en colegios y en la Universidad de Córdoba y también como secretaria del filósofo Rodolfo Mondolfo, que tenía casa en La Cumbre, en Las Sierras. “María es uno de los ejes de un movimiento importante que se da en la universidad, el Taller Total, que hace un enfoque integral de la educación relacionada con la cultura, y vinculan las distintas disciplinas con las prácticas artísticas populares, generando hechos culturales muy importantes en Córdoba. Por ejemplo, gracias a la gente del Taller Total conocí a Juan L. Ortiz recitando poemas en una salita de la facultad de Arquitectura”, recuerda.

Algunos libros publicados por Burnichon y su Citroneta, en Pampa de Achala, en las Sierras de Córdoba. 

“En ese momento, Salta aparecía como la provincia con el movimiento poético más importante que había en el país, superior a cualquiera de Buenos Aires, a mi juicio”, dice el poeta y filósofo, y agrega: “Y hablo de Manuel J. Castilla, Jacobo Regen, Miguel Ángel Pérez, que también estudió y trabajó en Córdoba, y también Carlos Hugo Aparicio, Hugo Ovalle un poco después, y gente que venía de La Carpa, que había fundado esa movida poética... Sara San Martín, Víctor Massuh, Raúl Galán... Las ediciones La Carpa aparecen tempranamente publicando obras de poetas, y creo que, de allí, a través de las plaquetas de Alberto publican los primeros poemas de Manuel J. Castilla, y también es un poco el eje de esa movida cultural que se inicia en Tucumán con títeres, teatro, música”.

Hablar con Aldo Parfeniuk es un ejercicio enriquecedor, guarda en su memoria hechos que deberían ser parte de la memoria cultural de todos. La reedición del libro sobre Burnichon suma a esa memoria colectiva que el poeta cordobés anticipa en algo en la charla.

“Y a propósito de la música –continúa diciendo-, entre las tareas de buceo de Burnichon, una vez llega a Carlos Paz en los años 60, con un disco bajo el brazo que quería promocionar y ofrecer aquí, en los lugares de espectáculos, un dúo de cantores de Salta, el Dúo Salteño... Cosas así tenía Burnichon, era un avanzado, era un pregonero, era un chasqui, un editor golondrina que hacía, imprimía donde podía... Él armaba los libros, buscaba dibujantes; es decir, hacia la integridad del trabajo como una suerte de editor de cordel, que así también se lo reconoce”.

“A los 20 años del asesinato de Burnichon, me reencuentro con María Saleme en la Universidad de Córdoba, cuando ella vuelve del exilio de México, y acordamos hablar de Alberto Burnichon. La gente todavía tenía miedo en el año 96 de hablar de ciertas cosas que habían acontecido... Y con un hijo de María y Alberto, el Moro Burnichon, hacemos un acto de rescate y homenaje, mostrando los libros que habían quedado de él, los objetos que habían sido rescatados después de que dinamitaran la casa de Alberto. Ellos vivían en Villa Rivera Indarte, cerca de Argüello, en las afueras de Córdoba”, cuenta Parfeniuk.

“Y en ese acto de homenaje invitamos a que participen escritores que publicaron con él, como Antonio Oviedo, Roberto Espina que también era titiritero, Cristóbal Reynoso –Crist-, Mario Trotta, Pedro Troilo, Luis Víctor Outes, muy amigo de la familia Burnichón, y Miguel Ángel Pérez. Además, recibimos cartas y notas -que fueron leídas- de Eduardo Galeano, el poeta riojano Mario Paoletti, exiliado en España, Susana Romano Sued... y también después, con el tiempo, se fueron sumando notas y artículos y trabajos de Jorge Boccanera, rescatando un poema de Juan Gelman dedicado a Alberto Burnichon”, relata.

“Y a partir de 1996, por sugerencia del pequeño grupo que armamos, se establece en la Feria del Libro de Córdoba el premio Alberto Burnichon, premio anual al mejor libro publicado durante el año en Córdoba, un premio muy prestigiado”, concluye Aldo Parfeniuk.

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