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Montañista salteña brilló en expedición internacional de mujeres al Aconcagua

Julieta Balza ascendió con compañeras que no conocía de Bolivia, Chile, Italia y Nepal, además de otras argentinas.
Lunes, 27 de febrero de 2023 02:38

A los 18 años, Julieta Balza (45) se enamoró de las montañas y, desde entonces, no paró de subir para mantener viva la sensación de plenitud que la desbordó aquella vez.

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A los 18 años, Julieta Balza (45) se enamoró de las montañas y, desde entonces, no paró de subir para mantener viva la sensación de plenitud que la desbordó aquella vez.

El amor fue tal, que unos años después, cuando terminó la carrera de Bellas Artes, se mudó a Salta para estar cerca de la Puna. Nacida en Banfield, en el sur del conurbano bonaerense y tras más de dos décadas de vivir aquí, se siente mitad porteña y mitad norteña.

Hace dos días, Julieta volvió a Salta, luego de participar en una expedición internacional de mujeres al Aconcagua. Aún sigue procesando todo lo que vivió durante 20 días con 14 chicas que no conocía y con algunas de las cuales ni siquiera hablaba la misma lengua.

Esta vez, no pudo acompañarla Payunia, su perrita, con la que hizo grandes paseos, como subir al volcán Tuzgle, a 5.500 metros sobre el nivel del mar, o recorrer unos 80 kilómetros entre el cerro Gólgota y los Yacones, cuando tenía cuatro meses.

Esta vez, la Payu (su diminutivo) se quedó en la base de la montaña, pues en los parques provinciales y nacionales no permiten la entrada con animales. Ahora, sueña volver a salir con su humana, para correr a las vicuñas en los cerros y sentir el aire limpio de la Puna.

Hace dos años, ellas se enamoraron a primera vista en Malargüe, en el sur de Mendoza, adonde Julieta había ido a hacer una travesía en la montaña. La llamó Payunia por un parque de la provincia cuyana que le gusta mucho: es árido y está lleno de volcanes.

Amor de montaña

La primera vez que Julieta llegó al norte fue en un viaje con jubilados, cuando terminó el colegio, porque no la dejaban venir sola. El verano siguiente, con la mayoría de edad, recorrió sola durante dos meses desde San Luis hasta Jujuy parando en casas de familia.

"Jujuy me voló la cabeza", recordó. Durante su estadía allí, fue con tres hombres a Mina Pirquitas. Con la técnica de antaño, con una batea en el río, ellos buscaban oro y lo encontraban. Luego, se fue a la Virgen de Punta Corral, con los sikuris: esa fue su primera experiencia en la montaña, inolvidable.

"Me atraparon la cultura, los colores y la intensidad de la Puna. Es algo surrealista. Para mí, Dalí estuvo acá: los paisajes son iguales a los de sus cuadros", expresó y aseguró que esto es lo que la llevó a ser montañista: allí no hay nada que la distraiga, se conecta directo con la tierra.

Luego de ese gran viaje, que terminó en abril de ese año, volvió en agosto para la celebración de la Pachamama, a lo de un amigo que había conocido en Tilcara.

Con muchas personas, durante varias horas caminó en la montaña para honrar a la tierra: "Me conmoví y con la ofrenda a la Pachamama entendí todo". Un viejito la miró y le dijo: "La Tierra nos nace, nos vive y nos come".

Desde entonces, cada vez que sube a la montaña o baja de ella, le pide permiso.

Aventuras con amigos

En 2007, luego de una estadía de un año en España, donde leyó sobre actividades de trekking que se hacían, escuchó que se iniciaba el curso del Club Amigos de la Montaña. Sin dudarlo, se presentó a la primera clase y, desde entonces, no paró.

Un par de años después, se fue al Club de Montaña Janajman, que hacía mucha alta montaña (más de 5.000 msnm). Allí conoció a un compañero con el que estaba a la par, quien fue su pareja durante varios años.

Julieta aseguró que con la montaña "fue todo muy de a poco" y que el Aconcagua no estaba en sus planes.

La experiencia que acaba de hacer fue única para ella porque nunca había ido a este gigante con gente que no conocía, ni solo con mujeres. Además de otras argentinas, viajaron chicas de Bolivia, Chile, Italia y Nepal.

Esta vez, no hizo cumbre (la vez anterior, la segunda, en 2016, sí), pero asegura que esto es "anecdótico" al lado de todo lo que se vive en la montaña. Ahora, bajó antes del último tramo porque algunas compañeras no estaban bien y sintió que tenía que acompañarlas abajo.

Esta experiencia se va a transformar en un documental. Días atrás, fueron reconocidas por autoridades de Mendoza.

La vida misma

Julieta evaluó que "estar en la montaña es como estar desnudo". "Es lo que realmente sos", apuntó. Aseguró que es como la vida, pero en fragmentos intensos: "Hay que aprender a tolerar al otro, a entenderlo, ayudarlo y estar pendiente de él".

Consideró que lleva "a lo más puro del ser humano": "Lo único que se necesita es hidratar, comer y dormir y ver que el compañero esté bien porque se necesitan mutuamente".

Para contactarse con ella, @julietabalza, en Instagram

 

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