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Las cosas en su lugar

Jueves, 04 de abril de 2024 01:38

De chico tuve la suerte de conocer lugares remotos de este hermoso país. Remotos en serio. Nada igualaba la sensación de orgullo que me producía llegar a un lugar inhóspito, recóndito y librado a la buena de Dios -como siguen estando una gran infinidad de rincones remotos de este hermoso país-, y ver ondear la bandera argentina sobre una construcción precaria que delataba la presencia de un puesto de Gendarmería Nacional. También tuve la suerte de navegar por amplias franjas de nuestras costas y era infalible cruzarse con alguna patrulla de la Prefectura Naval Argentina; nuestra bandera ondeando en nuestros ríos o en el mar.

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De chico tuve la suerte de conocer lugares remotos de este hermoso país. Remotos en serio. Nada igualaba la sensación de orgullo que me producía llegar a un lugar inhóspito, recóndito y librado a la buena de Dios -como siguen estando una gran infinidad de rincones remotos de este hermoso país-, y ver ondear la bandera argentina sobre una construcción precaria que delataba la presencia de un puesto de Gendarmería Nacional. También tuve la suerte de navegar por amplias franjas de nuestras costas y era infalible cruzarse con alguna patrulla de la Prefectura Naval Argentina; nuestra bandera ondeando en nuestros ríos o en el mar.

Así, me produce una enorme tristeza ver hoy a la Gendarmería Nacional despejando calles y luchando con manifestantes en vez de verlos cuidar nuestras fronteras porosas y vulnerables por las que entra y sale droga y toda clase de contrabando casi sin control. Me duele ver a la Prefectura Naval custodiando calles y enfrentando manifestantes en lugar de estar protegiendo nuestra enorme riqueza ictícola que tantos países y empresas extranjeras depredan sin vergüenza y, también, casi sin control.

He defendido varias veces el uso del protocolo que puso en práctica el Ministerio de Seguridad de la Nación como forma de asegurar que el derecho a la expresión pública, de cualquier tipo, no interfiera con el derecho que todos tenemos a circular en paz y con libertad por la vía pública. Para que se destierre de una buena vez la equivocada colisión de derechos que, debido a una ideología errónea, se instaló e hizo carne en alguna parte de la sociedad. Ahora bien, ¿esto no lo puede hacer la policía? Reformulo la pregunta; esto, ¿no debería hacerlo la Policía, y solo la Policía?

Sé que parece probada su incapacidad. Sea por su demostrada corrupción estructural, o por la cooptación de sus estructuras por parte de grupos mafiosos, de redes de narcotráfico o de grupos de trata de personas. Pero ¿por qué no corregir la situación? Es como si, en algún momento y a partir de cierto punto, nos hubiéramos dado por vencidos y hubiéramos aceptado -resignados- lo inevitable de la situación. ¿No es hora de revertirlo? Las cosas equivocadas tienen la irritante necedad de permanecer equivocadas mientras no son forzadas al cambio. Nunca nadie explicó por qué era mejor dejar desprotegidas nuestras fronteras, vías navegables y mares y reubicar a los efectivos de Gendarmería y Prefectura en las ciudades. Jamás se contestó a la pregunta de por qué cuidar esas calles, cruces callejeros y ferroviarios era más importante que el cuidado de nuestras fronteras, vías navegables o mares. Tampoco escuché a muchos hacer la pregunta.

"Piensa mal y acertarás" es una frase atribuida a Nicolás Maquiavelo quien afirmaba que "todos los hombres son perversos y están preparados para mostrar su naturaleza, siempre y cuando encuentren la ocasión para ello". Si pienso mal, ¿no podría pensar que la medida fue diseñada para que se pudiera pasar, por ejemplo, de ser un país de tránsito de drogas a ser un país productor, consumidor y exportador de drogas orgánicas y de diseño? ¿Es casual o causal; es casualidad o causalidad? Me cuesta responder. En especial porque, si se tratara de lo segundo, estaríamos hablando de un nivel de corrupción institucional de una transversalidad inimaginable. Por otro lado, me cuesta creer en la casualidad. No se llega a ser lo que es Rosario por casualidad.

Ojalá esté equivocado; siempre es preferible la impericia y la torpeza a la maldad y a la perversidad. Pero es lógico dudar cuando el tiempo pasa, las consecuencias de lo que podrían ser decisiones torpes o equivocadas son tan evidentes, pero siguen sin ser corregidas. El ministro de Defensa anunció la intención de "llevar más efectivos de Gendarmería a la frontera". ¿Alcanza? ¿No deberían volver todas las instituciones a su función original y dejar de ejercer tareas desvirtuadas?

En vez de preocuparnos, por ejemplo, por la conformación societaria de los clubes de fútbol del país; ¿no sería mucho más importante el preocuparnos por algo como cerrar nuestras fronteras o proteger a nuestros mares de la depredación? Se me ocurren miles de peleas diarias que se instalan en nuestra sociedad por las que no deberíamos gastar ni medio gramo de energía; y otras tantas importantes que hacen a nuestro bien común y salud social por las que deberíamos comenzar a ocuparnos en serio. Y bien. Queremos tanto, hacemos tan poco; logramos tanto menos.

Sin hacerme eco de narrativas conspiranoicas en las que no creo; comienzo a sentir que nuestro fracaso catastrófico no es un accidente ni el síntoma trágico de una decadencia interminable, sino el resultado de un diseño. Desalienta, pero pareciera que nuestro esperpentismo podría ser perpetuo y estructural si no nos decidimos a cambiar todo lo que hay que cambiar; rápido, pero bien. No cerrando ni cortando todo sin pensar ni pestañear. Por el contrario; pensando, corrigiendo y midiendo. Y volviendo a corregir si fuera necesario. Poniendo a cada cosa en su lugar y haciendo que todo funcione como debe funcionar. Ojalá así sea.

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