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Cómo era el calendario maya, por qué fue tan exacto incluso en segundos y cómo sigue vigente hoy

La civilización maya desarrolló uno de los sistemas de medición del tiempo más precisos de la historia antigua, basado en avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos. A través de distintos calendarios, logró registrar hechos históricos, organizar la vida social y espiritual y anticipar ciclos naturales, un saber que aún hoy sigue vigente en comunidades mayas de Mesoamérica.
Martes, 06 de enero de 2026 09:24
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La forma en que los antiguos mayas midieron el tiempo sigue sorprendiendo a historiadores, astrónomos y matemáticos modernos. Su sistema calendárico alcanzó un nivel de precisión extraordinario para una civilización precolombina, al punto de rivalizar -e incluso superar- a calendarios desarrollados siglos después en Europa.

Ese logro fue posible gracias a una combinación poco común de conocimientos: una matemática avanzada, que incluía la concepción del número cero, y una profunda observación astronómica. Juntos, estos saberes les permitieron construir un registro cronológico más exacto que el de muchas culturas de su época, tanto en Occidente como en Oriente.

El historiador mexicano Miguel León-Portilla (1926-2019), uno de los máximos referentes en estudios mesoamericanos, explicaba que los mayas sentían una preocupación central por “conocer los misterios del universo, precisando el significado y la medida de sus ciclos”.

“Ninguna otra cultura de la antigüedad llegó a formular, como ellos, tal número de módulos y categorías calendáricas ni tantas relaciones matemáticas para enmarcar, con infatigable anhelo de exactitud, la realidad cíclica del tiempo desde los más variados puntos de vista”, escribió León-Portilla en su obra Los afanes cronológicos de los mayas.

El calendario maya no solo servía para llevar la cuenta de los días. Permitía registrar acontecimientos clave -como el nacimiento o la muerte de un gobernante, batallas o capitulaciones de ciudades-, organizar los ciclos agrícolas, seguir las fases lunares y definir creencias espirituales. En la cosmovisión maya, cada día tenía una influencia particular sobre las personas y los hechos.

La civilización maya surgió antes del 2000 a.C. en territorios que hoy corresponden al sureste de México, Guatemala, Belice y el oeste de Honduras y El Salvador. Aunque su poder político se derrumbó siglos atrás, las comunidades mayas continúan existiendo y preservando parte de su herencia cultural hasta la actualidad.

“Mis antepasados, mis abuelos, se pasaron cientos de años estudiando el tiempo, porque necesitaban saber con precisión cuándo era qué. Yo siempre digo a mis alumnos que el calendario maya fue tan exacto incluso hasta en segundos”, explica Julio David Menchú, docente guatemalteco y especialista en el calendario maya.

En muchas comunidades, sobre todo en Guatemala y el sureste mexicano, el calendario no es una reliquia del pasado, sino una herramienta viva que forma parte de la espiritualidad y de la vida cotidiana.

Tzolk’in, Haab’ y la cuenta larga

A lo largo de distintos períodos, desde el 2000 a.C. hasta el siglo XVII, los mayas utilizaron varios sistemas para contar el tiempo. Sin embargo, tres calendarios fueron centrales y siguen siendo los más conocidos.

1. El calendario Tzolk’in o ritual

El Tzolk’in, también llamado calendario ritual, tiene una duración de 260 días. Cada fecha se compone de dos elementos: un número del 1 al 13 y un nombre de día representado por uno de 20 glifos. Por ejemplo, el 12 de diciembre de 2025 correspondió al día 11 Kawak.

De acuerdo con la correlación GMT -desarrollada por Joseph Goodman, Juan Martínez y Erik Thompson, los principales estudiosos de la cronología maya- el próximo reinicio del Tzolk’in, que puede interpretarse como un cambio de ciclo, ocurrirá el 25 de agosto de 2026.

Aunque esta estructura puede recordar a los días de la semana, su significado va mucho más allá. En la cosmovisión maya, cada día posee una energía o nahual que influye en la vida cotidiana: orienta decisiones, rituales, actividades permitidas o no, e incluso el carácter de una persona nacida en esa fecha.

El Tzolk’in también estaba estrechamente ligado a la agricultura, base económica de la civilización maya. El ciclo de 260 días, de hecho, fue compartido por otras culturas mesoamericanas como los olmecas, toltecas, teotihuacanos y mexicas.

Para articular esa cuenta ritual con el año solar, los mayas desarrollaron un segundo calendario.

2. El calendario Haab’

El Haab’ es el calendario solar maya. Está compuesto por 365 días, organizados en 20 meses de 18 días cada uno, más un período especial de cinco días adicionales. Al igual que en el Tzolk’in, las fechas se expresan mediante un número de día y el nombre del mes.

A diferencia del calendario gregoriano, los mayas concebían el final de un ciclo como el inicio del siguiente. Por eso, los meses del Haab’ comenzaban en el último día del mes anterior.

Ambos calendarios se combinaban mediante un sistema conocido como la “rueda calendárica”, que integraba el número y glifo del Tzolk’in con el número y mes del Haab’.

Esta lectura conjunta era fundamental para definir el momento adecuado de rituales espirituales, tareas agrícolas y ceremonias civiles o políticas.

El ciclo completo de la rueda calendárica abarcaba 18.980 días, equivalentes a 52 años solares. Para los mayas, ese período marcaba el inicio y el fin de una era, de manera similar a un cambio de siglo. Alcanzar los 52 años implicaba sabiduría, pero también un renacimiento simbólico.

Esta combinación dio origen a un tercer sistema.

3. El calendario de la cuenta larga

La cuenta larga permitía fechar acontecimientos a lo largo de siglos y milenios. Su unidad mínima era el kin (un día). Veinte kines formaban un uinal; 18 uinales, un tun; 20 tunes, un katún; y 20 katunes, un baktún.

Por ejemplo, el 1 de enero del año 2000 correspondió en la cuenta larga a la fecha 12 baktún, 19 katún, 6 tun, 15 uinal y 2 kin, que suele abreviarse como 12.19.6.15.2.

En la vida diaria, la cuenta larga no se utilizaba para contar los días, pero era clave para registrar sucesos históricos: muertes de gobernantes, nacimientos de herederos, conquistas, derrotas o alianzas políticas. También permitía anticipar el cierre y la apertura de grandes ciclos temporales.

De allí surgió la notoriedad del 13 baktún, que concluyó el 21 de diciembre de 2012. En los años previos, se difundió erróneamente la idea de que los mayas habían predicho el fin del mundo, cuando en realidad se trataba simplemente del cierre de un ciclo y el inicio de otro.

Así como el calendario juliano y luego el gregoriano fijaron el nacimiento de Jesucristo como punto de partida, los mayas situaron el inicio del tiempo en una fecha equivalente al 11 de agosto de 3114 a.C.

El motivo de esa elección sigue siendo un misterio, ya que la civilización maya aún no existía entonces. León-Portilla sostenía que no se trataba de un límite cronológico -los mayas podían contar indefinidamente hacia atrás- sino de un “evento especialmente significativo” o de la “última creación del mundo”.

Una civilización adelantada a su tiempo

Para León-Portilla, la precisión con la que los mayas estudiaron el tiempo se explica por su dominio de las matemáticas y la astronomía. Sabían que un año de 365 días se desfasaba con el paso del tiempo, por lo que desarrollaron un sistema de corrección similar al de los años bisiestos, siglos antes de que Europa lo adoptara en el calendario gregoriano.

Los mayas calcularon que el año trópico duraba 365,2420 días. El calendario gregoriano lo estableció en 365,2425, mientras que la ciencia moderna lo sitúa en 365,2422. En términos de precisión, el cálculo maya fue notablemente exacto.

Además, lograron medir con gran exactitud ciclos astronómicos clave. Calcularon la revolución sinódica de Venus en 584 días, con un margen de error de apenas 0,08 días cada 481 años, y desarrollaron tablas capaces de predecir eclipses con notable exactitud.

Ese conocimiento se reflejó también en su arquitectura. Un ejemplo emblemático es la pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, donde durante los equinoccios de primavera y otoño la sombra proyectada dibuja una serpiente descendiendo por la escalinata.

El calendario maya en la actualidad

Según explica Julio David Menchú, el calendario Tzolk’in -conocido como Cholq’ij en lengua quiché- sigue siendo utilizado hoy por muchas comunidades mayas, especialmente en Guatemala, donde la cultura se preservó con mayor fuerza.

“Para nosotros, el calendario es como una brújula. Nos dice qué hacer. Hoy es 2 k’in: enciendo dos candelas para pedir luz, sabiduría, inteligencia”, relata.

Durante décadas, la cultura maya fue reprimida en Guatemala. Sin embargo, tras los acuerdos de paz de la década de 1990 y el reconocimiento de los pueblos originarios, el calendario recuperó su lugar central en la vida comunitaria.

Menchú recuerda especialmente la noche del 20 al 21 de diciembre de 2012. “Hicimos tres ceremonias y muchos lloramos frente al fuego. Sentíamos que los abuelos habían sufrido durante 400 años de ese ciclo y que el 13 baktún traía esperanza y un despertar de los pueblos”.

Como siglos atrás, el cambio de ciclo fue registrado en una estela tallada con glifos en la zona arqueológica de Iximché, cerca de Ciudad de Guatemala, donde se narró la historia del pueblo kaqchikel.

Para Menchú, el calendario maya es mucho más que un sistema para medir el tiempo: es una filosofía de vida. “Nos ubica en el tiempo y el espacio, nos ayuda a entender que no estamos solos en el universo y que nacimos en un momento específico, con una energía particular, propicia para sembrar, para crear y para vivir”.

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