La posibilidad de que el oso de anteojos, el único oso de Sudamérica y figura central del mito del “ucumar”, habite o haya habitado recientemente en el norte argentino instaló una fuerte controversia entre investigadores de Salta y Jujuy.
El debate resurgió en las últimas semanas luego de que la bióloga Erica Cuyckens, investigadora croata del Centro de Estudios Territoriales Ambientales y Sociales y del Instituto de Ecorregiones Andinas del Conicet–Universidad Nacional de Jujuy, pusiera en duda la presencia del animal en territorio argentino. Sus declaraciones cuestionaron los trabajos del investigador salteño Fernando del Moral, quien desde hace años sostiene que el oso andino (Tremarctos ornatus) habita sectores de las Yungas del noroeste argentino, especialmente en áreas cercanas a la frontera con Bolivia.
La discusión no es menor. Confirmar la presencia del oso en Argentina implicaría ampliar el rango de distribución de la especie y abrir nuevas líneas de investigación y conservación para uno de los mamíferos más emblemáticos de los Andes.
Cuyckens sostiene que, hasta el momento, no existe evidencia científica sólida para afirmar que el oso de anteojos vive en Argentina. Explicó a la prensa que, durante más de dos décadas se han realizado relevamientos de fauna en las Yungas utilizando cámaras trampa, monitoreos de campo y entrevistas a pobladores rurales. Sin embargo, ninguno de esos estudios registró la presencia del oso. “No hay ninguna evidencia del oso en Argentina, ni histórica ni actual”, afirmó la investigadora.
Otro argumento que menciona, es que en países donde habita el oso andino, como Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia, su presencia suele detectarse a través de huellas, restos de alimento o daños en cultivos. “Hemos recorrido prácticamente todas las Yungas, incluso lugares muy alejados, y nunca encontramos nada”, aseguró. Otro punto que menciona Cuyckens es el conocimiento que tienen las comunidades rurales. Según explicó, cuando se realizan entrevistas a pobladores del monte suelen mencionar animales como jaguares, pumas o tapires, pero nunca al oso. “La gente del campo conoce el mito del ucumar, pero ellos mismos dicen que es un cuento”, señaló.
La respuesta de Fernando del Moral no se hizo esperar
Las afirmaciones de Cuyckens provocaron una rápida reacción del investigador salteño Fernando del Moral, quien sostiene que sí existen indicios y registros científicos que respaldan la presencia del oso en el país.
Del Moral –quien desde hace décadas estudia la especie- asegura que la afirmación de que no existen evidencias es incorrecta y sostiene que su equipo ha recolectado diversos tipos de registros, entre ellos huellas, restos de alimento, heces y otros indicios asociados al comportamiento del animal. Pero el argumento central de su postura es la existencia de evidencia genética.
Según explicó, en 2014 se logró secuenciar material genético atribuido al oso andino proveniente de muestras recolectadas en el norte argentino. Ese trabajo fue presentado en congresos internacionales de mastozoología y publicado posteriormente en la revista científica Ursus, especializada en estudios sobre osos.
Del Moral sostiene que ese estudio fue revisado por expertos internacionales y que no recibió objeciones. “Hay evidencias actuales del oso en Argentina. Además de registros de huellas, comederos y heces, la especie fue secuenciada genéticamente”, afirmó.
El investigador también cuestionó la afirmación de que no existen registros históricos. Según explicó, existen menciones al oso en documentos desde el siglo XIX y reportes de avistamientos realizados por trabajadores rurales durante el siglo XX.
Además, recordó que en la década de 1990 se recolectaron muestras físicas en Jujuy, como pelos y heces, que posteriormente fueron analizadas.
Para Del Moral, otro error en la postura de sus críticos es suponer que la ausencia de registros en cámaras trampa demuestra la inexistencia del animal. Según explicó, el estudio de osos requiere protocolos específicos y métodos de muestreo adaptados a la biología de la especie.
“Para trabajar con osos se necesita una metodología particular. No se puede esperar que aparezcan simplemente por azar”, señaló.
Incluso en regiones donde la presencia del oso está confirmada, explicó, pueden pasar largos períodos sin que el animal sea captado por cámaras trampa.
Del Moral también cuestiona la idea de que las Yungas argentinas hayan sido completamente relevadas. A su juicio, existen sectores poco explorados donde aún podrían encontrarse poblaciones pequeñas o individuos dispersos provenientes de Bolivia.
Un debate que sigue abierto
Más allá de la controversia, ambos investigadores coinciden en un punto, la presencia del oso andino en Argentina sería un hallazgo de enorme relevancia científica y ambiental.
La especie se encuentra catalogada como vulnerable a nivel global y sus poblaciones han disminuido en gran parte de su rango de distribución debido a la pérdida de hábitat y a los conflictos con actividades humanas.
Si el oso habitara las Yungas argentinas, la región se convertiría en el extremo austral de su distribución.
Por ahora, la discusión continúa abierta entre quienes sostienen que el oso de anteojos podría habitar el norte argentino y quienes consideran que su presencia sigue siendo, al menos hasta ahora, parte del mito del ucumar.