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El fútbol salteño despide a Maravilla Rodríguez: "Ya estoy en manos de Dios", expresó en su última entrevista

Fue el entrenador más ganador de la Liga del Valle y una referencia ineludible del fútbol regional. Brilló como jugador en Central Norte, en Instituto de Córdoba y Huracán. Tras una lesión que lo retiró de las canchas y construyó una carrera histórica como director técnico, con su última estrella en 2018 junto a Olimpia Oriental, de Rosario de Lerma.
Martes, 24 de febrero de 2026 11:06

El fútbol del Valle de Lerma amaneció de luto. Miguel “Maravilla” Rodríguez, el entrenador más ganador de la liga vallista, falleció dejando una huella profunda en varias generaciones de futbolistas, dirigentes e hinchas. Su nombre quedó asociado para siempre a la pasión por la pelota y a una forma de vivir el deporte con entrega total. La noticia de su deceso trascendió esta mañana y no tardó en viralizarse y reflejarse en todos los portales del Valle de Lerma.

Según trascendió, estaba internado en una clínica capitalina a causa de una dura enfermedad. En los últimos días, había sido dado de alta.

Antes de convertirse en un símbolo desde el banco, Rodríguez supo destacarse como jugador en Central Norte, en Instituto de Córdoba y Huracán. Una lesión lo obligó a colgar los botines antes de lo previsto, pero lejos de alejarlo del fútbol, lo empujó hacia la dirección técnica, donde escribiría las páginas más gloriosas de su historia. Fue compañero y amigo de Carrascosa, Ardiles, Brindisi y Carlos Babington, entre otras reconocidas figuras.  También de Oscar Derticya, quien recientemente le hizo llegar un video para expresarle su cariño y admiración.

 

Como entrenador, fue campeón con su querido Chicoana, celebró títulos en La Merced, en Juventud Unida y en Cerrillos fue jugador, goleador y campeón a finales de los 80. También dejó un recuerdo imborrable en Huaytiquina por la campaña en el Torneo del Interior. Su última consagración llegó en 2018, cuando gritó campeón con Olimpia Oriental, sumando una nueva estrella a una trayectoria que ya era referencia obligada en el Valle.

Querido en cada institución que lo tuvo al frente, “Maravilla” cosechó trofeos y sembró identidad. Muchos de sus dirigidos lo recuerdan por la enseñanza que iba más allá de lo táctico y apuntaba al valor del compañerismo, la pelota compartida, el deseo de competir con respeto y compromiso. En sus últimos años fue presidente en su amado Chicoana y, cuando el club lo necesitó, volvió a la banca sin dudar. En 2025 asumió como coordinador de selecciones de la Liga del Valle, mientras enfrentaba problemas de salud.

El fútbol salteño despide hoy a uno de sus grandes formadores. Miguel Rodríguez vivía y respiraba fútbol. Su legado se mide tanto en campeonatos, como en la cantidad de jugadores que crecieron bajo su mirada y en la memoria agradecida del valle. 

Su último mensaje a los hinchas y clubes de sus amores

En un mensaje cargado de emoción y agradecimiento, pocos días antes de su fallecimiento, Maravilla expresó que sentía que está transitando el tramo final de su vida. “Realmente creo que llego a mi final”, manifestó, al tiempo que envió un saludo especial a la gente de Rosario de Lerma y a las instituciones deportivas por las que pasó a lo largo de su carrera.

Recordó su paso por Juventud Unida, Olimpia, Unión Guaitibina, Cerrillos y Atlético Chico, destacando los momentos vividos y los títulos obtenidos. “He pasado por tantos lados lindos y he salido campeón”, señaló, rememorando con orgullo su trayectoria en distintos clubes de la región.

Visiblemente conmovido, afirmó que deja su futuro “en manos de Dios” y que esa noche le pediría que le marque el rumbo de su vida. También dedicó palabras de gratitud a Miguelito, Silvana, Natalia y a sus hijos, a quienes agradeció por el acompañamiento permanente y los mensajes de apoyo.

Asimismo, extendió su reconocimiento a quienes, según dijo, siempre le abrieron las puertas de sus casas, y mencionó a sus hermanos Dani, Juan y “Chicha”, este último radicado en Buenos Aires, además de amigos como Martín Janéz. “Hay tanta gente conocida que no podés nombrar a todos”, expresó.

En el cierre de su mensaje, aseguró que se iba “en paz” y con alegría de reencontrarse con su padre, su madre y sus tres hermanos fallecidos. “Que así sea, Diosito mío. Gracias a Dios”, concluyó.

 

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