PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
18°
6 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
PUBLICIDAD

Soñar bajo tierra

Testimonio desde Oriente Medio.
Viernes, 06 de marzo de 2026 09:07

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Anoche soñé algo extraño.

La sirena volvía a sonar,

ese sonido seco que corta el aire

y hace que el cuerpo se movilice antes que la cabeza.

…En el sueño nadie corría.

Caminábamos hacia el refugio con una calma antigua.

Bajar.

Cerrar la puerta.

Esperar.

Alguien dijo en voz baja:

—Ya van veinte veces.

Veinte descensos a ese cuarto blindado de concreto

Allí donde el mundo se vuelve chiquito

y la respiración se escucha más que las palabras.

En el sueño había un psicólogo sentado contra la pared.

Hablaba despacio.

—Esto tiene un nombre —dijo—.

Estrés crónico de supervivencia.

Explicó que cuando el peligro se repite todos los días

el sistema nervioso aprende algo para no romperse.

Se adapta.

—La mente integra el peligro —dijo—.

Lo vuelve parte del paisaje.

Lo llamó normalización del peligro.

El miedo no desaparece.

Pero deja de gritar.

Se vuelve una presencia constante.

Dormimos extremadamente más liviano.

Escuchamos mejor.

—Es el cuerpo diciendo: seguimos vivos.

Entonces apareció un rabino.

Un hombre mayor, con ojos tranquilos.

Escuchó al psicólogo y dijo:

—La psicología explica cómo resiste el cuerpo.

La espiritualidad explica por qué el alma insiste en omnipresente.

Nadie habló por un momento.

En una esquina del refugio estaba ella.

Una mujer santiagueña. La reconozco desde mi nacimiento. Me alegra verla

Firme, fuerte, sabia, con esa mirada de quien ha vivido mucho sin necesidad de contarlo.

Había escuchado todo.

Sonrió apenas. Me miro como si estuviésemos solos

—Mire m’hijo…

cuando el monte se pone bravo, los animales no dejan de vivir.

Ubican el cuerpo y la cabeza, se acomodan al viento y a la sequia que intenta matarlos pero siguen caminando.

Entonces los tres me miraron.

Como si el sueño se hubiera detenido.

El psicólogo habló primero:

—Tenés que escribir.

El rabino asintió.

—Las palabras son tu refugio.

La mujer santiagueña terminó la frase con una suavidad simple:

—Escribi nomás…

que eso lo va a mantenerte a flote.

Entendí algo en ese instante.

Que el refugio protege el cuerpo.

Pero escribir protege otra cosa.

La puerta se abrió.

En el sueño todos salíamos otra vez al mundo.

Y entendí algo simple que tal vez el sueño quería enseñarme:

El peligro puede volverse cotidiano.

El estrés puede instalarse en el cuerpo.

Pero entre una sirena y otra

Seguimos poniendo la mesa,

terminando una conversación,

mirando el cielo.

Como si cada respiración

fuera una pequeña victoria.

Y quizás lo sea…

 

  • Israel Cinman es Consultor Estratégico Organizacional, argentino, a quien la guerra sorprendió de visita en el país de sus antepasados

Temas de la nota

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD