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VIDEO. Medio siglo de errores: una sola represa y obras inútiles en La Merced y Rosario de Lerma

Productores que taparon desagües naturales por interés propio, una única represa aislada y la obra de riego presurizado ejecutada por CEOSA conforman un combo letal. La mezquindad sigue agravando las inundaciones en La Merced y Rosario de Lerma.
Miércoles, 14 de enero de 2026 22:03
Las flechas muestran como el agua escurre en zonas taponadas y no llegan a la única represa que debería recibirla.
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Este 20 de enero se cumplen 50 años de la inundación más grande registrada en La Merced y Rosario de Lerma, según documentó El Tribuno en 1976. En aquel entonces cayeron alrededor de 70 milímetros de lluvia, lo que generó temor en la población, pero sin provocar pérdidas materiales de consideración. La realidad de hoy es muy distinta y mucho más grave.

El miércoles de la semana pasada, en menos de una hora, se registraron más de 110 milímetros de precipitación en la zona de la Ruta 49, camino a Los Vallistos. El resultado fue devastador: La Merced completamente inundada y amplios tramos de la Ruta Nacional 68 anegados dentro de esta jurisdicción. A diferencia de hace cinco décadas, hoy hay más habitantes, más construcciones, rutas estratégicas comprometidas y pérdidas económicas concretas.

Pero el problema no es solo climático. Productores y técnicos coinciden en que las inundaciones actuales responden a un cóctel peligroso: mezquindades sectoriales de algunos productores, falta de controles, loteos populares irregulares, alteración de cursos naturales de agua y un Estado ausente durante años.

Una situación alarmante

Durante un recorrido por la zona inundable entre La Merced, Rosario de Lerma y Cerrillos, el equipo de El Tribuno constató una situación alarmante: fincas sin control efectivo, canales naturales y “huaicos”, depresiones naturales del suelo que funcionan como desagües, tapados deliberadamente por algunos productores, principalmente tabacaleros, para proteger intereses particulares. Esa práctica, además de ilegal, termina volcando grandes volúmenes de agua hacia áreas urbanas.

 

En la finca Seminario, entre la Ruta 49 y la Ruta Secundaria 22, se encuentra la única represa de contención construida, cuando el proyecto original preveía entre ocho y once represas en todo el Valle de Lerma. El propietario del predio, de apellido Vera, cedió tierras para ampliar esta obra, que fue ejecutada por Recursos Hídricos y concluida el año pasado. Esta única represa cumplió su función al amortiguar el golpe de agua, evitando un colapso mayor.

“Esta obra forma parte de un proyecto integral de Recursos Hídricos para contener el agua que baja desde Campo Quijano y Rosario de Lerma. Lamentablemente, fue la única que se hizo”, señaló uno de los productores que acompañó a El Tribuno a la zona. El productor y vecino de La Merced, explicó que, con la compuerta abierta durante la época estival, la represa permite liberar parte del caudal de forma controlada, evitando que todo el volumen llegue de golpe al pueblo.

Sin embargo, el agua que inundó La Merced no provino de esa represa, sino principalmente por la calle San Martín, donde múltiples productores de Rosario de Lerma y La Merced, cortaron desagües naturales y levantaron terraplenes que desvían el agua hacia zonas urbanas. “Es ilegal interrumpir los cursos naturales, pero nadie controla ni aplica la ley”, afirmaron.

La cartografía de la zona muestra claramente desagües naturales que cruzan las fincas en diagonal, de norte a sudoeste, y que deberían evacuar el agua hacia cañadones que desembocan lejos del casco urbano. Hoy, esos pasos están bloqueados. El resultado es un embudo que concentra el agua en La Merced.

A esto se suma la responsabilidad del propio Estado. Barrios populares como Güemes fueron construidos sobre antiguos desagües naturales, con terraplenes que alteraron definitivamente el escurrimiento del agua. “Acá desviaron todos: algunos productores ligados al poder, particulares y el Estado. Nadie entendió —o quiso entender— lo que estaba haciendo”, resumió uno de los productores.

El escenario se agravó aún más con la ejecución de la promocionada obra de riego presurizado del Río Toro, inaugurada en 2018 por el entonces gobernador Juan Manuel Urtubey. Anunciada como la obra de riego más importante de Latinoamérica, prometía beneficiar a más

No funcionan como deberían

A más de cuatro años de su ejecución, los caños presurizados atraviesan campos y caminos, pero no funcionan como deberían. Productores denuncian roturas constantes, válvulas defectuosas y alteraciones en los niveles de los caminos rurales. Lo más grave: el sistema modificó el curso natural de las aguas, aumentando el volumen y la velocidad con que descienden desde Rosario de Lerma, agravando inundaciones en campos, rutas y barrios.

“La idea era buena, pero la obra está mal hecha. Los materiales no resisten la presión y nadie se hace cargo”, relató otro productor de la Ruta 49, cuya vivienda centenaria jamás se había inundado hasta la ejecución de este proyecto.

Hoy, a 50 años de aquella inundación histórica, el Valle de Lerma enfrenta un problema más complejo y peligroso. No por la lluvia en sí, sino por décadas de decisiones erradas, falta de planificación, controles inexistentes y una lógica individualista que termina castigando a toda la comunidad. La historia se repite, pero con consecuencias cada vez más graves.
 

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