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El pueblo de Metán honró este jueves a su santo patrono San José con una serie de actividades religiosas y tradicionales que convocaron a vecinos y fieles en distintos puntos de la ciudad.
Las celebraciones se concentraron principalmente en la parroquia San José, considerada un monumento histórico provincial, donde se desarrollaron los actos litúrgicos y las actividades principales.
La jornada se inició a la medianoche con el repique de campanas y una misa. Luego, a las 7, se rezó el rosario de la aurora, mientras que a las 8 se realizaron bautismos.
Más tarde, a las 10.30, se llevó a cabo la tradicional misa de los carpinteros y artesanos, en honor a San José como figura del trabajo y protector de las familias.
Procesión y desfile gaucho por las calles de Metán
Uno de los momentos más convocantes se vivió por la tarde, cuando desde las 16 se realizó la procesión con la imagen del santo patrono por las calles de la ciudad.
Luego de la recorrida, se celebró una misa central y posteriormente tuvo lugar el desfile de gauchos pertenecientes a distintos fortines, que rindieron homenaje con su presencia.
Las actividades previas también contaron con una importante participación de fieles. Durante los días de novena, los gauchos realizaron guardias de honor frente a la imagen de San José, en un gesto de devoción que se sostuvo durante toda la semana.
El recuerdo de una fecha marcada por la tragedia
La festividad del 19 de marzo también remite a un hecho histórico que marcó profundamente a la ciudad. El profesor e historiador Eduardo Poma recordó que en 1949, en esa misma fecha, Metán sufrió un aluvión que provocó graves daños.
Según los testimonios, lluvias torrenciales generaron un desborde que afectó principalmente la zona de la avenida 9 de Julio y la calle Güemes, con importantes pérdidas materiales y momentos de desesperación entre los vecinos.
El fenómeno dejó como saldo más de 400 familias damnificadas, viviendas destruidas o seriamente dañadas, comercios afectados y cortes en servicios esenciales.
El agua y el lodo alcanzaron niveles críticos en algunos sectores, obligando a muchas familias a buscar refugio en medio de la emergencia.
“Las horas dramáticas que vivió nuestra población, a partir del 19 de marzo de 1949, son prácticamente ignoradas por las nuevas generaciones, incluso por los más adultos, ya que son pocos los que viven todavía y fueron protagonistas en esas jornadas. Los acontecimientos que relatamos a continuación, fueron tomados de testimonios orales, del periódico “El Crestón”, y del diario “La Gaceta” de Tucumán”, destacó el profesor e historiador.
Relató que el 19 de marzo desde las primeras horas de la madrugada, llueve torrencialmente, lo que provoca un aluvión de agua y lodo que, siguiendo el cauce del arroyo Los Laureles, se precipita sobre la población, principalmente por la calle Güemes destruyendo completamente las cortinas metálicas de Casa Colombo, en 9 de Julio y Güemes, arrastrando toda su mercadería.
“De las 400 familias afectadas, las que más daño sufrieron fueron las de la avenida 9 de Julio, con fondos hacia el ferrocarril. Por allí entró el agua y el lodo destruyendo muebles, ropas y todos sus enseres. Hubo momentos de pánico y desesperación, pues el agua llegó en algunas casas hasta los 1,80 m., lo que les impedía abrir las puertas hacia la calle. Algunas mujeres y niños se salvaron colgándose de las banderolas, no sin sufrir heridas por los vidrios rotos”, indicó Poma.
Destacó que las familias más afectadas fueron las de Brazanovich, Luisa Poma de Leavy, Alderete, Alemán, Adelina de Acuña, Mercedes Soto de Poma, Sánchez y Bellasay. “Providencialmente, la usina de la firma Lávaque & Poma no paró sus motores a pesar de las descargas eléctricas, permitiendo las tareas de salvataje, destacándose en ellas Nicolás Moschetti, Francisco Marinelli y Gemán Gaitán, quienes salvaron mujeres y niños. Como las tomas fueron destruidas, el pueblo quedó sin agua corriente, y el amanecer de ese día 19 dejó ver una gruesa capa de lodo en la avenida 9 de Julio, y zanjones en la calle Güemes”.
El día 21 llegó un destacamento de los Bomberos de Salta, para ayudar a las víctimas, y desagotar los sótanos de muchas viviendas, mientras que Rosario de la Frontera mandaba un camión con agua potable. Durante los días 22 y 23 otra vez llueve copiosamente, y la correntada destroza el terraplén ferroviario a la altura de la calle Santa Fe, ocasionando graves daños a las familias Canseco, Escudero, Escribas, Lucena y Giménez, a la vez que crecen y se desbordan, arrastrando árboles y animales los ríos Metán y Conchas, cortando este último el puente del ferrocarril. En tres días cayeron más de 500 milímetros, pero en los cerros las lluvias fueron más intensas por las huellas que a simple vista se pueden observar. “A lo largo de toda la sierra de Metán se ven como heridas donde, sin duda, la vegetación fue arrancada por los torrentes”.
La Escuela General Belgrano habilita albergues para las familias que quedaron sin techo, y por ferrocarril llegan vagones con agua potable. Tucumán envía, por pedido del Gobierno de Salta, un destacamento de infantería al mando del teniente Jorge Chaía, para colaborar en todo tipo de tareas. Y por el problema del agua se solicita el urgente envío de vacunas contra la fiebre tifoidea. El día 24 el intendente municipal señor Ginés Alvarez, forma una Comisión de Vecinos Pro-Ayuda a Damnificados, integrada por los señores Nicolás Moschetti, Luis A Campos, Carlos Gatti, Luis Romeri, Alberto Guzmán Arias, Alfredo López, Alberto Wiegers, Pablo C. Arroyo, Ricardo Villares y el Dr. José Novo Hartmann. Desde la Presidencia de la Nación se remite gran cantidad de ropa para ser distribuida entre las familias de escasos recursos.
Una primera evaluación de las víctimas y daños arrojó lo siguiente: 4 muertos, numerosos heridos y dos quemados por un rayo; más 400 familias damnificadas; varias viviendas destruidas y otras seriamente dañadas; varios comercios afectados y Tiendas Casa Colombo, cuyo gerente es el señor Ricardo Villares, con pérdidas totales; innumerables animales domésticos de toda especie desaparecidos; distintos caminos, alambrados y sembradíos arrasados; cortes en las vías del ferrocarril y daños en el puente sobre el río Conchas; el pavimento de la avenida 9 de Julio destruido; las tomas de agua corriente totalmente dañadas.
El olvido del patrono
Poma relató que en el mes de abril las lluvias mermaron y la calma renace. Muchos culparon del desastre al nuevo trazado de la ruta nacional Nº 34, que bordea las primeras estribaciones montañosas del pueblo, donde se construyeron terraplenes y alcantarillas, por lo que se exige la canalización de los arroyos Los Laureles y Las Canoas. Otros culpan a la población, como dice el periódico local: “…por el olvido que tenía del viejo Patrono de Metán, San José”, y que “…desde hace varios años este pueblo vive en permanente juerga, diversiones, fiestas, juegos y vicios y bailes desenfrenados, olvidando a su Patrono, que es una artesano de trabajo, padre y protector de familias. Y cuando más y por primera vez se lo quiso festejar con dos días continuados, con un extenso programa de bailables, recibimos el aluvión… y a pesar de estar el pueblo de duelo, el Recreo Ideal organizó un baile el día lunes y como premio, el martes 22 a la madrugada, tuvimos el segundo aluvión y el miércoles 23 siguió la tercera inundación”. En mayo se crea el “Centro de Damnificados por la Inundación”.
Al frente de la Parroquia de San José estaba el P. José Mir, quien también era director del Colegio José Manuel Estrada, primer establecimiento secundario de Metán. Así fueron estos dramáticos acontecimientos que dejaron profundas huellas en la mayoría de los metanenses.