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Viernes, 29 de junio de 2018 00:00

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Dólar, inflación, paros nacionales, FMI, estancamiento. El Presupuesto nacional es una ley fundamental por su enorme influencia sobre las expectativas, negociaciones salariales, presupuestos provinciales y municipales, obras públicas y también contratos privados.

La Ley de Presupuesto para 2018 se construyó con una inflación estimada del 15%, un dólar promedio anual a $19,3 y un crecimiento esperado de la economía del 3,5%. Seis meses después estimamos que la inflación rondará el 30% a fin de año, el dólar hoy cotiza cerca de $28 y el crecimiento del PBI rondará el 1%. Dicho crecimiento es explicado por lo realizado en el primer cuatrimestre no por lo que vendrá, por lo tanto lo que se avizora para el segundo semestre es estancamiento.

La génesis de todos los males en la hacienda pública se encuentra en los déficits fiscales generados por la escasez de algunos funcionarios y la complicidad de parte del sector privado. Desde 1961 sólo tuvimos siete años con superávit fiscal. Pagamos los desequilibrios emitiendo deuda o emitiendo billetes. Tanto la política de endeudamiento como la monetaria tienen sus límites, llevarlas más allá provoca una crisis.

El gobierno anterior terminó emitiendo moneda a un nivel del 40% con un crecimiento del PBI cercano al 2%. No es necesario ser muy monetarista para suponer la presión inflacionaria que generaría esa tamaña cantidad de excedente de dinero en la economía, tal como sucedió.

El actual gobierno recurrió al crédito para pagar el déficit fiscal. Se pidieron más de 100 mil millones de dólares en 2 años de deuda. Lo que equivale a más de 50 presupuestos de la provincia de Salta. Tampoco es necesario ser un experto en finanzas para adivinar que el límite en el acceso al crédito se avecinaba. A la Argentina le costaba cada vez más obtener financiamiento para pagar sus cuentas. Recurrimos al FMI. El pensamiento del FMI es siempre el mismo. Ellos son "ortodoxos". En las escuelas económicas encontramos diferentes pensamientos que se identifican claramente, por dar algunos ejemplos tenemos a los capitalistas y a los socialistas; a los keynesianos y a los clásicos; a los ortodoxos y a los heterodoxos. Los ortodoxos sostienen que la participación del Estado debe ser la menor posible en la economía y promover una mayor participación del mercado. Los burócratas de este organismo internacional exigen cuentas saneadas, con lo cual pedirán que ajustes tus déficits si deseas que te asistan técnica y financieramente.

No se trata si ahora son más buenos que antes. El FMI siempre exigirá lo mismo. Con alguna novedad, en este caso, que no te hagan ajustar los primeros años la cuenta previsional y social. Pero sólo los 2 primeros. De todas maneras el ajuste se planteó en diciembre, con lo cual parte de la tarea estaba hecha.

Las cuentas del gasto a reducir son subsidios (tarifas, transporte, etc.), trasferencias a provincias, obras públicas y salarios.

El ingreso de los argentinos irá perdiendo capacidad de compra, tal como lo viene haciendo. El salario del empleado público en dólares será cada vez menor, de tal forma que el endeudamiento en dólares rinda más, es decir que con menos dólares pago más sueldos (a esto se le llama licuar el salario). Ante esta situación los paros y la conflictividad social pasan a ser moneda corriente, más motu proprio de las bases que por animosidad gremial.

Se esperan meses con una economía enfriada, donde la microeconomía es más importante que la macroeconomía. Quiere decir que se hace imprescindible cuidar el trabajo, prestar atención a los costos, no caer en la ilusión monetaria de la timba financiera, hacer buenas compras, afinar procesos y vender bien. Es un año de ajuste.

 

 

 

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