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El ajuar de los Niños del Llullaillaco: un sorprendente mundo en miniatura

Es un espejo donde se mira la geografía del extenso territorio incaico.
Sabado, 23 de marzo de 2024 18:00

Una visita al Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM) supone una verdadera travesía emocional, un ascenso imaginario al sitio sagrado del volcán Llullaillaco, un viaje al pasado por el camino del inca... Supone ser respetuosos y asombrados testigos de la cosmovisión indígena de hace cinco siglos. 

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Una visita al Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM) supone una verdadera travesía emocional, un ascenso imaginario al sitio sagrado del volcán Llullaillaco, un viaje al pasado por el camino del inca... Supone ser respetuosos y asombrados testigos de la cosmovisión indígena de hace cinco siglos. 

Los tres niños y su ajuar de más de 140 piezas, cada una con un significado y un propósito en el ritual del que formaban parte, despiertan emociones profundas, a la vez que muestran un hilo invisible de atemporalidad que comunica mundos distantes y elimina todo tipo de fronteras.

El ajuar de los Niños del Llullaillaco es un espejo donde se mira la geografía del extenso territorio incaico, con valvas marinas de Ecuador, metales de la Cordillera de los Andes, lanas finas del Altiplano, plumas de aves de la selva amazónica, hojas de coca de las yungas bolivianas, papa y maíz de distintas regiones, semillas, y joyas fabricadas en Cuzco.

El tocado de plumas que adorna la cabeza de "La Doncella" tiene una reproducción exacta en el tocado de una muñeca de plata de 13 centímetros de altura. Diferentes estudios señalan que la plata, como la luna, representaba para los incas la línea femenina, al igual que la papa entre los alimentos.

En cambio, el Niño en miniatura es de oro. Este metal precioso, según los mismos trabajos interpretativos, simbolizaba la línea masculina, como el sol y los amarillos granos del maiz.    

En el MAAM hay una sala dedicada al ajuar femenino que acompañaba a las dos niñas ofrendadas en el volcán Llullaillaco y otra sala para el ajuar masculino que estaba junto al niño. El femenino contiene cucharas labradas, platos con cabeza de pájaro, vasos y pequeñas figuras talladas en valvas de spondylus como símbolos de fertilidad. 

 En la sala del ajuar masculino se observan caravanas de llamas en miniatura, y muñecos que representan al Niño con plumas en penacho sobre el oro de sus cabezas.

Las ropas que recubren a los Niños estaban en perfectas condiciones tanto en su textura como en sus colores, tras cinco siglos bajo la tierra.

Actualmente se conservan intactos en el MAAM, a una temperatura constante de 18 grados centígrados, con 45 por ciento de humedad.

Cada uno de los objetos que formaban parte del ajuar de estos niños tuvo un profundo significado del cual mucho se desconoce hasta hoy.

Fueron manufacturados con sumo detalle y cuidado por personas especialmente dedicadas a confeccionar las ofrendas para sus deidades.

En la distribución de las ofrendas y de los cuerpos en el interior de una plataforma rectangular como la del Llullaillaco, quedó la última evidencia material de un complejo ritual ancestral.

Figuras humanas y de camélidos

En las ceremonias de capacocha realizadas en los Andes durante la época inca, se ofrecían sacrificios humanos, especialmente de niñas y niños de gran belleza, considerados perfectos, como los Niños del Llullaillaco. Al interior de estos rituales sagrados, un aspecto sobresaliente es el diseño que de las prendas femeninas, tejidas en miniatura, vistiendo a pequeñas estatuillas que forman parte de las ofrendas mortuorias. Dichos diseños atraen tanto por su carácter icónico, como por su reiteración en estas ofrendas realizadas en las cumbres andinas. Muy cerca de los cuerpos enterrados en estos santuarios han sido encontradas figuras en formato menor que parecen acompañarlos a la eternidad. Las hay de dos tipos: representaciones de camélidos y representaciones antropomorfas. Entre estas últimas, se distinguen masculinas y femeninas. Poseen una multitud de significantes que aportan información sobre la sociedad incaica tardía.

 

 

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