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2 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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No es solo el primer día: es el comienzo de una historia

Lunes, 02 de marzo de 2026 01:31
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Cada año, la escena se repite. Las salitas de los jardines se visten de fiesta, una mano pequeña aprieta fuerte la de mamá o papá. Una docente que sonríe y que siente ese nudo invisible que sólo conocemos quienes trabajamos con infancias.

Empezar no es simplemente cruzar una puerta. Es algo mucho más profundo. Es aprender a confiar. Y esa confianza se construye. Y en este periodo nos adaptamos todos. Los chicos, las familias, las docentes, los equipos directivos, el personal de la institución. Cambian los vínculos, las rutinas, los espacios y las expectativas. Sabemos que cambiar implica movimiento y que todo movimiento, sobre todo emocional, necesita tiempo.

El inicio no es la ambientación de un niño a una estructura cerrada. Es la construcción compartida de una escena escolar donde cada uno encuentra su lugar. No es casual que tantas pedagogas y pedagogos coincidan en algo: el inicio no es un simple paso administrativo. Es una escena decisiva. Es el momento donde se tejen los primeros hilos entre la historia que cada niño trae y la cultura escolar que comienza a habitar.

La socialización primaria ocurre en la familia y la secundaria en la escuela. Pero la realidad es menos lineal y mucho más compleja. Familia y escuela no se suceden, se complementan. Se entrelazan. Se necesitan. Un niño pequeño necesita el amor incondicional de su familia, pero también necesita encontrarse con otros adultos significativos, aprender a esperar turnos, compartir la atención, comprender normas comunes, tolerar frustraciones, descubrir que no siempre es el centro, y que eso también está bien.

En el Jardín Maternal y en el Jardín de Infantes se enseñan contenidos. Claro que sí. Pero, sobre todo, se enseñan actitudes. Se enseña con la mirada que sostiene.

Con el cuerpo que se agacha para estar a la altura. Con la voz que calma.

Con el silencio que escucha. No es lo mismo un niño que llora y encuentra un abrazo, que un niño que llora y percibe apuro.

En el Nivel Inicial, la pedagogía es profundamente ética. Cada gesto educa. Y esto exige profesionalidad. Mucha más de la que a veces se reconoce socialmente. No se trata solo de separarse sin llorar. Se trata de generar seguridad emocional, de aprender códigos nuevos, de descubrir que lo público también puede ser un lugar de cuidado. En ese gesto cotidiano, una ronda, una canción, una mirada que espera, se va armando la idea de escuela. Y esa idea, una vez construida, acompaña durante toda la trayectoria. Hay niños que entran corriendo y saludan sin mirar atrás. Hay otros que necesitan que mamá se quede unos minutos. Hay quienes requieren un objeto que les recuerde a casa. Y hay quienes necesitan que el adulto marque límites claros desde el primer día. No hay recetas universales.

Este periodo no es un protocolo fijo: es una lectura sensible de cada situación. Y aquí aparece algo que muchas veces no se ve desde afuera: la complejidad de la tarea docente. Pensar y actuar al mismo tiempo. Evaluar mientras se coordina. Sostener al grupo sin dejar de mirar la individualidad. Las primeras experiencias escolares no son un ensayo de lo que vendrá después: dejan huella. Allí se construye la idea misma de escuela que cada niño llevará consigo. Este es un tiempo pedagógico con sentido. Donde debemos generar condiciones para que el derecho a una educación de calidad se cumpla desde el primer día. Hay algo que no se discute: es el respeto por los derechos del niño. Estamos hablando de la etapa donde se construyen las bases emocionales que sostendrán todos los aprendizajes posteriores. Minimizar el Nivel Inicial es desconocer su potencia transformadora.

Trabajar en el período de inicio es aceptar esa responsabilidad permanente.

Es saber que no hay docentes perfectos, pero sí docentes dispuestos a revisar su práctica. Es reconocer que siempre hay algo por hacer, incluso en contextos adversos. Es una declaración de principios. El mensaje que transmitimos no siempre está en las palabras. El docente es modelo permanente. Si yo acompaño con paciencia, los niños aprenden a acompañar. Si yo minimizo emociones, ellos aprenden a minimizar. Cobra mucha importancia poder decir y hacer sentir, a cada niño y cada familia: "Tu emoción importa." "Aquí hay un adulto disponible." "No estás sola/o." "Estamos construyendo juntos."

íBienvenido ciclo lectivo 2026! Los invitamos a pasar. Con una mano que se suelta y otra que sostiene, las puertas se abren para dar lugar a un mundo nuevo. Para muchos niños y niñas será la primera vez que crucen ese umbral: el inicio de sus trayectorias escolares, el primer encuentro con el sistema educativo. Para otros será la continuidad de un camino que comenzó en el Jardín Maternal. Para el resto, es el tiempo de enseñar y cuidar.

Tiempo de ofrecer experiencias que amplían la crianza, que dialogan con la cultura familiar y que enriquecen lo que cada uno trae como tesoro desde su casa.

* Licenciada en Educación Inicial – Especialista en Metodología de la Investigación Educativa

 

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