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La Guardia Revolucionaria y las fuerzas armadas de Irán, descargaron unos 200 misiles sobre Israel y otros 400 dirigidos a Emiratos Árabes, Bahrein, Irak, Jordania, Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudita y Siria. A esto se sumó el ataque con dos misiles a objetivos británicos en Chipre. El ataque iraní involucró al corazón de los países árabes sunitas en la guerra con Estados Unidos e Israel. Las históricas diferencias religiosas entre sunitas y chiitas han enfrentado cada vez más a los musulmanes, y los países atacados temen a las prácticas violentas de Irán. Por eso, en 2020, varios de esos países celebraron los Acuerdos de Abraham, orientados a crear una red protectora frente al enemigo común; asimismo, comenzaron a restablecer vínculos diplomáticos con Tel Aviv.
Durante la guerra de Gaza, Israel -con apoyo de EEUU- se enfrentó con Irán, Líbano y las fuerzas de milicianos de Hamas, Hezbollah y Hutíes yemenitas, que respondían al régimen de Teherán. En ese momento, mientras Europa se solidarizaba con los palestinos, sometidos a una crisis humanitaria, estos países árabes fueron más cautos.
Lo ocurrido en estos días muestra la combatividad del régimen teocrático, que probablemente esté agotando sus recursos para la guerra aérea, y lo imprevisible del desenlace de un enfrentamiento que abre la posibilidad de un nuevo infierno en toda la región.
Al mismo tiempo, Europa parece haber desechado la cautela del primer día. El ataque a puestos militares de Gran Bretaña en la zona encolumnó a este país, a Alemania y a Francia contra Irán, aunque no explícitamente con los Estados Unidos.
"Pese a la contunden cia de los bombardeos, no parece que el régimen chiita vaya a ser derrocado desde el aire y en pocos días"
La figura de Donald Trump se convierte así en un signo de los tiempos. A dos meses de la intervención militar en Venezuela y la detención de Nicolás Maduro -prescindiendo del derecho y los organismos internacionales y del propio Congreso de su país- con el fulminante ataque sobre Teherán EEUU vuelve a patear el tablero del orden mundial de posguerra.
Pero Irán no es Venezuela.
Una invasión militar sobre el territorio iraní costaría un número tan alto de bajas que los estadounidenses no lo tolerarían. Y este año hay elecciones de medio término. Es muy difícil que Trump encuentre una Delcy Rodríguez (la presidenta interina de Venezuela, exvice de Maduro que aceptó reemplazarlo cuando fue detenido) que encabece una transición para terminar con la teocracia.
Un ataque aéreo puntual que destruyera los laboratorios dejaría a Irán fuera de la carrera nuclear, pero probablemente envuelto en una guerra civil. Y, sin duda, la posibilidad de ataques terroristas en cualquier parte del mundo, porque la mecha encendida activaría la guerra santa.
Las intervenciones occidentales militares en otros continentes nunca terminaron bien. Trump puede lograr un triunfo aparente, pero sin lograr su objetivo central. Y si esta guerra desencadenara otra crisis mundial del petróleo, las aspiraciones hegemónicas de Trump se convertirían en utopías.