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Los peligros para un país vulnerable

Viernes, 12 de abril de 2024 02:09

Los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y la Asociación Mutual Israelita Argentina, en 1994, fueron ataques antisemitas y, al mismo tiempo, dos matanzas espantosas dirigidas contra la Argentina. Solamente una mirada cómplice sobre estos crímenes de lesa humanidad puede tener la benevolencia de buscar justificaciones. Las explicaciones verdaderas son inconfesables.

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Los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y la Asociación Mutual Israelita Argentina, en 1994, fueron ataques antisemitas y, al mismo tiempo, dos matanzas espantosas dirigidas contra la Argentina. Solamente una mirada cómplice sobre estos crímenes de lesa humanidad puede tener la benevolencia de buscar justificaciones. Las explicaciones verdaderas son inconfesables.

Ha pasado mucho tiempo, pero el terrorismo se expande por el planeta y la Argentina parece no haber aprendido nada en materia de prevención, de defensa y de diplomacia profesional.

Hace 32 años, nadie en la Argentina esperaba un atentado como el que destruyó la Embajada; tampoco dos años después, cuando el objetivo fue una colectividad argentina. En ambos casos, los coches bomba fueron ubicados de tal modo que fue evidente que uno de los objetivos era sembrar mucha muerte y aterrorizar a todo el país.

Irán, encubierto en la fachada de Hezbollah, utiliza el terrorismo como instrumento de expansión de poder, y para compensar su limitada capacidad tecnológica y militar. Pero desde la revolución de los ayatollah, en 1979, se ha mostrado como un país violento hacia afuera y hacia adentro. La ola de crímenes represivos contra el feminismo que resiste al fundamentalismo religioso y las condenas a muerte que produjo dentro de su territorio en los últimos veinte meses refuerzan la calificación de "Estado terrorista" que le aplicó ayer la Cámara de Casación, en un fallo que se sustenta en pruebas y testimonios acumulados en tres décadas.

Los atentados de Buenos Aires contaron también con cómplices internos, todos integrantes de un entramado de espías y mercenarios, pero, sobre todo, tuvieron a su favor la enorme vulnerabilidad del sistema de inteligencia y de la seguridad que pone a nuestro país como blanco fácil. La ineptitud y la infiltración de los servicios de inteligencia argentinos asoman a lo largo de todos los expedientes acumulados desde 1992.

El pacto secreto de impunidad impulsado por Cristina Fernández de Kirchner tras la muerte de Néstor forma parte de esa fragilidad, en este caso, política, que llevó al país a buscar alianzas con los autoritarismos de China, Rusia e Irán con el endeble argumento de contribuir a un nuevo orden internacional, imaginado multilateral.

El asesinato del fiscal Alberto Nisman es fácilmente comprensible en un escenario tan violento. La incoherencia de acordar bajo poncho con el mismo país al que los presidentes, incluida Cristina, denunciaban por los crímenes ante organismos internacionales es un error que no se perdona en política internacional.

En estos días, parece inminente un enfrentamiento - en escala imprevisible - entre Israel e Irán. Nuevamente, Argentina podría quedar en la línea de fuego por el enfático realineamiento del gobierno de Javier Milei con Estados Unidos e Israel.

Sin solidez diplomática y con personas sin experiencia al frente de la Agencia Federal de Inteligencia, la debilidad del país se agrava por la falta de definiciones sobre el rol de las Fuerzas Armadas para prevenir e impedir que el oleaje del conflicto de Medio Oriente vuelva a sentirse en nuestro territorio.

 

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