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"Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas". Una estrofa consagrada que sintetiza el sentimiento del arriero, en los tiempos en que el traslado de ganado se hacia a caballo. Pero también evoca una visión que atraviesa la literatura rural del siglo XIX y las primeras décadas del XX. "Don Ata", que llevó una vida revolucionaria en su juventud, como activista político por causas nobles, su canto tuvo siempre el sello del compromiso con el ser humano y tuvo razones para considerarse "el payador perseguido", incluso cuando su obra lo consagraba como uno de los mejores intérpretes de la cultura nativa, y un poeta que se acercaba a la cumbre del arte popular.
Héctor Roberto Chavero, su nombre de bautismo, nació el 31 de enero de 1908, en Campo Cruz, Pergamino, Buenos Aires. Su padre era santiagueño, quichuista – parlante, obrero telegrafista del ferrocarril y domador de caballos. Su madre, Higinia Carmen Haran, era criolla descendiente de vascos.Desde niño aprendió violín con un sacerdote y guitarra con Bautista Almirón, en Junín, Buenos Aires.
Guitarrista, cantautor, poeta, escritor, máxima figura del folklore argentino. En 1913, elige el pseudónimo Atahualpa; años después, Yupanqui, del quichua, que significa 'Venir de lejos para narrar'.
En 1917, su familia se trasladó a Tucumán, tierra que lo enamoró y a la que le dedicaría zambas, poemas y su famoso tema Camino del indio, que compuso a los 19 años. Recorrió gran parte de la Argentina, conociendo sus costumbres y sonidos, al trabajar en diferentes oficios sin dejar jamás la música.
Atahualpa Yupanqui nació en un hogar yrigoyenista. "Como las familias de criollos e inmigrantes, los Chavero nutren el radicalismo insurgente de aquellos años", lo describe Norberto Galasso en su libro "Atahualpa Yupanqui: el canto de la patria profunda". A los 24 años, tras el Golpe de Estado que derrocó en 1930 a Hipólito Yrigoyen, participó de la rebelión en La Paz, Entre Ríos, de 1932. Fue un intento revolucionario donde, junto a los hermanos Mario, Eduardo y Roberto Kennedy, el escritor Arturo Jauretche y algunos hombres más, tomaron la comisaría y pidieron la liberación del presidente preso. Así se produjo su prematuro exilio en Uruguay y Brasil.
En 1945, se afilió al Partido Comunista. Sus actuaciones y programas radiales fueron prohibidas entre 1947 y 1953. Tampoco se permitía la interpretación de sus temas por otros artistas. Detenido y encarcelado ocho veces. En 1949, actuó en Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria.
En París, conoció a Edith Piaf, quien lo invitó a sus conciertos, y logró seducir al público parisino. En 1950, obtuvo el premio de la Academia Charles Cross, de París, al mejor disco folklórico del año. En 1952, renunció al Partido Comunista y, en 1953, se levantó su proscripción. En la década de los sesenta, se consolidó su fama internacional; Japón se rindió ante el músico y poeta; ganó en dos oportunidades del Premio Charles Cross al mejor disco extranjero (1968 y 1969). Reconocimiento de su propio país, América y Europa, plasmado en premios y homenajes:
El escenario del Festival Folklórico de Cosquín bautizado con su nombre en 1972; Ciudadano Ilustre en Vera Cruz, México en 1973; condecorado por el Gobierno de Venezuela en 1978; Presidente Honorario de la Asociación de Trovadores de Medellín, Colombia en 1979; Diploma de Honor del Consejo Interamericano de Música de la OEA en 1983; Premio Konex de Platino como autor de folklore en 1985; Premio Caballero de las Artes y Letras del Ministerio de Cultura de Francia en 1986; Doctor Honoris Causa en la Universidad Nacional de Córdoba en 1990; Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1991.
Conformó dúo con Pablo del Cerro, seudónimo de su segunda esposa, Antonieta Paula Pepín Fitzpatrick, conocida como Nenette, música nacida en Francia y formada musicalmente en nuestro país, que musicalizó muchas letras de Atahualpa Yupanqui.
Don Ata, falleció el 23 de mayo de 1992 en Nimes, Francia y el 7 de junio, sus cenizas fueron esparcidas en Cerro Colorado, Córdoba.
Considerado el primer gran folclorista comprometido de América Latina.
Más de 1200 canciones, para el cancionero argentino. Sus libros: Piedra sola (1940), Aires indios (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972) y La Capataza (1992). De las canciones de su autoría pueden citarse: La alabanza, La añera, El arriero, Basta ya, Cachilo dormido, Camino del indio, Coplas del payador perseguido, Los ejes de mi carreta, Indiecito dormido, Le tengo rabia al silencio, Luna tucumana, Milonga del solitario, Piedra y camino, Sin caballo y en Montiel, Tú que puedes, vuélvete, Viene clareando y Zamba del grillo, entre otras.
Dejó palabras inolvidables, entre ellas. "Andaré por los cerros, selvas y llanos toda la vida arrimándole coplas a tu esperanza, tierra querida", o "Caminito que anduvo de sur a norte mi raza vieja."
Y cómo no sentir como parte de uno mismo aquellos versos de "Es mi destino, piedra y camino; de un sueño lejano y bello soy peregrino"
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