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Una vez más, las estadísticas traducen realidades, necesidades y oportunidades que nos obligan a poner el foco en el Nivel Inicial. Porque hablar de educación inicial es hablar de infancias concretas y de trayectorias que comienzan a tejerse mucho antes de que aparezcan los primeros cuadernos o boletines de calificaciones.
La obligatoriedad de la sala de 4 años rige desde enero del 2015 para todas las provincias argentinas bajo el amparo de la Ley 27.045. Dicha norma, que reforma el artículo 16 de la Ley de Educación Nacional 26.206, establece que la trayectoria escolar obligatoria se comprende desde los cuatro años hasta la finalización de la secundaria.
La primera infancia es el momento más sensible y decisivo en la vida de una persona. Allí se sientan las bases del desarrollo emocional, cognitivo, social y lingüístico. No es casual que la Convención sobre los Derechos del Niño haya reconocido el derecho a la educación desde el nacimiento ni que nuestro país y nuestra provincia, hayan avanzado, paso a paso, en ampliar la cobertura del Nivel Inicial. La obligatoriedad de la sala de 4 fue una de esas decisiones políticas que marcaron un antes y un después.
Un informe reciente de Unicef (*) revela un avance innegable: hoy, el 91% de los chicos de esa edad están en el aula. Es un triunfo de la política pública que ha servido, sobre todo, para acortar la brecha en los sectores más vulnerables, donde la asistencia pasó a ser casi total. Y si miramos con mayor detenimiento, veremos algo todavía más significativo: la reducción de brechas sociales. La diferencia de asistencia entre sectores de mayores y menores ingresos se achicó notablemente, sobre todo en las salas de 3 y 4 años. Allí donde antes el jardín parecía un privilegio, hoy empieza a consolidarse como un derecho.
Pero, y siempre hay un "pero" cuando hablamos de educación, los logros no anulan los desafíos. En Argentina, como en otras partes del mundo, la tasa de natalidad presenta un descenso sostenido en los últimos años. Según un informe de Argentinos por la Educación(**), bajó un 36% entre 2014 y 2022. Este dato, que a primera vista podría leerse con preocupación, abre también una oportunidad pedagógica y política. Si hay menos demanda demográfica y una estructura ya instalada de jardines, secciones y cargos docentes, ¿no sería este el momento ideal para ampliar y mejorar la cobertura, especialmente en sala de 3? ¿No es esta una oportunidad concreta para garantizar, a todo el nivel, más tiempo de escuela, más juego, más palabra y más acompañamiento desde edades tempranas?
La sala de 3 sigue siendo una materia pendiente en muchas jurisdicciones. Aunque su cobertura creció en los últimos años, aún persisten fuertes desigualdades según el nivel socioeconómico de las familias. Y aquí la pregunta es inevitable: ¿qué infancias quedan afuera cuando el acceso temprano a la educación no está garantizado?
Urge recordar que la educación inicial no es un espacio de cuidado asistencial, sino el primer tramo de la escolaridad obligatoria. En este espacio se cimentan las bases de la trayectoria escolar, garantizando aprendizajes, vínculos y derechos desde los primeros años de vida. Quien empieza antes, aprende mejor y por más tiempo. En un país donde 7 de cada 10 niños crecen bajo la línea de pobreza, el jardín de infantes representa, frecuentemente, el primer vínculo con un Estado que cuida y proyecta un futuro distinto. Es un lugar de contención y oportunidades, la puerta de entrada a una experiencia de igualdad posible.
Decisiones
El camino recorrido merece ser reconocido, pero también demanda decisiones renovadas. Los índices de natalidad en baja exigen planificar con mirada estratégica; una matrícula menor no implica necesariamente cerrar salas, menos inversión, sino la posibilidad de asignar mejor los recursos y reducir brechas históricas de calidad y equidad, fortalecer la articulación entre niveles, invertir en calidad educativa y sostener políticas públicas a largo plazo. No son consignas abstractas: son acciones urgentes si de verdad sostenemos el valor innegable de la educación inicial. Datos y estadísticas que, lejos de ser un problema, pueden convertirse en una fortaleza si cuentan con recursos, formación docente y acompañamiento pedagógico adecuado.
Volar alto en educación implica transformar la primera infancia en una prioridad real, superando el plano discursivo. Es entender que cada año ganado en el jardín no es tiempo adelantado, sino tiempo de cuidado y aprendizaje. Y que el futuro, aunque parezca una palabra grande, empieza en el Nivel Inicial, donde la educación comienza con el acto de reconocer en cada infancia un derecho inalienable.
(*) 10 años de la obligatoriedad de la sala de 4 en Argentina. Avances y nuevos desafíos en la cobertura del nivel inicial. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), noviembre 2024
(** ) Natalidad y demanda educativa. Argentinos por la Educación, junio de 2024.