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"Eppur si muove"

Viernes, 30 de enero de 2026 00:47
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Nietzsche anunció la muerte de Dios. Milei, en el Foro de Davos sentenció: "Estoy aquí frente a ustedes para decirles de modo categórico que Maquiavelo ha muerto".

Frase efectista, pero pretensiosa; como cuando Francis Fukuyama proclamó "el fin de la Historia" tras la Caída del Muro de Berlín. Fukuyama se apuró a anunciar la "victoria occidental"; que los "valores occidentales" iban a triunfar imponiéndose en todo el orbe sin que nada lo pudiera evitar; que el mundo sería (al fin) occidentalizado. Pero la Historia siguió su curso entre melindroso e inmutable hacia un destino bastante más incierto. El peso de la historia; conflictos ancestrales; aspiraciones sociales divergentes con los resultados obtenidos; líderes caprichosos, inestables y violentos que siguen demostrando no estar a la altura de los desafíos que impone esa Historia nunca muerta; hicieron que -35 años más tarde-, la profecía haya quedado hecha añicos mientras "Occidente" -como idea- podría encontrarse al borde de apagar la luz.

Europa está a tres pasos del colapso económico e intelectual. Rusia emerge como la sombra del oso imperial que nunca dejó de ser. China sigue jugando al Go -impertérrita- mientras extiende su poder real sin contención. Y Estados Unidos dejó de ser la potencia hegemónica garante del orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial gracias al chico malcriado, patotero y carente de todo recurso intelectual que es Donald Trump. La profecía de Fukuyama se probó errónea. No es menos errónea la sentencia de Milei.

Maquiavelo vive

Maquiavelo fundó la filosofía política moderna al plantear que la política es una esfera de conocimiento y de acción con lógicas y reglas propias; independientes de la religión y de la moral. Las palbras de Milei en su búsqueda de efectismo demuestran, en el mejor de los casos, una lectura superficial.

Luego de anunciar la muerte del florentino argumentó que "a la hora de diseñar políticas públicas, el dilema entre eficiencia y justicia es falso", dado que "lo justo no puede ser ineficiente, ni lo eficiente injusto"; descerrajando dos kilos de falacias sin inmutarse. Los nazis industrializaron el genocidio convirtiéndose en la maquinaria más eficiente para matar; eso no los hizo ni hace justos. Debería juzgar con más peso sus palabras.

"La degradación ética y moral que atraviesa Occidente" es consecuencia de "haber abrazado la nueva agenda socialista". Para superarla, "el capitalismo no sólo es más productivo, sino que además es el único sistema justo". Para Milei, el Mercado -un mercado que llene el vacío abierto tras la muerte de dios anunciada por Nietzsche-; es justo por sí mismo. Y los políticos no tienen que "entrometerse". En su editorial, el diario The Washington Post ensalzó la prédica de Milei: "Lo más responsable que pueden hacer los políticos es dejar de molestar a quienes están creando un mundo mejor (…) Pocos de sus pares estarán de acuerdo, lo que hace que su mensaje sea aún más importante". Dudo que estén haciendo un mundo mejor.

Para Milei no existe la justicia social ni ninguna otra justicia fuera de la del Mercado. El Mercado es el único ordenador válido de la vida social. Para Milei, todo interés que no sea económico es espurio y "va contra de los valores de Occidente". Así, cualquier decisión gubernamental que perturba la autonomía del Mercado -afectando su eficiencia-, es injusta. Por eso, el único rol del gobierno (para Milei) es garantizar las condiciones para la maximización de la eficiencia. Nada más. La política no tiene nada que hacer ni qué decir. El Bien Común muere a manos de Milei.

Tampoco es menor la inconsistencia entre sus ataques a las ciencias sociales y su constante referencia a dar "la batalla cultural"; un concepto derivado del pensamiento de Antonio Gramsci; otro filósofo clave para la historia de la ciencia política y social. No es consistente, tampoco, que en el discurso haya citado a no menos de quince pensadores sociales buscando dar soporte a sus argumentos. Pero claro, no se le puede pedir consistencia a Milei. No se le puede pedir una pera a un olmo; ni una sámara a un peral.

Así y todo, yo elijo creer en su honestidad intelectual. Si no creyera en eso debería tener que aceptar que estamos en manos del mayor cínico de la historia. Pero confieso que la idea me preocupa mucho; alguien que ataca la justicia social -y todo tipo de justicia por fuera de la del Mercado- sólo favorece la concentración económica y el poder que se deriva del control absoluto del aparato productivo económico y social. La historia prueba que ideas perversas llevadas adelante por creyentes genuinos suelen conducir al mismo lugar que la peor perversión.

"Eppur si muove" (en italiano "y sin embargo se mueve") se dice que murmuró Galileo Galilei ante la Inquisición antes de abjurar de su creencia en el heliocentrismo. La cita -apócrifa- simboliza la imposición de la verdad frente al dogma y la persecución; la tozudez que suele mostrar la verdad. "Eppur si muove" dirá -en algún momento-, la realidad social; le guste a Milei -o al Mercado-; o no.

Maquiavelo no puede estar muerto. Es como afirmar que Aristóteles o Platón han muerto. Es más; Maquiavelo no ha muerto; hoy desayuné con él y juro que estaba bien.

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