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Venezuela sale de las brasas y cae en el fuego

Jueves, 08 de enero de 2026 00:54
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Hace más o menos un año me permití pensar quién podría frenar a Nicolás Maduro en su gobierno dictatorial, en el cual hizo siempre lo que le dio la gana. Sin dudar, creí que Estados Unidos era el único en condiciones de hacer una entrada sigilosa, con todo su potencial de inteligencia, hombres capaces y armamento adecuado para llevarse a esa figura tenebrosa junto con su mujer.

Efectivamente, quedó comprobado que la idea no era tan loca ni improbable de llevarse a cabo, como se supo en la madrugada del 3 de diciembre del flamante año. De ahí, a que el desenlace de toda la situación -muy explicada, por cierto- haya sido la decisión del presidente Donald Trump de "gobernar Venezuela" con su propia gente estadounidense, ya es un exceso intolerable para los venezolanos y el resto del mundo. Si la incursión clandestina es por sí misma un atentado a la soberanía nacional, la decisión de "administrar el país" por su cuenta es de una aberración jurídica internacional y antidemocrática jamás vista.

El descaro de Trump no tiene límites, el supremacista blanco está decidido a hacer también lo que se le viene en gana, y además vende como un triunfo su hazaña de capturar a un presidente -por más dictador que sea- y a su esposa para juzgarlos bajo la ley federal estadounidense por ser cabeza de una banda de narcotraficantes que vende drogas a los ciudadanos de su país.

Una incongruencia trumpista pues, pocos meses atrás, indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión, por dirigir su país como un vasto "narcoestado" que ayudó a introducir al menos 400 toneladas de cocaína en Estados Unidos.

No obstante, si se hubiera mantenido en la línea del juzgamiento, la opinión pública tal vez no hubiera reaccionado. Pero no, el hombre también quiere gobernar Venezuela, administrar sus bienes y explotar la mayor cantidad de petróleo para venderle a todo el mundo.

Los venezolanos que pude conocer hasta ahora, pasaron desde las 2 de la mañana del 3 de diciembre en vela, alertados por sus parientes que todavía viven en su país. El discurso de las 11:30, precedido por una imagen de Maduro esposado, con los ojos tapados y vestido con un conjunto sport con etiqueta de marca norteamericana, borró las ilusiones, las sonrisas, los deseos de recuperar su territorio y volver a Venezuela después de, por lo menos, nueve años.

Trump, con una cantidad de argumentos muy poco creíbles, reconoció que mantuvo en secreto su operación "por razones obvias" y no lo comunicó a su Congreso Nacional. Para ese tipo de operaciones, el presidente de los Estados Unidos tiene, obligadamente, que contar con la anuencia de los diputados y los senadores, aunque estos fueran unos pocos, por ejemplo, en una cerrada comisión parlamentaria.

¿Cómo es posible confiar en un jefe de Estado que, en medio de la conferencia de prensa, le resta mérito a la recientemente galardonada con el premio Nobel de la Paz María Corina Machado, diciéndole a los periodistas que "no es respetada en Venezuela", donde su espacio político se impuso por el 80% de los votos en la elección no reconocida por Maduro en 2024?

Por el contrario, afirmó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez era más confiable para la etapa que viene. Trump tiene la boca demasiado suelta y compromete a los políticos, como en este caso, con opiniones que -de repente- le aparecen en su cabeza, sin información ni análisis previos. Delcy Rodríguez, oculta extrañamente en su país mientras se corría la voz de que estaba en Rusia, habló sorpresivamente luego de la conferencia de Trump y exigió la inmediata liberación de Nicolás Maduro y exhortó a los venezolanos que siguen a su gobierno a que salgan a las calles.

Es cierto que la operación de inteligencia, ataque y secuestro, fue "brillante e impecable", pero como todos los líderes liberales de la segunda década del siglo XXI, Trump manifiesta una increíble falta de talento a la hora de hacer política. Es un bocón, simplemente eso, y también un fanfarrón. Todo debe resolverse a su estilo.

Ahora los venezolanos no saben qué pensar ni qué hacer. ¿Cómo creerle que va a hacer un "reconstrucción" para que todos los habitantes de Venezuela sean ricos?

Hay nueve millones de venezolanos dando vueltas por el planeta a causa de Maduro, cuyo principal dilema es si volver o no a su país. Sospechan de una trampa en la que un dictador es reemplazado por otro más imperialista que quiere gobernar el país "porque sí".

Un imperialista en tiempos modernos que rompió lo poco que le quedaba de democracia e instituciones confiables, a ese sometido y castigado país caribeño que quería salir de las brasas de izquierda, y cayó en el fuego de la derecha anarcocapitalista.

La lucha continúa.

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