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El periodo Cuaternario fue uno de los momentos glaciarios en la historia de la Tierra. Es la época de las megafaunas, de la llegada del hombre a las Américas, del avance de los glaciares desde los polos hasta latitudes medias.
Grandes regiones de Europa y Estados Unidos quedaron bajo los hielos. La península escandinava tuvo una masa de hielo que al retraerse generó un rebote elástico de la corteza. Los viejos valles glaciares se convirtieron en fiordos navegables por el ingreso del mar en su interior. Los Andes Patagónicos también quedaron sepultados por gruesas capas de hielo. La exitosa película "La Edad de Hielo" recrea la vida de hombres y animales que fueron protagonistas de esa era singular. Aparecen allí los paleo-cazadores recolectores, mamuts, perezosos, gliptodontes, tigres dientes de sable y otros animales que habitaron el planeta hasta su extinción unos 10 mil años atrás.
Es interesante destacar que la mayoría de ellos se encontraron en Salta en las capas del periodo Pleistoceno de la era cuaternaria.
Megaterios
Restos de grandes perezosos terrestres del tipo megaterios, glosoterios, celidoterios y lestodontes se han encontrado en numerosos puntos de nuestra geografía. Aparecen en general como huesos sueltos en las barrancas, cañadones y huaycos formados por materiales blandos, arenosos, limosos y arcillosos, de colores pardos o bien rojizos, a veces con nódulos de carbonato del tipo toscas. En muchos casos la salinidad de esos depósitos da lugar a los clásicos "lambederos" de vacas, caballos y también de animales salvajes como corzuelas y chanchos de monte.
Los megaterios fueron los perezosos gigantes. Entre ellos el Megatherium americanum descripto por el sabio francés George Cuvier, padre de las doctrinas catastrofistas de la extinción de la vida. El megaterio fue descubierto originalmente en nuestro país y sus restos llevados a España en el siglo XVIII. Ese megaterio se conserva en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Se han escrito miles de páginas sobre el asunto, entre ellas que el rey de España pidió que le manden uno vivo o en su defecto embalsamado; los cruces académicos entre los anatomistas que lo describieron, dibujaron y montaron; la confusión de las garras que llevó al paleontólogo Thomas Jefferson, luego presidente de los Estados Unidos, a creer que era un carnívoro; entre muchas otras anécdotas de color. Lo cierto es que en Salta se han encontrado sus restos. Aunque por lejos el mejor yacimiento de estos fósiles es el Valle de Tarija. El profesor Rodolfo Parodi Bustos, notable paleontólogo de vertebrados de la vieja Facultad de Ciencias Naturales de Salta, describió algunos huesos metacarpianos que encontró la francesa Christine Arnodin Chibrac en la zona de Anta. Le dedicó a ella la especie fósil. Cuando comparó los huesos con otros de megaterios que se conservaban en el Museo de La Plata tomó en cuenta que se trataba de un animal gigantesco. Estamos hablando de perezosos terrestres de varios metros de altura y varias toneladas de peso.
Lo curioso es que restos de estos gigantes aparecieron en Tastil, en un corte a orillas de la ruta 51, donde fueron descubiertos originalmente por el geólogo Mariano Podts. Se encontraron algunos huesos sueltos y entre ellos un par de fémures de gran tamaño. Consultados los paleontólogos del Museo de La Plata confirmaron que era Megatherium afín americanum. El detalle es que el lugar del hallazgo se encuentra hoy a 3.100 m sobre el nivel del mar. La pregunta obvia es qué hacía en aquel lugar ese enorme animal. En plena era glaciar.
Otro geólogo, Enzo Landa Ramírez, realizó allí su tesis profesional de la carrera de geología de la UNSa, y describió que hubo entonces un ambiente pantanoso, con etapas lacustres, donde se depositaron tierras de diatomeas (diatomitas), calcáreos tufáceos y travertínicos, así como otros sedimentos con conchillas de gasterópodos, restos de plantas acuáticas y como curiosidad se precipitaron algunas sales de uranio.
Restos de megaterios junto a otros animales de la megafauna cuaternaria fueron rescatados en la década de 1990 por vecinos de Mosconi y depositados en el Museo Regional de Ciencias Naturales "Prof. Rodolfo Parodi Bustos" de Campamento Vespucio. Ello fue obra de un grupo de entusiastas exploradores paleontológicos liderados por Dante Tejada Aparicio (f. 2006). Parte de una mandíbula y molares de un megaterio se conservan en dicho museo junto a otros mamíferos fósiles que en su momento fueron estudiados por Gerardo Zacarías y colaboradores.
Restos de otros perezosos terrestres se han encontrado en distintos puntos de la provincia. En las barrancas de un arroyo vecino a la Iglesia de La Quesera, en la ruta güemesiana, el suscripto encontró en la década de 1970 dos fémures en un lambedero. Los estudios llevados a cabo en 1999 por paleontólogos del Museo de la Plata, entre ellos Alfredo Carlini, Eduardo P. Tonni y Gustavo Scillato Yané (1948-2019) demostraron que se trataba de un Scelidotherium, un tardígrado sudamericano de amplia distribución. Los restos serían equiparables a un Scelidotherium leptocephalum. Los celidoterios, animales con un cráneo alargado y estrecho, fueron perezosos de gran tamaño de hasta una tonelada de peso, que cavaban cuevas y galerías subterráneas con sus grandes uñas.
En sedimentos del borde del dique Campo Alegre se descubrieron restos de un perezoso Lestodon. Los restos descubiertos encajan con el tipo de Lestodon armatus. Los lestodontes eran grandes herbívoros emparentados con los actuales perezosos que secundaban en tamaño a los megaterios y llegaron a pesar hasta cuatro toneladas. La curiosidad es que tenían unos dientes caninos con forma de colmillos prominentes y unas garras fuertes que les permitían defenderse.
Gliptodontes
En una barranca a orillas de la ruta 9, pasando la entrada a La Caldera y antes de llegar al dique Campo Alegre se encontraron también restos de un lestodonte y de un gliptodonte de coraza gruesa que se clasificó como Glyptodon elongatus. Los gliptodontes son los animales mejor representados en las capas del Cuaternario que contienen restos de la megafauna. La mayoría de los restos encajan dentro de una "Edad Mamífero" que se conoce como el Lujanense, por la localidad de Luján en Buenos Aires, y que abarca desde aproximadamente 800 mil hasta 10 mil años atrás.
Es interesante que en esas barrancas se encontró una toba, esto es una ceniza volcánica caída allí por una vieja erupción andina de tipo pliniana, y su edad arrojó 300.000 años según los estudios llevados a cabo por el Dr. Bruce Malamud, entonces en Cornell University.
Se han encontrado restos de distintos tipos de gliptodontes en varios puntos de la provincia de Salta. Los gliptodontes son parecidos en forma, aunque primos lejanos de los quirquinchos y tatús carreta. Sirolli describió en 1954 uno de ellos que se encontró en la finca La Peña, a mitad de camino entre las ciudades de Salta y General Güemes. Le llamó simplemente el "Gliptodonte de La Peña" y publicó una foto de placas de la coraza. Gracias a esa foto el Dr. Alfredo Zurita, uno de los principales expertos argentinos en el tema, identificó que se trataría de un Neosclerocalyptus.
Lo interesante es que, en esas mismas capas geológicas, en la ruta de bajada desde La Lagunilla hasta el río Mojotoro (R.P. 161.S), se encontró una cueva de gliptodonte que también correspondería a ese mismo tipo de animal.
En el arroyo Cabeza de Buey se encontró un esqueleto completo de gliptodonte que Parodi Bustos estudió y le dedicó la especie a Sirolli, el Plohophorus. También se encontró un esqueleto bastante completo en las barrancas del río Mojotoro, otro en Las Lajitas y otro más en Rosario de la Frontera.
Entre los museos de Salta que muestran restos de gliptodontes en exhibición se encuentran el Museo de Ciencias Naturales del Parque San Martín (ciudad), el Museo de Ciencias Naturales "Prof. Rodolfo Parodi Bustos" de Vespucio, la Biblioteca Popular y Museo "Domingo Faustino Sarmiento" de Rosario de la Frontera, el Museo "Osvaldo Maidana" de Campo Santo y el Museo Regional de Joaquín V. González.
Mastodontes
También se han encontrado restos de mastodontes, unos proboscídeos parientes de los elefantes. Estos grandes animales, parecidos a los mamuts, se paseaban con sus grandes defensas frontales. En 1954 Sirolli desenterró un esqueleto completo en Cruz Quemada, un arroyo sobre la R.N. 34. En el museo de Vespucio se conservan también restos de estos animales que fueron clasificados como Stegomastodon. A diferencia de gliptodontes, megaterios, lestodontes, celidoterios y otros mamíferos propios de las faunas nativas en América del Sur, los mastodontes vinieron desde el hemisferio norte. Al igual que los caballos Equus (Amerhippus) que se extinguieron y fueron luego reintroducidos por los españoles. También de las faunas propias sudamericanas son los toxodontes, unos animales parecidos a los hipopótamos de África por su rol ecológico. Lo interesante es que no solamente todos esos mamíferos de la megafauna cuaternaria vivieron en la Edad de Hielo sino que coincidieron y compartieron con la llegada de los primeros cazadores recolectores a finales del Pleistoceno.
Su extinción a manos del hombre es una de las teorías más fuertes de su desaparición. Descubrir asociadas evidencias humanas junto a los de esas faunas extintas es uno de los mayores tesoros a que aspiran los paleontólogos.