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La historia no es relato, sino proyecto

Jueves, 19 de febrero de 2026 01:34
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El traslado del sable corvo del General San Martín -y toda la polémica que se generó alrededor de este hecho-, sólo muestra el notable apego de nuestros políticos por los objetos. Como si estos tuvieran alma. "Por eso, el sable corvo del General San Martín no es un objeto histórico más, no es una pieza neutra de exhibición, ni un simple vestigio del pasado: es probablemente el símbolo material más poderoso de la Nación Argentina", dijo el presidente Milei en San Lorenzo. El sable es sólo un sable; un pedazo de metal. Una reliquia histórica, claro, porque perteneció a un prócer inmenso. Pero no es el símbolo más poderoso de la Nación. ¿No son eso la Bandera y el Himno Nacional Argentino, acaso? ¿En qué momento el sable corvo reemplazó a esos símbolos como referencia identitaria de nuestra Nación?

Se me ocurre una explicación: Milei decidió apropiarse de la gesta sanmartiniana y trazar un paralelo con "su gesta". En sus palabras, la gesta sanmartiniana fue una revolución que marcó el quiebre contra una casta tiránica y prebendaria que sólo buscaba defender sus privilegios sin importarle la prosperidad de los habitantes del Nuevo Mundo. Así, la revolución fue un acto de liberación que enderezó un mundo invertido que permitió a las Provincias Unidas ponerse de pie y, en poco menos de un siglo, convertirse en una nación que superaría en gloria al imperio del que se desprendió. Otra vez el revisionismo. Argentina fue relevante pero sólo desde un punto de vista econométrico y por razones coyunturales. Nunca fuimos una potencia ni superamos en gloria a ningún imperio. Fuimos, en todo caso, un deseo; un proyecto; una construcción truncada. La idea de la Argentina potencia es un mito recurrente. Y, desde siempre, cuando los políticos intentan modificar el ayer es porque buscan resignificar el hoy. Cuando el presidente afirma que el sable es una "reliquia sagrada", una "prueba viviente del espíritu que encarna el gran proyecto argentino" y un objeto que porta "una promesa y una misión para llevar la libertad al gran sur del Nuevo Mundo y desde allí iluminar a la humanidad toda", la apropiación simbólica se completa y la resignificación del mito sanmartiniano es total: si Argentina tiene una misión sagrada, entonces Milei es su nuevo intérprete.

Cristina Fernández de Kirchner hizo trasladar el sable corvo al Museo Histórico Nacional. Milei -en su discurso- los acusó de manipular símbolos, de empobrecer al país, de desprestigiar a las Fuerzas Armadas y de exprimir al interior productivo. Tiene razón. Los kirchneristas fueron una degradación; una desgracia. Robaron sin pudor de todo lugar en el que pusieron un pie; empobrecieron al país; bastardearon las Fuerzas Armadas y las desfinanciaron con propósitos oscuros; exprimieron al interior productivo; tergiversaron la verdad; y mil cosas más.

Dicho esto, me pregunto si este gobierno "soberano", "nacional" y "federal" no hace mucho de lo mismo. Acaso ¿no siguen usando al interior productivo? ¿No están -ellos también- manipulando símbolos y tergiversando la verdad? ¿Es suficiente -para legitimar a las Fuerzas Armadas y el rol de la defensa- comprar dieciséis aviones obsoletos y mover de un lado al otro el sable corvo del General San Martín? Para ser soberanos y libres; para alcanzar esa nunca lograda "gloria"; ¿no se necesita mucho —muchísimo— más?

¿No necesitamos industrias nacionales estratégicas -alimentaria, siderúrgica, naval, farmacéutica, nuclear, aeronaval y satelital; por ejemplo-? ¿No necesitamos investigación en inteligencia artificial y no centros de datos foráneos que sólo vienen a extraer la energía y que, luego, se van dejando sus residuos? ¿No necesitamos ciencia, tecnología, educación masiva e inclusión real? ¿Empleo de calidad? ¿Inversiones genuinas intensivas y no capitales extractivos garantizados o financieros especulativos?

¿No necesitaríamos dejar de ser el país unitario que seguimos siendo, con el puerto y la lógica aduanera heredada del siglo XIX? ¿No necesitamos infraestructura; corredores ferroviarios eficientes que reemplacen miles de camiones ineficientes, caros y contaminantes? ¿No necesitamos rutas y autopistas transitables y seguras; puertos de aguas profundas; explotar nuestra enorme riqueza marítima continental; energía barata para impulsar todo lo anterior?

Eso —entiendo yo— es ser soberano. Eso es ser federal. Eso es ser libre. Porque el federalismo y la soberanía no se declaman; se ejercen. No moviendo sables del pasado de un lugar al otro. Eso construye relatos, pero con relatos no seremos soberanos, ni libres, ni federales; ni independientes. Ni nada.

Un asno dijo una vez que era lo mismo producir acero que caramelos; una afirmación perversa que contradice cualquier modelo de desarrollo social. No es lo mismo por la industria derivada; por la acumulación de conocimientos; por la educación que requiere ni por la calidad y cantidad de empleo que genera. No es lo mismo. Sin embargo, parece que hoy volvemos a creerlo. Firmamos acuerdos comerciales que nos permiten exportar carne, granos, limones y patatas, mientras importamos autos, tecnología y acero subsidiado. ¿Eso es soberanía? ¿Eso es desarrollar un país? No; no lo es. Quizás por eso se focalizan tanto en los objetos. Para distraernos.

Milei y Cristina me hacen pensar en Uriarte y Duncan, esos dos personajes del cuento "El encuentro", del hermoso Borges. Allí, las armas dormían en una vitrina hasta que sus manos las despertaron. No fueron los hombres quienes pelearon sino los objetos; cargados de un rencor humano que sobrevivía en el hierro. Borges, premonitorio, lo imaginó: "Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí, quién sabe si no volverán a encontrarse". Así, quizás sigamos moviendo el sable de un lado al otro y peleándonos a muerte por ello. Pero mientras Argentina siga importando acero y produciendo caramelos, se seguirá empobreciendo. Y la geografía, la natalidad y la desinversión —inexorables— nos seguirán asfixiando. Seguiremos declamando federalismo, independencia y soberanía. Seguiremos librando gestas simbólicas por sables y reliquias; sin desarrollarnos.

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