inicia sesión o regístrate.
El río no es un recurso inagotable, aunque algunos se empeñen en creer lo contrario. El agua quieta del río, el calor de la tarde y la apariencia de una jornada tranquila escondían una escena que se repite con más frecuencia de la que se cree. En la zona de Los Paraísos, a la altura de la Ruta Nacional 16, el paisaje natural volvió a ser escenario de una práctica que poco tiene de pesca y mucho de depredación ambiental, una conducta que avanza en silencio y deja consecuencias que no siempre se ven de inmediato.
El paisaje sereno de El Galpón se vio interrumpido por un operativo. En un sector conocido como Los Paraísos, la División Lacustre y Fluvial El Tunal logró interceptar una actividad que de recreativa no tenía nada. No se trataba de aficionados con caña y paciencia, sino de un despliegue logístico diseñado para el saqueo. Los uniformados, en medio de sus patrullajes preventivos para proteger el ecosistema salteño, detectaron a tres hombres cuya presencia en el lugar no coincidía con las normas vigentes de conservación. Al ser interceptados, la evidencia fue contundente y el daño ambiental quedó a la vista de todos.
El botín de lo prohibido
El uso de métodos no permitidos es lo que marca la frontera entre el pescador y el infractor. En este caso, el secuestro de cinco redes tipo pollera -un elemento terminantemente prohibido por su capacidad de barrido indiscriminado- confirmó la intencionalidad de los supuestos pescadores.
En total, se contabilizaron 39 ejemplares extraídos de manera ilegal, entre los que se encontraban:
-
Sábalos
-
Bagres
-
Viejas del agua
Estas especies son fundamentales para la cadena trófica de nuestros ríos. El sábalo, en particular, actúa como el "ingeniero" del cauce, y su extracción masiva mediante redes altera la biodiversidad de forma irreversible.
Mucho más que una infracción
Aunque el procedimiento derivó en una infracción contravencional, el trasfondo del hecho va más allá de una sanción puntual. La pesca ilegal se ha convertido en un problema persistente en distintos cursos de agua de Salta, impulsada por la falta de controles en zonas alejadas, la falta de conciencia de los depredadores (mal llamados pescadores) y por la falsa creencia de que el recurso es inagotable.
En este caso, tomó intervención la Fiscalía Penal Jurisdiccional, que evaluará las actuaciones y las responsabilidades correspondientes, en línea con la legislación vigente en materia ambiental.
La premisa es clara: no se trata de pesca, sino de acciones que ponen en riesgo el patrimonio natural de todos los salteños.
Un daño que paga el ambiente
El impacto de la depredación no se limita al río. A largo plazo, las consecuencias alcanzan a las comunidades cercanas, al turismo, a la pesca responsable y al equilibrio ambiental que sostiene la vida en la región. Cada red arrojada de manera ilegal deja una huella que no siempre se ve, pero que se acumula con el tiempo.
En un contexto donde la preservación de los recursos naturales es cada vez más urgente, el caso de Los Paraísos vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero necesaria: cuidar el río no es una opción, es una responsabilidad de todos.