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La motocicleta es, para miles de salteños, una herramienta de trabajo, un medio de transporte cotidiano y, en muchos casos, la única alternativa para moverse en una provincia extensa. Esa misma centralidad la convirtió en uno de los blancos más frecuentes del delito. El robo de motos, lejos de ser un fenómeno aislado, continúa consolidándose como uno de los principales focos de inseguridad en Salta. Se consolidó como uno de los delitos más dinámicos y persistentes en la geografía salteña.
En las últimas horas, tres intervenciones diferentes, registradas en puntos clave de la provincia, volvieron a dejar en evidencia esta realidad. Aunque los hechos no están vinculados entre sí, el hilo conductor es claro: rodados con pedido de secuestro, causas por hurto calificado y numeraciones adulteradas, una cadena que alimenta un circuito ilegal persistente.
Uno de los episodios se produjo en la Ciudad de Salta, en la intersección de avenida Hipólito Yrigoyen y calle Talavera. Allí se detectó una moto que contaba con pedido de secuestro por robo. El conductor, un joven de 20 años, fue demorado y el vehículo quedó a disposición de la Justicia. Posteriormente, el rodado fue restituido a su propietario, en una causa que quedó bajo la órbita de la Fiscalía Penal 4.
Horas antes, otro procedimiento tuvo lugar en la zona oeste de la Capital, específicamente en calle Olavarría y pasaje Metán. En ese punto se constató que una motocicleta que circulaba por el sector estaba vinculada a una causa por hurto calificado. En el lugar fue demorado un hombre de 27 años y el rodado fue secuestrado para avanzar con las actuaciones judiciales correspondientes. Intervino la Fiscalía Penal 5.
La tercera intervención se registró en el interior provincial y expuso otra de las maniobras habituales asociadas a este delito. En General Enrique Mosconi, durante un control realizado en un taller mecánico del barrio Belgrano, se detectó una motocicleta con el número de motor adulterado, una práctica frecuente para encubrir el origen ilícito de los vehículos. El rodado fue secuestrado y quedó a disposición de la Justicia, con intervención de la Fiscalía Penal 1.
Más allá de la geografía y de las circunstancias particulares, los tres casos confluyen en una misma señal de alerta: el robo de motos sigue siendo un flagelo en Salta, con impacto directo en la vida diaria y en la economía de quienes dependen de estos vehículos. La reiteración de hechos similares, en barrios distintos y en ciudades diferentes, refuerza la idea de un problema estructural que no pierde vigencia.
Mientras las causas avanzan en el ámbito judicial, el escenario de fondo permanece intacto. La moto continúa siendo uno de los bienes más expuestos al delito en la provincia y cada nuevo secuestro vuelve a confirmar una realidad que se repite y se profundiza.