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En la nueva edición de Hablemos de lo que Viene, el encuentro que une turismo, innovación y cultura en el norte argentino, el comunicador y sommelier Alejandro Iglesias fue el encargado de moderar la jornada y de introducir el eje central: el vino como protagonista de experiencias que trascienden la copa. Con más de 25 años vinculado a la industria vitivinícola, Iglesias compartió una reflexión sobre los cambios que atravesó el sector en las últimas décadas y el lugar que hoy ocupa el enoturismo dentro de una agenda más amplia, que involucra tecnología, sustentabilidad y nuevas formas de consumo.
Desde el inicio de su intervención dejó en claro que no se trataba de hablar solo de vino como bebida, sino de reconocerlo como un agente de transformación. "El vino es cultura, es turismo, es negocio, es identidad. Ha modificado realidades y regiones enteras", señaló. En ese sentido, repasó cómo en los últimos veinte años se produjeron más cambios que en los dos siglos anteriores. La incorporación de tecnologías en viñedos y bodegas, la exploración de nuevos orígenes y la aparición de mercados inesperados obligaron a una adaptación constante.
La pandemia de 2020, recordó, fue un punto de inflexión. Durante ese período, el consumo de vino alcanzó picos inéditos en todo el mundo, al calor de un encierro que se acompañaba con copas y reuniones virtuales. Sin embargo, al concluir ese ciclo, la situación dio un giro: se consume cada vez menos vino, pero la facturación se mantiene o incluso crece. Esto responde a un fenómeno de "premiumización": los consumidores eligen menos cantidad, pero vinos de mayor calidad, con autenticidad y con historias que los representen.
Iglesias destacó también cómo cambió la forma de acercarse al vino. Si antes era un producto solemne, asociado a etiquetas de prestigio y catas formales, hoy se convirtió en una experiencia más democrática y divertida. Las imágenes actuales muestran grupos de jóvenes disfrutando en copas o vasos, en festivales y ferias gastronómicas que explotan de público. "El vino dejó de ser intimidante para transformarse en una experiencia lúdica, de disfrute y de descubrimiento", remarcó.
En este proceso, las nuevas generaciones cumplen un rol clave. Consumidores sub 40 y post 60 muestran intereses distintos, pero coinciden en la elección de vinos que respondan a la identidad de un lugar. El concepto de consumo consciente atraviesa cada vez más decisiones.
El moderador también analizó la influencia de la digitalización y de las redes sociales. Plataformas como Instagram o TikTok se convirtieron en motores de difusión de la cultura del vin. "Hoy descubrís un vino en Instagram, lo compartís en WhatsApp y lo comprás en un marketplace. Incluso los algoritmos anticipan tus gustos", ilustró.
Este cruce entre vino y tecnología desemboca, inevitablemente, en el turismo. Iglesias subrayó que en Argentina, y particularmente en Salta, el enoturismo creció de manera exponencial en los últimos 15 a 20 años. Cada vez más bodegas —grandes y pequeñas— incorporan propuestas de hospitalidad que incluyen recorridos, experiencias gastronómicas y actividades culturales.
El vino, sostuvo, es un eje articulador que permite vincular comunidades, impulsar economías locales y proyectar una identidad cultural. "El vino tiene mucho para contar", expresó.
En un mundo en el que los consumidores exigen autenticidad y las generaciones jóvenes buscan sostenibilidad, el enoturismo aparece como una de las herramientas más poderosas para consolidar a Argentina como destino.