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El ciclo de conferencias "Hablemos de lo que viene", organizado por El Tribuno, fue testigo de una reflexión honesta y profunda sobre la industria vitivinícola de Salta. Francisco "Paco" Puga, un enólogo con 24 años de trayectoria en los Valles Calchaquíes, ofreció una mirada sin concesiones sobre la evolución de la región, destacando la necesidad de adaptarse al cambio y consolidar una identidad que trascienda la botella.
"Hay que salir a hablar y a comunicar esto tan lindo que es lo que uno eligió como pasión", afirmó Puga, quien llegó a Cafayate en 2001. Desde entonces, ha sido testigo de un cambio radical, pasando de una región de vinos "masivos" a una de vinos "premium". Puga describió la transformación de los viñedos, la modernización de los sistemas de cultivo y, sobre todo, un giro estratégico que busca consolidar el carácter único de Salta.
Un arma de doble filo
Puga profundizó en el gran cambio que experimentó el perfil de Salta. Hasta 1996, el Torrontés era la cepa dominante, pero en los últimos 25 años, el Malbec ha ganado un terreno abrumador. "Desde 2010 en adelante nos malbecizamos", señaló el enólogo. Aunque esta "malbecización" ha sido crucial para posicionar a Argentina en el mundo –"te ven así, te ven una escarapela argentina, te dicen Malbec"–, Puga advirtió que puede ser un arma de doble filo.
"Yo nunca más voy a decir que soy competencia de Mendoza. Soy el amigo de Mendoza, la opción número dos de Argentina".
Para Puga, la dependencia de un solo varietal hace que la región pierda la oportunidad de destacar la diversidad de su terroir y de otras cepas. "Es muy difícil después salir a decir, che, pero tengo algo más que un Cabernet Sauvignon con una identidad de la altura, esa identidad de la herbalidad salteña", explicó. El desafío, según el experto, es lograr que los consumidores se interesen en otras variedades sin tener que competir directamente con el "monstruo que es Mendoza".
Crecimiento
Puga presentó cifras que desvelan el crecimiento de la región en un contexto de contracción a nivel nacional. Mientras que el país en su conjunto ha visto una caída del 11% en las plantaciones de viñedos en la última década, Salta ha experimentado un crecimiento del 17.7%. "Algo que es único en el país", destacó, y lo atribuyó, en parte, a la posibilidad de seguir desarrollando proyectos vitivinícolas en nuevas zonas como Chicoana, Animaná y Tolombón.
"El mundo consume vinos de menos de 8 dólares. El 70% del consumo mundial los vinos valen menos de eso".
Sin embargo, el enólogo no omitió los retos que enfrenta el sector. La caída del consumo mundial es una realidad, y Puga la analizó con una perspectiva pragmática. "El mundo consume vinos de menos de 8 dólares. El 70% del consumo mundial los vinos valen menos de 8 dólares", un segmento donde Salta, por su enfoque premium, no siempre puede competir. La caída del consumo masivo, sumado a los cambios de hábito de las nuevas generaciones, que prefieren otros tipos de bebidas, presenta un desafío que, según Puga, no se resuelve únicamente con marketing, sino abordando un problema más profundo de hábitos y economía.
El futuro
Puga concluyó su exposición con una reflexión sobre el futuro. La industria debe adaptarse a los jóvenes, que buscan vinos "más livianitos, más frescos, más sutiles" para acompañar "pizzas y hamburguesas". También hizo un llamado a la sostenibilidad. Aunque el clima seco de Salta es ideal para la viticultura orgánica, solo el 1% de la producción es orgánica, un número bajo en comparación con el 5% global.
"Tenemos que hacer vinos de pizzas y hamburguesas, nos guste o no nos guste. Ahí tenemos una franja de 35 años para abajo que consume eso".
Puga resaltó el rol del turismo como motor económico y de promoción. Muchas bodegas del Valle Calchaquí dependen casi exclusivamente de la venta directa al turismo. "El turismo es fundamental para nosotros", remarcó.
La exposición de Puga no solo fue un informe técnico, sino un llamado a la acción. "Salta tiene un presente lindo, pero tenemos una promesa de ser algo mejor", expresó. Su mensaje es claro: la identidad de Salta no se define solo por su Malbec, sino por su capacidad de adaptación, la calidad de sus vinos y la historia que le da forma.