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Pasó la primera inundación de la temporada en Rivadavia Banda Sur. Cuando el río Bermejo baja no es que se van los problemas con el agua. Las consecuencias, quizás, sean más duras porque duran mucho tiempo.
Se debe entender el modo de vida de los criollos del Chaco salteño. También hay que tener en cuenta las consecuencias de una inundación como la que se vivió la semana pasada.
No es tanto el agua que llega espumosa, inunda y asusta en la noche. Cuando pasa y sale el sol, la realidad es otra.
Las casas de los puestos Las Delicias, Pozo El Burro, Guayacán, El Carmencito I y II, son habitados por familias criollas que se comunicaron con El Tribuno para exponer su situación.
En primer lugar hay que tener en cuenta el calor y la humedad que tiene el monte chaqueño en esta época del año. El vapor que sale del suelo es visible. Un suelo que quedó con todos los sedimentos que trajo la crecida del río. Las casas quedaron con casi un metro de sedimentos que lo constituyen el barro, palos, ramas, todo tipo de basuras y animales muertos. Para quien nadie haya experimentado una inundación se le debe advertir que el olor a muerte, con el calor y la humedad es insoportable; quien la siente no se olvida nunca más y su rastro queda en la memoria olfativa.
Es muy difícil volver a la normalidad. Mucho más complicado volver a habitar las casas de los chaqueños que construyen sus viviendas con postes de horquillas. Esos postes tienen hoy casi un metro de barro que se va poniendo firme poco a poco, pero que además tiene un movimiento lento y firme el cual va modificando la posición de esos postes. El barro mueve toda la estructura de las casas y rompe paredes y tumba techos.
Gloria a sus hijas en la ciudad de Salta. Para quien quiera colaborar, ayudar o simplemente preguntar puede llamar a Dalila Alzogaray al 3874846060.
El barro de la crecida se llevó todo el alimento de los animales. Ni el ganado mayor ni menor tiene hoy el mejor alimento del verano que son las algarrobas ni mucho menos el pasto. En consecuencia, se siguen muriendo los animales, muchos se enferman. Las familias no tienen alimentos ni medicamentos para sus majadas. Hacen falta veterinarios para que vean a los animales.
Es verdad que fue grande la tarea estatal, pero la catástrofe social es mucho más grande.
Para las personas no hay asistencia sanitaria, social ni humana. "Caminamos 13 km por un bolsón. No tenemos agua, medicamentos. Las autoridades creen que con un bolsón y un bidón de agua vamos a sobrevivir", dijo Gloria Alzogaray, vecina de Las Delicias.
Es el relato de una mujer, pero es la situación de muchas familias criollas en Rivadavia Banda Sur.
"El agua te deja sin nada. Sin electrodomésticos, sin ropa, muebles ni nada de comida. Las mesas están antarcas, las silla rotas, los roperos quebrados, la ropa que quedó enterrada; es terrible volver a la casa. Mi hermana Adelaida perdió todo. Lo mismo que la casa de Antonina, que tiene 80 años. Yo si tengo algo tengo que pedir es una casilla para ellas", dijo Gloria.
La criolla pide que vayan los ministros del Gobierno de Salta, pide la presencia de los concejales y del intendente de Rivadavia, de los diputados del departamento o la visita del senador que los representa.
La casa de su hermana Adelaida está destruida por el barro que lentamente se movió y destruyó las paredes y enterró hasta los animales. No puede entrar a su casa por miedo a que el techo se venga abajo. No puede solucionar nada con un bolsón de mercadería. Quieren dejar de dormir en la intemperie.
Lo mismo pasó con la casa de Antonina Alzogaray, una abuela de 80 años que fue evacuada en lancha hacia La Unión y ahí quedó hasta hoy. En su pequeña casa de dos ambientes vive (vivía) con su hijo que está discapacitado por una hernia jamás tratada. Su hijo se quedó en el lugar, pero tampoco puede entrar. En ambos casos improvisaron un techo de nylon y duermen a cielo abierto.
No tienen a sus animales, no tienen leña seca para cocinar ni ollas y no tienen alimentos para comer, les falta agua apta para el consumo, no tienen asistencia médica, sus animales que sobrevivieron se van muriendo de hambre, no tienen techo. No tienen nada.
Y es sólo una familia. Para el lado del este provincial, en El Destierro, El Chañaral, El Cocal, Las Llaves, Fortín Belgrano, Media Luna y tantos otros puestos y escuelas casi en la frontera con la provincia de Chaco no se sabe mucho de la situación de las familias criollas e indígenas tras el paso de la última crecida del río Bermejo.