Con mucho esfuerzo, y sobre todo con la ayuda de sus familiares, María había logrado alquilar un cuarto ubicado en la calle Hipólito Yrigoyen 544, en el centro de Joaquín V. González, en el departamento de Anta.

Allí, en la “Tienda Mary” empezó, hace seis meses, a vender ropa para poder mantener a su hijo de tres años, fruto de la relación que mantuvo con Gustavo Cejas (32), íntimo amigo de Sierra. Precisamente este hombre fue señalado por el acusado del crimen como el autor de los dos disparos que sufrió.

Leonarda Ramos (65), madre de María está segura de que “Cejas convenció a Sierra. Se aprovechó de su despecho para vengar el propio. Los vieron juntos el mismo día del crimen, en la madrugada, en un boliche”, dijo la mujer, quien contrató los servicios del abogado Roberto Gareca para que la represente como querella.

El sábado pasado, a las 8.30, María estaba recostada en la cama de su cuarto, separado de su sala de ventas por una cortina, mientras dos empleadas acomodaban y barrían la vereda. Diez minutos después llegó Sierra e ingresó al local e hizo diez disparos. Las empleadas los escucharon y vieron a Sierra salir ensangrentado y huir en una motocicleta, de contramano.

Las chicas entraron y vieron al pequeño hijo de María con un golpe en la boca. En la cama yacía el cuerpo de la joven con varias heridas, en medio de una gran mancha de sangre. Extrañamente la joven no tenía ni su pantalón, ni su ropa interior.

Tomaron al nene y, en medio de la conmoción que les provocó el cuadro, avisaron inmediatamente a los familiares de María, que residen las pocas cuadras.

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