Con las declaraciones de otros 13 testigos continuó ayer el juicio contra Daniel Mamaní, un joven adepto a las prácticas de magia negra y devoto de San la Muerte, acusado de haber asesinado al pastorcito de 12 años, Armando Bonifacio, aplicándole una sucesión de golpes con piedras en la cabeza y rematarlo aplicándole una horca hechiza confeccionada con un cable plástico para cerrar bolsas de cebollas.

El hecho ocurrió el 3 de agosto de 2010 cuando el supuesto asesino y excuñado de la víctima lo convenció de ir hacia un paraje cercano al pueblo.

Entre los testimonios de ayer, el más sorprendente y lapidario fue el prestado por uno de los amigos del imputado, Bernardo Gavino Quipildor (24), quien relató que a Mamaní “lo vi a la noche, en la parada del colectivo, entre las 20 y 20.30. El estaba solo y yo iba para mi casa. Lo vi un rato después en el complejo. Tenía un vaquero y una campera roja. Lo saludé y nada más. Un día antes, él me había dicho que tenía problemas con su novia (la hermana de Armando) y que andaba mal. Comimos galletas y tomamos jugo. Después nos encontramos en el complejo y estuvimos desde las 22 hasta las 3. Estábamos picoteados. Cuando volvíamos me dijo que tenía algo de San la Muerte y afirmó: "Che, tengo ganas de matar a alguien'. Yo no le creí mucho. No sabía si lo decía en serio o en broma. Antes era mi amigo, ahora no. Me sacó un ser querido. En el celular tenía una fotito de San la Muerte”, reveló.

El juicio lo lleva adelante la Cámara del Crimen II, presidida por Carlos Pucheta e integrada por los magistrados Abel Fleming y Martín Pérez, este último titular del juzgado de Instrucción Formal 1.

Mamaní es defendido por el abogado Arnaldo Damián Estrada, quien dijo a El Tribuno que “no vemos que la situación de nuestro cliente esté comprometida porque no hemos podido, hasta ahora, encontrar alguna prueba que realmente lo incrimine. La gente del pueblo no lo quiere porque ellos lo condenan antes de que se haga el juicio. Nadie dice que se lo acusa de haber matado, sino que ha matado a alguien. Se lo condena sin hacerle juicio y los amigos se transforman en enemigos”, dijo.

 

“Mamaní se nos ríe en la cara”
 

La familia Bonifacio le abrió las puertas de su casa al equipo de El Tribuno para contar su verdad. 

La humilde vivienda está ubicada en la calle General Güemes, a una cuadra de la plaza principal y a 50 metros del lugar donde fue hallado el cuerpo del menor. 

Los Bonifacio son muy queridos y respetados en esta localidad calchaquí.

“Quiero que Mamaní pague porque realmente él lo ha hecho. Un angelito que no tiene la culpa de nada. Armandito era bueno, todo el pueblo lo quería. Ahora no está aquí, no lo tenemos y Mamaní sigue presente y se nos ríe en la cara, se burla de nosotros; el es un peligro social”, dijo con lágrimas en sus ojos Ceferina Tejerina (39), hermana de Armando. 

Luisa Bonifacio (34), otra de sus hermanas, dijo con firmeza: “El hizo esto por venganza porque mi hermana lo había dejado”.

“Lo único que quiero -añadió- es que se haga justicia y que él pague por lo que hizo porque sé que fue quien lo hizo”, dijo con seguridad. “Nos arruinó a toda la familia”, sumó Marcela Bonifacio (32).

Los hermanos de Armandito, como es recordado el chico en el pueblo, contaron que después de asistir a la escuela a él le gustaba compartir con sus amiguitos. “A mi papá lo ayudaba, le encantaba la agricultura”, dijeron. 

“Tenemos temor de que Mamaní pueda cometer otro crimen. Se dicen muchas cosas, que hacen magia negra, eso viene desde hace años, de parte de su abuelo”, finalizaron los integrantes de la familia del menor asesinado, recordando los dichos del supuesto causante, quien, durante la instrucción del caso, repitió que en forma reiterada le dejaba su cuerpo a su abuelo fallecido para que este ingresara nuevamente al mundo de los vivos. 

 

Declaró la madre del imputado 

 

 Aniana Cecilia Soriano (45), ama de casa y madre del imputado, Daniel Agustín Mamaní (20), fue la primera testigo en declarar ayer, en la segunda jornada por el juicio contra Daniel Mamaní, acusado de matar a pedradas en la cabeza a su excuñado, Armando Bonifacio, en 2010, cuando la víctima tenía 12 años. 

 “Mi hijo se fue a Salta a estudiar. Venía cada 15 o 20 días y se quedaba de dos a cuatro días. Yo sabía que tenía una relación con Virginia Bonifacio porque ella me mandaba mensajes diciendo que era su novia. Una sola vez los vi en Salta. Creía que se llevaban bien”, aseguró. La mujer dijo que su hijo no conoce a su pequeña hija, fruto de la relación que mantuvo con la hermana de la víctima. “Quiere verla. No tiene fotos. Es su deseo reconocerla”, afirmó.

“El 3 de agosto él había vuelto a La Poma a buscar el pase del colegio que la directora le iba a dar para el colegio Palacios, de Salta; tenía que regresar con el pase sino se quedaba libre”, añadió. La mujer agregó que el día de la detención “golpearon la puerta, y él salió corriendo, de curioso. Yo estaba en la cocina. Fui y escuché que el sargento Jerez le preguntaba ‘¿vos sabés lo que pasó?’ y después me preguntó a mí si me había enterado del caso, yo le respondí que sí, que en la calle, entonces dijo que andaba deteniendo a todos y que tenía que llevarse a mi hijo. No tenía una valija, estaba tranquilo, estaba normal.

“Me comentó que lo golpearon después que lo esposaron, cuando vino la Policía de Cafayate”, finalizó. 

 

 

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