En estos días cuando baja la rigurosidad de los requisitos o bien la posibilidad para acceder a un crédito, es mucho más accesible que en los meses anteriores, la gente aprovecha para adquirir productos, que a lo largo del año se observan como una lejana tentación. Por otra parte los sustanciales descuentos son una especie de valor agregado, producto que entre diciembre y enero, las grandes cadenas venden cifras tan altas, que ponen toda la carne en el asador, para equilibrar el detrimento de los meses de sequías. Es el caso, de los beneficios que ofrecen para estas fiestas que además de una sustancial rebaja que ronda entre un 30% y un 35%, está el “anzuelo” de las cuotas fijas en 12, 24 y mucho meses más en donde la tarjeta de crédito pasa a ser la principal protagonista. 
En Salta, un simple ejemplo grafica la situación, que hoy hace sonreír a los gerentes comerciales: un plasma que hasta hace poco tenía un precio de $ 6.900 pasó a costar $ 4.900, casi un 30% menos y con la ventaja de pagarlo en 12 cuotas fijas de $ 408, la primera recién en el mes de febrero. La publicidad salió un día viernes y el sábado al mediodía ya no había stock en esa marca. “Hace media hora se vendió el último, de los 8 aparatos que estaban disponibles”, afirmaba un vendedor, para agregar una frase muy común en estos casos: “Pero tenemos éste otro...”
Con un trámite rápido y sencillo, mediante la aprobación “express” del crédito, el cliente que iba simplemente a mirar precio, se encuentra llevando un producto de calidad y alta tecnología, lo mismo ocurre con otros productos de la “línea blanca”. Los argentinos ya le pusieron nombre, en sintonía con el utilizado por el gobierno cuando promociona distintos lanzamientos, “todo con descuento”. Algunos más optimistas, al ritmo actual aseguran que las rebajas llegarán hasta el 40% y en determinados artículos puntuales alcanzarán un tentador 70 por ciento.
Al observar promociones de tan llamativa magnitud, en contraste con lo que ocurre con la fotografía de los saqueos y de manera similar a la propaganda: ¿Cómo hacen estos tipos?, lanzada este año por una entidad financiera enfocada en ese concepto, muchos se preguntan quién financia las operaciones. En los spots publicitarios se muestra a los clientes sorprendidos ante los generosos descuentos que ofrecen las grandes cadenas y a pesar de las distintas posibilidades, la incógnita persiste en saber quienes pueden sostener una estructura de fuertes descuentos.
En algunos casos las cubren por completo las entidades financieras, desesperadas por fidelizar a sus clientes, en otros se dividen shopping y bancos, aunque a veces los centros comerciales son quienes financian esas rebajas. También funcionan los fideicomisos, mediante cuyas operaciones, el “paquete” es adquirido por las entidades financieras.


Distintas herramientas

El sitio económico iProfesional.com consultó a expertos acerca de cómo funciona el mecanismo que permite mantener aceitado un sistema de promociones.
En este sentido, Martín Leal, profesor de Finanzas de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), explica que, a la hora de pactar estos beneficios, es posible encontrar diferentes esquemas: por un lado, los descuentos que los bancos establecen con determinadas tiendas o locales “En este caso, las rebajas se cubren en forma compartida entre la entidad financiera y la marca”, argumenta el experto.
Por otra parte, cuando el descuento es más amplio- del estilo “en todas las peluquerías”, “en todos los desayunos” -. Según explica Leal, “lo absorbe todo el banco”.
Asimismo, el experto señala el caso de las promociones que las entidades financieras establecen en conjunto con los principales shoppings. Lo que ocurre con estos beneficios, es que el descuento se cubre entre ambos. Pero se agrega un factor: “Los centros comerciales muchas veces se lo descargan a los locales en mayores costos de alquiler o expensas”.


Otro fenómeno

Más allá de que bancos y centros comerciales cubren parte de los descuentos, dentro de los locales tiene lugar otro fenómeno.
Lo que en realidad ocurre, tal como lo explica Leal es que aquellos pocos consumidores que compran sin aprovechar los descuentos pagan los productos muy caros y esa especie de “sobreprecio” es la que permite a los comercios mantener llamativos descuentos.
Pero indudablemente después de toda “fiesta”, que es la figura con la que los economistas califican el boom de consumo, llega el momento de pagar los gastos. Aunque en el balance de estas operaciones, son más los que ganan que aquellos que pierden.

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