Claudio Cirigliano, dueño del grupo económico que maneja el ferrocarril Sarmiento, construyó su poder desde el comienzo de los años noventa, de la mano del Estado y sin haber aportado ninguna modernización al sistema de transporte.

Si bien el grupo nació al amparo del gobierno de Carlos Menem, su enorme poderío se consolidó de la mano de Néstor Kirchner. Es en esta última época cuando se convirtió en fabricante de ómnibus y, apadrinado por el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, en proveedor obligado de las líneas afines al Gobierno, en abierto desafío a la afianzada Mercedes Benz.

Así fue como Cirigliano colocó en Salta un centenar de ómnibus, rechazados por los peritos de Saeta, en una decisión sumamente cuestionada. La operación nunca fue investigada por el Ministerio Público.

Claro que, en el medio, la denuncia que terminó por sacar a Jaime de la secretaría involucra a Claudio, acusado de haber sido el testaferro del funcionario para la adquisición ilegal de un avión.

Claudio Cirigliano, el presidente de la compañía, es reconocido como hábil manejador de subsidios. En 1994 obtuvieron la adjudicación de la concesión para TBA. Aquel primer contrato comprometía al Estado a aportarle unos 70 millones de dólares a lo largo de diez años. Un informe de la secretaría de Transporte da cuenta de que en el primer cuatrimestre de 2011, los Cirigliano recibieron 51 millones de pesos para sus trenes -el Sarmiento y el Mitre-. En el mismo período fueron beneficiados con 18 millones de pesos y miles de litros de gasoil a precio diferencial para sus líneas de ómnibus.

El año pasado se incorporaron, de la mano de Julio de Vido, al negocio de la TV digital estatal.

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