“La única verdad es la realidad”. Y la realidad del fútbol salteño es sinónimo de crisis. La frase que inmortalizó Perón grafica de “pe a pa” lo que acontece en la ciudad de Salta y sus clubes grandes.
Se trata de una problemática que incluye a todos los protagonistas que giran al compás de la pelota, pero que nace muchas veces, casi siempre, en aquellos que toman las decisiones.
Las malas campañas de los tres equipos grandes de Salta son el reflejo de una crisis que parece no tener fin; fue disparada en julio pasado por los desaciertos dirigenciales y alimentada, después, por distintos factores del fútbol: las reiteradas equivocaciones de los jugadores dentro de un campo de juego, el malestar que generan internamente los mismo dirigentes, más la intolerancia de la gente que se tradujo en el accionar repudiable de los violentos.
Cómo podrá Salta avanzar y recuperar terreno en los primeros planos del fútbol nacional si la urgencia potenció la inexperiencia de los directivos y, en consecuencia, llegaron las malas decisiones.
Los tres clubes grandes ya gastaron los casi 3.000.000 de pesos de presupuesto anual (cada club tiene un presupuesto mensual de 250 a 300 mil pesos y ya van nueve meses de competencia) en el Argentino A. ¿Y cuál es el resultado? Ninguno pelea por el único ascenso directo a la B Nacional. O sea, están malgastando.
Olvidándose por completo de la atención o la inversión que se debe realizar en las inferiores, las dirigencias se dejaron atrapar, una vez más, por la maraña de jugadores foráneos que hasta acá no rindieron acorde a lo que el fútbol salteño necesitaba. No hay que olvidar que Daniel Bazán Vera hizo más líos en los vestuarios del albo que goles en el campo; que Yaya Alvarez llegó como una doble apuesta del santo y hoy solo está sentado en el banco; y que aquel batallón de desconocidos que trajo el cuervo no tuvo ningún sentido.
La crisis futbolística que fue creciendo, fecha a fecha, se acentuó luego con las peleas internas en los clubes y combinó casi a la perfección con la violentos de las tribunas.
Cómo no va a haber problemas si son los dirigentes los que salen a pelearse públicamente, luego se desdicen, desmienten y, con total soberbia, no asumen responsabilidades, como pasa actualmente en Juventud. Directamente acusan a la prensa.
Cómo no va haber crisis si en las oficinas de la dirección de Personas Jurídicas se trabajó más que en las secretarías de los propios clubes. Hasta la Justicia fue llamada a intervenir, puntualmente en Lerma y San Luis, para que se pueda posicionar una nueva dirigencia.
Basta solo con recordar la pelea inédita con los árbitros por el lado de Gimnasia y las acusaciones cruzadas recurrentes con los exdirigentes por el lado azabache. Hechos que no hacen más que echar leña al fuego.
Por todo esto, la reválida en la que se encuentran Juventud, Central y Gimnasia es la última esperanza y lo único que puede llegar a borrar, aunque sea en parte, esta crisis.

 


 

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